Anime, violencia y memoria: entrevista a Alessandra Gamarra

 Anime, violencia y memoria: entrevista a Alessandra Gamarra

Aprovechando el verano -y para muchos de nosotros, las vacaciones-, el día de hoy entrevistamos a Alessandra Gamarra, Licenciada en Comunicación Audiovisual, quien defendió la tesis titulada “El camino del dolor: el discurso sobre el ciclo bélico de violencia representado en el anime shōnen Naruto Shippūden a partir del relato de Nagato / Pain”. Conversaremos con ella sobre su aproximación a la cultura japonesa, la importancia del anime y manga en la educación, y cómo esta nos ayuda a entender una parte de nuestra cultura pop local. 

 

Sugoi: Muchas gracias por tu tiempo, Ale. Para entender un poco el contexto que te llevó a analizar como tema de tesis la serie Naruto Shippūden, ¿nos puedes decir desde cuándo te gusta el anime? ¿Con qué animes o mangas has entrado al mundo de la cultura pop japonesa? ¿Qué es lo que más te atrae de ella?

 

Alessandra: Bueno, primero muchas gracias por la entrevista y el interés en mi tesis. Soy súper honesta cuando digo que ser entrevistada para Sugoi me emociona mucho por lo que significa para la difusión del anime y manga en el Perú. Bueno, respondiendo a la pregunta,  a mí me gusta el anime desde siempre. Mi hermano mayor veía mucho anime cuando yo era pequeña, así que fue bastante natural e inmediata mi introducción al anime. La primera serie que vi fue Saint Seiya, pero tenía cuatro años, así que sobre todo recuerdo Dragon Ball, Sailor Moon, Captain Tsubasa, Sakura Card Captor, Pokémon, Digimon, Magic Knight Rayearth, Candy Candy, Lady Oscar, Tenkū no Esukafurōne. Digamos que esas fueron las principales series que me llamaron a ver otras posteriormente. En ese momento, me llamaron la atención las historias y los personajes.

Las protagonistas femeninas eran heroínas con poderes, con la misión de salvar el mundo. Creo que también el hecho de que era más real la posibilidad de muerte para los personajes en el anime me hacía conectarme más con sus dilemas, sus destinos, sus relaciones con sus amigos y familias. Admiraba mucho el honor de los personajes, el compañerismo y, por supuesto, la animación, la emoción que transmitían las batallas. Además, también me llamaban la atención los elementos de la cultura japonesa como los templos, la comida, los escenarios, la ropa, etc.

Ahora que si le preguntas a la Alessandra del presente qué le atrae del anime creo que la respuesta más concisa sería porque me gusta la manera cómo permiten que el espectador experimente el mundo y a los personajes de sus historias. Tanto desde el lenguaje audiovisual, como desde la narración. Hay una sensibilidad en el anime que admite hablar tanto de lo bello como de lo terrible del mundo yendo más allá de hablar del bien y del mal, sino apuntando a hablar de la humanidad con sus claroscuros. Eso creo que es algo muy característico de la cultura japonesa, pero eso sumado al tiempo e importancia que muchas series y películas le dedican a desarrollar a los personajes, al retrato de la vida con sus elementos trascendentales y grandes así como con los pequeños e íntimos, lo hace un disfrute para los que nos gustan las narraciones con profundidad psicológica y emocional, así como con espectáculo visual.     

 

Sugoi: ¿Qué te llevó a analizarlo y por qué consideras es necesario?

 

Alessandra: Bueno, lo primero que pensé cuando tenía que hacer mi tesis de Licenciatura es que tenía que estudiar un tema que me apasionara, pues iba a estar mucho tiempo dedicada a ello. Cuando yo estaba en Estudios Generales Letras y estaba llevando el curso de Ciudadanía y Responsabilidad Social, tratamos el tema de la guerra y la paz. Yo me había quedado pensando en esta idea de que cuando se firma un tratado es cierto que hay un compromiso de que las hostilidades terminen, pero también implica que de cierta manera las personas que perdieron a sus seres queridos en el conflicto tienen que seguir cargando su dolor con la idea de que su país está en buenos términos con la nación, grupo o personas que tienen cierta responsabilidad en esas muertes. Esa parte humana del estado bélico estaba rondando mi cabeza y justamente coincidió con que en esa época estaba retomando Naruto Shippūden, que lo había dejado de ver bastante tiempo. Justo ese mismo día de la clase, regresé a mi casa y vi el episodio 165 en el que Pain hace la primera mención a la cadena de odio y esa era la problemática sobre la que yo no podía dejar de pensar. En ese momento, comencé a percatarme de que todo el arco «Asalto de Pain» ahondaba tanto narrativa como audiovisualmente en ese fenómeno que luego yo encontré que se llamaba ciclo de violencia, la expresión de esa cadena de odio. Antes de entrar a Facultad ya pensaba que sería un tema de tesis interesante y cuando ya estaba en Facultad, me decidí, el tema de la guerra siempre me había interesado y Naruto Shippūden, mi anime favorito, lo trata de una manera interesante, así que no dudé.

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Cuando salió la noticia de mi sustentación, hubieron diversas reacciones en las redes sociales y recuerdo que precisamente se debatía sobre la relevancia de mi tema de investigación que como había tantos problemas en las sociedad por qué no analizaba otro fenómeno social. Bueno, mi carrera es Comunicación Audiovisual, así que mi tesis de licenciatura tiene que estar vinculada con mi carrera. Creo que el principal problema fue que se trataba de un producto de la cultura popular y cuya importancia es pasada por alto no sólo por la academia sino también por gran parte de la sociedad. Se deja de lado que para conocer mejor a la sociedad, para enfrentar sus problemas, hay que conocer los discursos que consume, que adopta o en torno a los cuales discute. Eso se halla en la cultura popular. Creo que hay un desdén constante hacia la emoción vinculada a la cultura popular en comparación con la razón vinculada a las ciencias más formales y por eso se desacredita cualquier estudio vinculado a series, películas, etc. más aún a “dibujos animados que son consumidos por niños” como a veces se concibe al anime. No obstante, lo que nos conecta a todos como seres humanos son las historias, las emociones que nos despiertan y no se puede dejar eso de lado si lo que buscamos es entender a la humanidad y construir un camino a futuro de unión, tolerancia y reconocimiento. Por eso, considero que es necesario seguir con investigaciones similares.        

    

 

Sugoi: ¿Por qué consideras que en el Perú calaron historias de una cultura aparentemente tan distinta como la japonesa?  

 

Alessandra: Creo que la tradición del melodrama latinoamericano es una demostración de que países como el Perú gustan y son productores de historias donde se enfatiza el elemento emotivo. Con esto no quiero decir que todo el anime es melodrama, pues depende del género y la demografía. Hay una mayor o menor modulación de ese énfasis emotivo en las historias de las series anime, pero el aspecto emocional es central. Incluso, en el anime shōnen. Desde los inicios, Tezuka marcó en el manga, la importancia de los primeros planos para la profundización psicológica y emocional de los personajes que son la base sobre la que se construyen todas estas historias. Sufrimos y nos emocionamos con Goku, no sólo porque lo vemos recibir un golpe, sino porque vemos en su rostro que lo sufre y porque sabemos lo que está en juego si pierde, porque nos lo recuerda una voz over, porque lo vemos en un flashback, porque lo transmiten los rostros de sus amigos que lo están mirando. Creo que si bien las series anime también tratan temas universales con los que todos se pueden conectar como la superación personal, la adolescencia, la guerra, etc. es el elemento sentimental y su tratamiento lo que nos genera empatía con historias de un país y cultura tan lejanos.   

 

Sugoi: Hace poco he ido a un evento donde se presentaron distintos grupos de covers y de idols, y me ha llamado la atención que en Perú se produzca mucho desde el lado del cosplay y el baile, y también un poco desde la literatura y la historieta -el cual tiene influencias del manga-, pero poco se sabe de la música, los videojuegos y la animación. ¿Crees que revisar las características del anime podrían ayudar a nutrir nuestra industria audiovisual?

 

Alessandra: Creo que siempre es posible que la producción audiovisual se nutra de las experiencias de otros países e industrias, más aún ahora que hay mayor acceso a los contenidos. Recuerdo cuando teníamos que esperar meses o años para ver un nuevo capítulo de las series que seguíamos y ahora la podemos ver a la par con Japón. En ese sentido, creo que es importante diversificar nuevamente nuestra producción nacional en cuanto al rango etareo de las audiencias para abarcar nuevamente al sector más joven del público, que es el grosso de la audiencia del anime. Es cierto que los adolescentes, jóvenes y niños peruanos ya no son lo mismo que en nuestras épocas y que las tecnologías han cambiado la manera de consumo y los productos audiovisuales que son atractivos para ser consumidos, pero creo que una serie peruana-por qué no de animación-de buena calidad audiovisual y con un buen guion podría hacer una diferencia. No estoy muy enterada de la producción de animación nacional, pero sé de varios proyectos de largometrajes, cortos y series que quizás más adelante si se conjugan las condiciones económicas y de interés de los programadores de las distintas plataformas de difusión en nuestro país (festivales, canales de televisión, etc.) podrían llegar a mayor cantidad de público.

Ya desde un punto de vista narrativo creo que no solamente para la animación, sino para la industria audiovisual en general, se debe rescatar la capacidad que tiene el anime para combinar el entretenimiento con el tratamiento y reflexión de temáticas socialmente relevantes. Creo que a veces se subestima mucho al espectador peruano o se descarta desde el inicio la posibilidad de profundizar en problemáticas o en tópicos complejos, porque se asume que va a ser aburrido o nadie lo va a ver, pero es posible hacerlo. La vigencia de esta tendencia en el anime es una muestra de ello y algo que vale la pena imitar.     

 

Sugoi: Uno de los espacios que nos reunió, luego de la universidad, fue el Círculo de estudios japoneses Tenjin – 天神学団. En ella no solo tratamos de seguir la disciplina académica (investigar, leer/ver y dialogar con colegas de distintas especialidades), sino también tratamos de mantener la pasión del fan al momento de realizar nuestro trabajo. En Perú e Hispanoamérica, ¿qué esfuerzos crees que se han hecho para acercarse de manera académica a la cultura pop japonesa y, en general a los estudios asiáticos? ¿Crees que es suficiente? ¿O por qué no ha habido una aproximación tan fuerte?

 

Alessandra: Bueno, a raíz de mi tesis de licenciatura, he conocido del trabajo académico en México, donde hay círculos de investigación y se promueven tesis o investigaciones sobre anime, manga y cultura otaku. También, Argentina y Chile son otros dos países donde hay redes de investigadores que se centran en cultura pop japonesa. Creo que en todos estos casos una de las bases y puntos de partida es la existencia de centros de estudios japoneses o asiáticos como es el caso en Perú de la PUCP con el CEO y el CEAS en la UNMSM. Esos espacios y sus eventos o cursos abren la curiosidad de los alumnos más allá de una específica serie, película o título de manga para mostrar la cultura y sociedad que se expresa en ellos. Posteriormente, nacen iniciativas de los mismos estudiantes o profesores que encuentran más conexiones entre los productos audiovisuales que consumen, la cultura o alguna teoría que estén aprendiendo en algún curso, de ese modo, se apertura la mirada del investigador académico. Bueno, en esa línea, estamos nosotros, está Lámpara de Papel, Satori es otra iniciativa y tengo entendido que en la UPC, en la UNI y en la Universidad de Lima hay otros grupos. Incluso, creo que otro esfuerzo a considerar son los clubes de visionado de anime en diversas universidades donde se incita la curiosidad hacia el anime y el manga. Obviamente, si nos comparamos con otros países, no creo que sea suficiente. Es necesaria mayor difusión, pero sobre todo revalorizar el papel del investigador más allá de las ciencias formales en cuanto a su aporte a la sociedad. Eso va a impulsar que haya una mayor motivación por parte de las nuevas generaciones. Y por supuesto también repensar la manera en la que se concibe la cultura popular de modo que se le pueda ver de forma más natural como objeto de estudio. Creo que justo el hecho de que no se reconozca la labor del investigador y la importancia de la cultura popular es la principal barrera y de ahí que estudiar una cultura pop asiática sea impensable o poco serio.        

 

Sugoi: Cuéntanos sobre tu tesis. Ha sido todo un éxito, y no hablo solamente de la nota (sobresaliente *aplausos*). ¿Por qué estudiar un anime? ¿Por qué analizar Naruto Shippūden? ¿Qué aspectos analizas en específico?

 

Alessandra: Creo que mi respuesta va a tener algunas similitudes con cuestiones que ya he mencionado, pero cuando fui a una clase de investigación en la universidad para hablar sobre mi tesis, un chico me dijo que si las personas vieran al menos un arco de Naruto, quizás la sociedad podría ser mejor y más allá de lo ingenuo que algunas personas puedan pensar de ese comentario, hay algo real. Desde la comunicación, podemos generar cambio social realizando productos que sean punto de partida de discusiones y debate en cuanto a problemáticas o temas que son el camino a una transformación positiva. Un anime como Naruto Shippūden es un producto de alcance mundial y ahí encuentras el primer punto interesante. ¿Por qué? ¿Qué nos dice de la audiencia que la consume, que son parte de esa sociedad que queremos cambiar? ¿Qué discursos propone y qué piensa el público de ellos? Principalmente, va dirigido a una audiencia de varones adolescentes entre 12 y 18 años, es decir shōnen, ¿te imaginas lo interesante que sería como comunicadores llegar a ese sector de la población que está en una etapa importantísima de su formación personal, social, mental y emocional? Si podemos fomentarlos a desarrollar un sentido crítico, a interesarse por los problemas sociales como la guerra o las desigualdades sociales que se tratan en el arco que analizo y hacerlo combinando entretenimiento y reflexión que es lo que propone el anime, podemos avanzar la dirección correcta como sociedad. Allí yace el valor de una investigación sobre anime, podemos aprender de esa narrativa. Yo analizo el discurso sobre el ciclo bélico de violencia en la serie. Este concepto se refiere a que existen personas o grupos que se quedan atrapados en la violencia bélica en un sentido circular o de escalda. En otras palabras, una persona mata o lastima a otra, esta víctima o su familiar o sus compañeros se vengan, la nueva víctima o sus seres queridos toman revancha y así sucesivamente.

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En Naruto Shippuden, eso le pasa a Nagato/Pain, el personaje cuya historia se trata en el arco que analizo. Sus padres son asesinados y su país es destruido al ser el campo de batalla de la guerra de un país potencia como es el País del Fuego, país de Naruto. Él mata a los asesinos de sus padres en un impulso, pero luego trata de proteger y prolongar la paz a través de una organización, Akatsuki, pero el jefe de su propio pueblo con un funcionario del país de Naruto lo traicionan acabando con todos sus compañeros y matando a su mejor amigo. Nagato/Pain alimentado por el dolor, odio y deseo de venganza se vuelve un genocida y decide atacar al País del Fuego y en realidad a todo el sistema social ninja. Yo concluyo que al respecto, el discurso que propone la serie es que para frenar estos ciclos, por un lado, no se debe renunciar a encontrar una solución a la violencia que es promovida desde la cultura ninja y la estructura social de ese mundo ficticio, del que se pueden encontrar ecos en el mundo real. Por otro lado, se debe decidir mantener una voluntad firme de no caer bajo el control del odio, pues la sociedad puede que le siga fallando al individuo y de él depende no vivir una vida envenenada por la venganza, el dolor y ese odio. Suena injusto en cierta medida, pero es que este problema está tan enraizado y si no se mantiene la fe en la consecución de la paz, la tarea titánica que es necesaria para conseguir ello no se podrá llevar a cabo. Yo llego a esa conclusión analizando la narratología y el lenguaje audiovisual de cuatro secuencias de los últimos capítulos del arco Asalto de Pain.   

 

Sugoi: En literatura se suele considerar algunas narrativas como un “lugar de memoria», término acuñado por Jan Assman a través del cual eventos vitales para una cultura son plasmados en el espacio (arquitectura, monumentos, etc.) o en el arte (pintura, poesía, literatura, teatro, etc.). En ese sentido, es curioso para algunos la idea de que el anime, pueda ser considerado un “lugar de memoria” pese a ser un producto cuyo fin es obtener un beneficio económico. ¿Cuál crees que es el enfoque en la actualidad que dan los animes sobre eventos traumáticos? ¿En qué época crees que comienza a haber un boom de este tipo de anime? ¿Con ello están confrontando algún aspecto de su historia? 

 

Alessandra: Creo que así como la sociedad japonesa puede ser un ámbito de debate y conflicto en cuanto a los discursos relacionados a eventos como la guerra, lo mismo ocurre en el anime. Aún Japón encuentra dificultades en concebirse a sí mismo tanto víctima como victimario de la Segunda Guerra Mundial un punto de quiebre en sus memorias históricas y su vida como sociedad. Tenemos aún películas como En este Rincón del Mundo donde se explora el horror de la guerra desde el punto de vista de los civiles así como gran cantidad de animes que han vuelto a poner atención al mundo militar a veces resaltando el heroísmo y la gloria. Yo creo que desde el 2008 hay un boom de esto último, pero creo que desde los inicios el anime ha lidiado con temas traumáticos como el miedo a los desastres nucleares que se encuentra detrás de las historias de kaijus. El estado bélico también ha sido otro tema constante, pero una postura más crítica a los crímenes de guerra japoneses en la Segunda Guerra Mundial se puede ubicar a finales de la década de los 60 y durante la década de los 70. Desde finales de los 50 hasta finales de los 60 más bien la postura era de ensalzar a los héroes que sacrificaron todo por su nación. La sociedad japonesa no suele ser muy abierta a todo tema que atente contra la homogeneidad y sentido de colectividad de su sociedad, entonces las controversias de todo sentido o los hechos traumáticos con narrativas poco definidas o conflictivas encuentran un lugar de mayor libertad en el anime, pero aún así considero que no es muy vista una confrontación directa de estos temas. Es decir, puedes ver un anime que hable del tema de la guerra con su complejidad, pero no específicamente de la Segunda Guerra Mundial o la Segunda Guerra Sino-Japonesa con datos y nombres exactos. Hay que entender que el anime es un producto destinado al consumo  también, pero el profundizar en la guerra como problemática ya es un avance del cual creo que nosotros, los peruanos, con nuestro propio pasado de conflicto interno podríamos aprender con miras a desarrollar ciudadanos con sentido crítico.

 

Por: Alexandra Arana Blas

Alexandra Arana Blas

Tusán. Literata e investigadora. Ama el anime, el manga, los cómics y los videojuegos tanto como la teoría. Considera la cultura popular como fuente de reflexión y de aprendizaje.

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