Autor: Talia Vidal

  • Midori, la niña de las camelias: el simbolismo de la flor

    Midori, la niña de las camelias: el simbolismo de la flor

    La película de anime que viste y no querías recordar: Midori, la niña de las camelias. Tan controversial que el director nunca encontró financiamiento y tuvo que rodarla él mismo (por eso le demoró 5 años). Tan controversial que la prohibieron en Japón (qué tan perturbadora y trasgresora tiene que ser?)

    ¿Por qué algo tan grotesco tiene el nombre de una flor en el título? Pero si es una niña que vende flores, ¿qué puede salir TAN mal? Pues, créannos que las cosas salen MUY mal. Este texto tiene una que otra imagen perturbadora. Seguir leyendo bajo su propia salud mental uwu.

    «Midori, la niña de las camelias» o «Shojo Tsubaki» es una película de 1992 dirigida por Hiroshi Harada. Entra en el género «eroguro» (erótico y grotesco) y está basada en el manga del maestro del terror Suehiro Maruo. El film está dividido en cuatro partes: «Prólogo», «Canción Primera», «Canción Segunda» y «Canción final». En todas ellas, está la presencia de dos flores: el sakura (o flor del cerezo) y las camelias, por supuesto. Lo interesante es que sus apariciones no son gratuitas y siempre están ligadas a un solo personaje: Midori-chan :3

    Esas dos imágenes de arriba pertenecen a la corta escena previa al «Prólogo» la cual es un compilado de tomas fijas de escenas de terror tradicional del antiguo Japón donde aparecen los famosos yokai y yurei. También se muestran a algunos de los futuros personajes del circo en poses -algo- sangrientas (ya en verdad se ve una niña mordiendo el ojo de un pollo). Todo este desfile de misterio de unos cuantos segundos acaba con ese par de imágenes. La imagen de la izquierda muestra las primeras flores de sakura y la imagen de la derecha es por fin el título de la obra con el fondo de sakuras (aunque uno esperaría camelias, pero no).

    Ese dibujo de las flores de la derecha son realmente sakuras o camelias? Para evitar futuras confusiones hay que tener presente el siguiente gráfico:

    Sakura (cerezo), Ume (ciruelo) y Momo (durazno)

    Inclusive dentro de una animación, la flor de sakura puede tener una forma más de dibujito y es como la del título. La flor de la camelia es más esponjosa como se verá luego. Entonces desde el primer minuto el director ya está marcando su estilo el cual es el de contraste. Harada lo busca entre un intercalado de imágenes sangrientas y las que tienen la presencia de las flores como símbolo de la inocencia perdida (esta es el típico significado de una flor junto con el de fragilidad, pero acá no es SOLO eso) y la muerte en dentro de un mundo hostil. Estas flores también funcionan como augurio en varias escenas (vinculadas por supuesto a sucesos trágicos que tendrá la protagonista). Para ello, hay que rescatar el lenguaje de las flores, pues tanto la camelia como el sakura tienen significados bastante antiguos que han perdurado en el tiempo y la sociedad japonesa.

    SAKURA: la flor del cerezo y uno de los símbolos más conocidos de Japón. Solo florecen una vez al año al comenzar la primavera durante un mes. Se le asocia con lo efímero y la mortalidad por su corta duración. La expresión «mono no aware» que significa «conciencia de la impermanencia» está simbolizada con el sakura. Además, la cultura samurái también está ligada a ella, pues la vida de ambos son breves y los pétalos al caer representaban las gotas de sangre derramada (Midori habrá sabido esto?)

    CAMELIA O TSUBAKI: flor tradicional japonesa menos conocida, pero con un mito muy interesante detrás. Cuenta la leyenda (en el Kojiki, el primer libro escrito) que el dios Susanoo luego de vencer a una serpiente de 8 cabezas, se acercó a una princesa que estaba en cautiverio y, pidiéndole matrimonio, apoyó su espada en la hierba que por la sangre de la serpiente comenzó a ponerse roja. De esa mancha apareció un arbusto con unas flores que fueron llamadas Tsubaki (camelias) y su característica es que no pierde los pétalos, sino se desprende completamente de la planta al marchitarse. Se le asocia con humildad, «amor perfecto» y… sangre.

    Entonces ahora sí podemos pasar a ver todas las imágenes en donde salen flores dentro de la película. Se darán cuenta que solo están vinculados con Midori-chan, pues ella representa la inocencia y fragilidad (por su condición de niña, la pobreza/desamparo en la que está sumida y su mente soñadora). Pero que también la mención de las camelias tanto en el título y dentro del film no es casualidad: hay una leyenda tan antigua que la asocia con la muerte y lo sangriento que definitivamente Suehiro Maruo (el mangaka) lo tuvo presente al hacer esta perturbadora obra.

    Oh un circo yei

    Las primeras imágenes son de un escenario nocturno: unas calles desoladas, pero también otras con ciertos personajes como prostitutas y jóvenes que venden caramelos. Mientras eso ven nuestros ojos, se oye una dulce voz que narra lo siguiente: «sueños de magnolia en el primer trimestre. Girasoles y princesas en el segundo trimestre. Jazmines en el tercer trimestre. Sauces en el cuarto trimestre».

    Esta es una lista de flores que crea un contraste con la hostilidad de la imagen. No se volverá a hacer una mención expresa sobre flores hasta los créditos finales. Finalmente la cámara (son puras imágenes fijas. Es una edición particular, pero recordemos que nadie quería financiarle la película xD) se posa sobre un puente y esta voz dice «mis flores se han marchitado».

    Aquí aparece por fin la niña a la que le pertenece la voz. Hay antecedentes de historias tristes de niños que venden en la calle para subsistir como el capítulo «La niña de los cerillos» en «Me lo contaron en Japón», el programa de las marionetas japonesas. El peligro de la presente historia cobra la forma de un señor dueño de un circo con sombrero que aparece ahí al fondo a la izquierda. Esta es la primera vez que vemos las camelias del título y no podrían venir acompañadas de un peor augurio como lo que le espera a Midori en el circo ambulante.

    «Este es un lugar muy triste para venderlas. Ve a un sitio más bello” le comenta el dueño del circo quien ha aparecido sutilmente en el panorama. Además pregunta primero: «¿tu madre?» «Enferma» «¿Tu padre?» «Se ha ido». Pero por qué hace esas preguntas! Definitivamente su verdadera naturaleza está camuflada. Midori, reacciona! Pero el punto de esta historia es justo la crueldad vista desde el punto de vista de una niña que no puede anticipar los motivos egoístas de humanos como él. “Ve a casa que este lugar está lleno de hombres repugnantes”, le dice para colmo. ¿Y quién le compra todas las flores? ¿Quién compra su inocencia? Este señor que se la robará a continuación.

    La siguiente escena muestra a una convaleciente madre en cama. Midori está yendo a contarle emocionada que un buen hombre le compró todas sus camelias, pero la madre parece no reaccionar. Sí, está muerta. No pondré la imagen de las ratas saliendo de la vagina, pero vale la pena recordarlo por el contraste que supone con la madre muerta echada entre las floras que vendía su hija. Aquí vale la pena recordar la leyenda del dios Susanoo.

    Esta imagen se volverá a repetir, recuérdenla!

    Esta toma engloba todo lo que es Midori: una niña que solo quiere ir al colegio. Repetidas veces ella lo menciona, es más, el dueño del circo le comenta que él podría ayudarla aunque luego se da cuenta que es mentira porque al ser un circo ambulante, ella no puede estudiar en un lugar fijo. Aquí resalta la importancia de esta característica del circo.

    En la canasta de flores se pueden observar las pomposas camelias o tsubaki. Esta imagen aparece mientras las vecinas chismosas comentan sobre las ratas encontradas sobre el cadáver. Una vez más, muerte y camelias en una misma imagen.

    Una vez que Midori va en búsqueda del dueño del circo, pues él le ofreció ayuda, ella descubre que todo era un engaño. Es forzada a unirse a él y además es abusada sexualmente. Llama la atención que aparece en esa fuerte escena un manto con estampado de sakuras. Ahí termina el prólogo y ahora comienza la «Canción primera: Paciencia y sumisión»

    En este lapso de tiempo, Midori ha sido abusada de formas inimaginables para ser una niña. Entre las maldades a las que fue forzada es a ser espectadora de una pelea de una serpiente y un pollo. Por ello, vomita encima de su kimono que casualmente tiene estampado de sakura. Por ejemplo, los otros personajes no tienen estampados similiares, solo la otra mujer que tiene un kimono con mariposas.

    En un instante se observa un sakura en flor, pero que está ya muriendo y luego de un par de escenas devastadoras, aparecen los pétalos volando al viento.

    En la película no se muestran otros niños aparte de Midori y los que se encuentran a continuación. Ellos se presentan como niños poco amables que contrastan con Midori. Entonces no se trata que ella sea soñadora y buena solo por ser niña: es una cuestión de su personalidad también.

    Antes que termine «la primera canción» aparece una almohada en forma de camelia al fondo de donde descansa Midori-chan. Ella acaba de ser obligada a lavar cuerpos mutilados y ver a otras personas tener sexo mientras duerme. Es justo después de los puntos críticos donde aparece la flor. Además, en la colcha que lleva (está con fiebre) en la imagen arriba a la derecha, tiene un estampado de una flor de otoño que recuerda a la colcha que tenía su madre en su lecho de muerte.

    Por favor alguien salve a Midori-chan!

    Este es el punto de quiebre en la historia. Aparece Masamitsu. Le da un beso con la flor en la mano. “No recibiré uno de vuelta?” Parece que se han enamorado al instante.

    El enano no aparecía al inicio con una flor en el pecho hasta que comienza una relación con Midori. Simboliza la unión con la niña de las camelias. En el gorro de Midori también aparece una flor amarilla, además ella está feliz.

    Oh no, acá vamos

    El enano parece haberla inducido a un sueño placentero en el cual está Midori rodeada de sus padres nuevamente en un ambiente de felicidad. Se hace alusión al colegio que es lo que Midori más desea. Por ello vuelve a aparece la imagen de las camelias con la mochila, pero ya no en un contexto fúnebre. Aparte, aparece un cuadro al fondo con flores amarillas. Como hemos visto, no suelen aparecer flores así porque así en el film entonces no es casualidad que en un momento de felicidad aparezcan al fondo en el sueño.

    «Midori-chan, vendrás conmigo?»

    El nombre del capítulo ha marcado el fin de la historia «Canción final: bajo la flor del cerezo». Ahora la protagonista es esta flor que también está vinculada a la muerte por lo efímero de su florecer, pero también juega un rol importante en los amantes que se suelen separar (como en «5 centímetros por segundo» de Makoto Shinkai»). La distancia entre pétalo y pétalo que se desmprende enmarca una futura separación. Aquí no puede ser más claro, sobre todo cuando se sabe que él morirá en unos instantes cuando va a comprar comida y un ladrón lo asesina para robarle.

    Busca a su amado quien ya está muerto al igual que ese árbol de cerezo. Por qué la vida es así con Midori? Qué hizo ella para merecer todo esto?
    ((╬◣﹏◢))

    En este momento de dolor absoluto de Midori, la querida niña de las camelias, tiene una alucinación donde ve a los del circo con los pétalos de sakura volando encima. En este instante la animación cambia y ella aparece con un palo de madera que usa como bate para «matar» ese dolor que proviene del maltrato que recibió esta niña-flor. Su inocencia terminó por extinguirse.

    Última imagen de Midori: la niña se funde con el color de las camelias. RIP

    Y así termina la vida de Midori y la aparición de las flores con ella. Aquí en los créditos se vuelve a mencionar a las flores expresamente y cómo no pensar en la mancha de sangre vertida en el jardín por la espada del dios Susanoo que hizo florecer por primera vez a las camelias en Japón uwu la vida de Midori también se siente así: vino de un lugar sangriento como el desamparo de la calle y pobreza y aunque encontró el amor romántico (como la princesa de Susanoo), se le fue arrebatado y no hubo para ella un final feliz :c

    PD: hay otras películas japonesas donde también la camelia se asocia como un presagio de muerte. Busquen «Youth of the beast» del gran Seijun Suzuki de 1963.

  • Akira Kurosawa en la década de los setentas

    Akira Kurosawa en la década de los setentas

    Akira Kurosawa, el gran director de cine japonés, sufrió una crisis en la década de los setentas, pues ninguna productora japonesa quería financiar sus costosas y exigentes películas. Hay que recordar que ya eran otros tiempos y la televisión había llegado a los hogares. Este ambiente llevó al «Emperador» Kurosawa a intentar el suicidio, pero felizmente no logró su cometido.

    Sin embargo, él jamás esperó que a finales de la década un par de jóvenes cineastas estadounidenses que acababan de tener un gran éxito comercial (George Lucas y Francis Ford Coppola que acaban de dirigir Star Wars y El Padrino) le propusieran financiar su siguiente película. Cuando este par se enteró que su gran maestro no conseguía financiamiento (habían crecido admirando su cine), no dudaron en invertir en él los millones que acababan de ganar. Así nació Kagemusha (影武者) de 1980.

    El maestro Kurosawa en el set de Kagemusha (影武者), 1980. Esta película marcará un antes y un después en su carrera artística, pues es su regreso a los dramas de época (jidaigeki).

    Antes de Kagemusha: el drama de época

    Donald Richie es el más grande historiador de cine japonés tanto fuera como dentro del país nipón. Fue íntimo amigo de los directores más representativos del cine clásico como Akira Kurosawa y Yasujirō Ozu. Esto le permitió conocer sus obras de una manera única y su aporte a las investigaciones sobre el cine japonés son extremadamente valiosas. En su libro «The Japanese Film: Art and Industry«, relata la importancia de los géneros en esta cinematografía y cómo la división en subgéneros es una característica propia. Por ejemplo, cuando se está frente a una película de samuráis (por las cuáles Kurosawa es tan conocido internacionalmente) es importante entender qué subgéneros existen detrás y lo que implican.

    Donald Richie (izquierda) junto a Akira Kurosawa (centro) en un set de grabación. La más completa biografía del director está escrita por dicho historiador.

    En el caso de una película de samuráis, éstas están inscritas en un género llamado jidaigeki (drama de época) que es opuesto a otro género famoso en Japón llamado gidaigeki (drama contemporáneo). El drama de época implica encontrarse con ciertos roles tradicionales de la historia del Japón antiguo previo a la era Meiji (1868-1912) como por ejemplo:

    • Comerciantes: los de alto rango llamados bantō o sus ayudantes conocidos como tedai.
    • Artesanos: esto varía dependiendo del periodo de la historia del Japón antiguo en la que esté inscrita la película.
    • Personajes del gobierno: también varía dependiendo del periodo histórico. Por ejemplo muchas películas son ambientadas en el periodo Sengoku (1467-1615) o en Edo (1603-1868) donde existía una clase samurái dominante y aparecen figuras como el daimyō (señores feudales) o shōgun (el militar con más poder luego del Emperador). Los films situados en el periodo Heian (794-1185) retratan otro tipo de personajes como los nobles de la corte imperial.
    • Guerreros: aquí entran los samuráis y los rōnin. Si la película se centra en ellos, aparece un subgénero: el chambara.
    https://www.youtube.com/watch?v=mKP5HuZ8QhQ

    En esta entrevista, George Lucas comenta sobre la maestría de Kurosawa y su influencia en Star Wars. Sobre todo recalca cómo lo influenció el jidaigeki llamado «La fortaleza escondida» (隠し砦の三悪人, Kakushi toride no san akunin) de 1958. Si buscan el argumento de la película, es clara la influencia para la creación los personajes R2D2, C3PO y más.

    El chambara es un subgénero donde Akira Kurosawa aportó un legado de elementos visuales como ningún otro director: desde el rōnin solitario hasta el exceso de sangre en cada pelea coreografiada. El chambara es el cine de acción de samuráis la cual es una palabra compuesta por dos onomatopeyas: «chanchan» es el sonido de dos espadas al chocar y «barabara» es el sonido de la carne tras ser cortada por una espada.

    Akira Kurosawa era un recurrente del chambara. Son estas producciones las que se asocian más con el director (aunque hizo bastantes dramas contemporáneos también). Algunas de sus obras dentro del subgénero son Los siete samuráis (1954), Yojimbo (1961), Sanjuro (1962) y Trono de sangre (1957). Un ejercicio interesante al revisar su filmografía es analizar cuántas de estas fueron antes de la crisis de la industria del cine japonés a mediados de los 60’s. La respuesta es solo dos (Kagemusha y Ran en la década de los 80’s).

    Estas obras tienen un alto costo de producción y los estudios cinematográficos no suelen estar dispuestos a financiarlas fácilmente. Es así como en la década de los setentas, el sextagenario Kurosawa comenzó a tener dificultades para que financien sus producciones (tanto sus jidaigeki como otras).

    Pero, ¿por qué si todo este tiempo había logrado que los grandes estudios financien sus películas -a pesar de los altos costos que implicaban- ahora ya no estaban dispuestos a hacerlo? La respuesta está ligada a la crisis de la industria cinematográfica donde la aparición de la televisión y la nueva ola de cineastas jóvenes independientes hicieron que la manera en la cual Kurosawa había estado acostumbrado a hacer cine, cambiara para siempre.

    Aquí comienza la crisis personal del propio Kurosawa que lo llevó a un intento de suicidio.

    La necesidad de un control absoluto le dio el título de «Tenno» (Emperador)

    Sin embargo, un componente vital para entender además por qué le fue difícil conseguir financiamiento es por su famoso perfeccionismo y porque como director él exigía la completa autoría de sus películas, es decir, no permitía que los directivos de los estudios editaran tomas o escenas con el fin de hacerlas más comerciables. Esto le causó muchísimos problemas en este nuevo panorama de la industria cinematográfica japonesa.

    Kurosawa era conocido como Tenno (El Emperador), por su estilo como director (aunque no era un título nada popular en el Japón posguerra). Era un perfeccionista que dedicaba enormes cantidades de tiempo y esfuerzo para lograr el efecto visual deseado. En Rashōmon, por ejemplo, tiñó el agua con tinta negra para lograr el efecto de lluvia intensa y terminó empleando todo el suministro de agua de la zona para crear una tormenta. En Trono de sangre, en la escena final en la que Toshirō Mifune es alcanzado por las flechas, Kurosawa empleó flechas reales disparadas por arqueros expertos desde cerca, que se clavaron a sólo unos centímetros del cuerpo de Toshiro Mifune.

    Trono de Sangre (蜘蛛巣城 Kumonosu-jō)​ de 1957. En la imagen Toshirō Mifune es alcanzado por las flechas. Aquí Kurosawa empleó flechas reales disparadas por arqueros expertos desde cerca, que se clavaron a sólo unos centímetros del cuerpo del actor.

    En Ran hizo construir todo un castillo en las laderas del Monte Fuji, sólo para quemarlo hasta los cimientos en la escena clímax de la película. Otras historias similares sobre el perfeccionismo de Kurosawa hablan de que mandó que se invirtiera el sentido del flujo de un arroyo, para lograr un mejor efecto visual, o que eliminó el tejado de una casa (para tener que reponerlo después) sólo porque le pareció que la presencia de ese tejado estropeaba una breve secuencia filmada desde un tren.

    Lluvia pintada en Rashōmon (羅生門) de 1950. Con este método logró que la lluvia torrencial adquiriera mayor fuerza (un elemento importantísimo en la película).

    Para ejercer un control así, tenía que mostrar un carácter con cualidades no muy atractivas, lo más cercano a un dictador. Acertadamente decía en un libro recogido por Donald Richie: “Aunque ciertamente no soy un militar, si comparas una unidad de producción con un ejército, entonces el guion es la bandera y el director es el comandante de la primera línea”.

    Los 70’s: la televisión y la industria de cine japonés

    Japón lideró la producción cinematográfica mundial desde 1950 a 1965 con más de 700 películas al año. Esta época se hizo conocida como «La edad de Oro», pues los logros artísticos y el cine comercial florecieron de forma simultánea.

    Los tres grandes directores que dominaron la edad dorada fueron Yasujirō Ozu, Kenji Mizoguchi y, por supuesto, Akira Kurosawa. Éste último nació en Tokio, un 23 de marzo de 1910. Dirigió 30 películas en media década de trayectoria (en 57 años), entre ellas algunas tan conocidas como Los siete samuráis, Rashōmon o Dersu Uzala. En la década de los cuarentas dirigió 10 películas; en los cincuenta 09 y en los sesentas 05. ¿Saben cuántas dirigió en los setentas? Solo dos. En la década de los ochentas repitió el mismo número y en los noventas fueron solo tres (falleció en 1998).

    Sin embargo, comenzaría la crisis de la industria cinematográfica a mediados de los sesenta y con ello el fin de “La edad de oro”. La entrada de la televisión en Japón trajo una falta de audiencia. ¿Qué hicieron los estudios? Recortar presupuesto, pero también pasó una cosa peculiar: La generación de jóvenes cineastas que emergió entre finales de los cincuentas y principios de los sesenta se rebeló contra lo que percibían como un sistema de estudios cada vez más rígido. Ellos fueron los primeros artistas que rechazaron la obra de sus mayores y buscaron una nueva estética más allá de las fronteras de Japón.

    Directores de mayor edad como Kurosawa se habían formado al amparo de un programa de aprendizaje que nutría sus ambiciones artísticas al tiempo que los dotaba de una formación técnica dinámica. En cambio, para la nueva hornada de cineastas, seguir el sistema de formación en un estudio era como subirse a un lento tren sin destino definido. Directores, guionistas, cámaras, etc debían escoger ahora entre someter su actividad a los convencionalismos de las fórmulas y los géneros establecidos o arriesgarse a romper con todo.

    Esto desató una crisis financiera donde muchos estudios como Daiei quebraron porque la audiencia japonesa comenzó a consumir producciones independientes, símbolo de la época.

    ¿Cómo se instaura Kurosawa en esta crisis? En 1965, tras el éxito de Barbarroja, su última película con Toshiro Mifune, el continuo ascenso de Kurosawa sufrió una brusca interrupción y su carrera se encontró repentinamente en la cuerda floja.

    Kurosawa sale de Japón y busca financiamiento en E.E.U.U

    El descubrimiento que Hollywood hiciera de su talento lo llevó a un contrato con la 20th Century Fox para co-dirigir una ambiciosa visión bilateral de la guerra del Pacífico llamada Tora! Tora! Tora! No pasó mucho tiempo antes de que hubiesen graves problemas de comunicación sobre el presupuesto, el tiempo de rodaje y lo que era más importante para Kurosawa: el montaje final. No le permitieron tener el control final de la película y lo acusaron de perfeccionismo extremo, tanto así que lo acusaron de loco. Pero si él había editado todas sus películas, ¿cómo lo van a contratar quitándole una parte tan esencial de lo que considera que es su cine como el control artístico?

    1971: El primer fracaso de taquilla en su trayectoria y el financiamiento de la Unión Soviética

    Por eso en 1970, tres amigos de la industria lo financiaron para que haga Dodesukaden, que Kurosawa hizo “en parte para comprobarle al mundo que no estaba loco”. Sin embargo, fue la primera vez que una película suya perdió dinero en taquilla. Tras un conocido desequilibrio emocional que venía desde Barbarroja, terminó por intentar suicidarse en 1971.

    En 1973, llegaría una oferta de la Unión Soviética para hacer una película financiada por la productora Mosfilm, tan conocida por hacer películas de Sergei Eisenstein. A Kurosawa siempre le había interesado la historia rusa Dersu Uzala y estuvo más que encantado de aceptar. Tras dos años de rodaje en Siberia, esta película ganó el Oscar a mejor película extranjera en 1976. Pero a pesar del éxito, siguió sin conseguir financiamiento.

    Acá es donde entran en el panorama Kagemusha, de 1980.

    Kagemusha: un antes y un después en su carrera artística

    Pero en 1977 un joven director llamado George Lucas (que acaba de estrenar el éxito taquillero Star Wars) decidió financiar al director que tanto lo había inspirado e influenciado: Akira Kurosawa. Cuando se enteró que no podía conseguir financiamiento para ningún nuevo proyecto le propuso ayudarlo y el director japonés le comentó sobre su proyecto más viable financieramente: Kagemusha, una historia épica sobre un criminal contratado para hacer de doble del agonizante daimio del clan Takeda y que termina con la famosa batalla de Nagashino de 1575. Es así como Lucas usa su influencia en el estudio estadounidense 20th Century Fox para que completen el financiamiento de la película y reclutó a su amigo Francis Ford Coppola (otro fan de Kurosawa) para la co-producción.

    Según cuenta Lucas, para la última secuencia de la batalla final se contrataron alrededor de 5000 extras y se filmó un día entero, pero en edición lo cortó a 90 segundos.

    Kagemusha fue un éxito en taquilla tanto en Japón como a nivel internacional. Ganó la Palma de Oro de 1980 y las buenas críticas y la gran acogida convirtieron esta película en el regreso de Kurosawa a proyectos nuevamente grandes. Gracias a esta película Kurosawa pudo centrarse en su nuevo jidaigeki: Ran, una épica sobre un daimio traicionado por sus hijos basada en la obra de Shakespeare El rey Lear.

    Bibliografía por si les interesa bucear en la industria del cine japonés clásico:

    The Japanese Film: Art and Industry de Donald Richie. Editorial Tuttle. (1959)

    Cine Japonés de Stuart Galbraith y Paul Duncan. Editorial Taschen. (2009)

  • Mi Vecino Totoro y la estatua del bodhisattva Jizō

    Mi Vecino Totoro y la estatua del bodhisattva Jizō

    En «Mi vecino Totoro» aparece en más de una escena un pequeño santuario con una estatua con babero rojo. Un día de lluvia, las hermanas Satsuki y Mei le rezan para que las cobije durante la tormenta. Pero ¿quién es esta deidad?

    Satsuki y Mei en «Tonari no Totoro» de 1988.

    Las estatuas Jizō son representaciones del bodhisattva Jizō (地蔵) o Ksitigarbha (地蔵菩薩), uno de los más queridos de Japón. Es tanto el guardián de los viajeros como el de los niños y la maternidad.

    Se cree que Jizō cuida las almas de los niños que nunca llegaron a nacer o que murieron en edades muy tempranas. Las pequeñas almas se transportan hacia un lugar llamado «Sai no kawara» donde según las creencias populares deben ir apilando pequeñas piedras para tener una mejor siguiente vida.

    Por esa razón es frecuente que los padres que han sufrido una pérdida apilen pequeñas piedras cerca del Jizō a modo de plegaria, rezando para que ayude a su hijo fallecido. También se le ofrecen gorros, chalinas rojas (para resguardarlo del frío), comida, baberos (para que no se ensucie con la comida ofrendada) y juguetes. Todas las ofrendas son de color rojo porque se cree que dicho color permite alejar a los demonios y las enfermedades.

  • Los yūrei (fantasmas) en la historia del cine japonés de terror clásico

    Los yūrei (fantasmas) en la historia del cine japonés de terror clásico

    Buenas noches amantes del terror japonés. El presente artículo explorará el cine que tiene como protagonistas a los famosos fantasmas japoneses o yūrei que se han vuelto tan conocidos gracias el éxito internacional de Ringu de 1998. Esta es una mirada hacia los antecesores del J-horror de los noventas donde se abarcará cómo era la industria de films dedicados a los yūrei (espectros de pelo largo y negro como Sadako) producidos en Japón entre 1899 a 1977.

    Pero primero: ¿qué es un yūrei?

    La imagen de los fantasmas japoneses tiene como origen este pergamino llamado «El fantasma de Oyuki» de 1750 por Maruyama Okyo. Fue tan popular en su época e impresionó tanto a la población que hasta el día de hoy todo artista representa a los yūrei con los mismos elementos característicos tanto en el cine como en la pintura. Un verdadero legado cultural.

    Los yūrei son las almas de los muertos que no encuentran descanso eterno debido a un evento trágico que les ocurrió en vida, pero también por falta de una ceremonia funeraria adecuada o por cometer suicidio. Suelen aparecerse a las personas a las que guardan rencor y a las que culpan de su dolor, haciéndolo en los lugares que frecuentaban en vida. Es bastante similar a la idea de fantasmas vengativos que tenemos por estos lares.

    Tradicionalmente, los yūrei son femeninos, y están vestidos con un kimono funerario, blanco y abrochado al revés. Normalmente carecen de piernas y pies (en el teatro tradicional kabuki se simula con un kimono más largo de lo normal), y frecuentemente están acompañados por dos fuegos fatuos (hi-no-tama en japonés) de colores azul, verde o púrpura. Estas llamas fantasmales son partes separadas del fantasma más que espíritus independientes. Los yūrei también suelen tener un trozo triangular de papel o tela en su frente llamados en japonés hitaikakushi (額隠). Varios son representados con cabello largo y negro (la explicación de esta representación vendrá en otro artículo). Como muchos monstruos del folklore japonés, los yūrei pueden ser repelidos con un ofuda (御札) las cuales son escrituras shintoístas santificadas.

    Sailor Mars con un ofuda, la escritura shintoísta santificada que repele a los espíritus malignos.

    Clases de yūrei

    Mientras que todos los fantasmas japoneses se llaman yūrei, dentro de esa categoría hay varios tipos específicos, clasificados principalmente por la manera que murieron o su razón de volver a la tierra. Aquí algunos ejemplos:

    • Funayūrei: Son los fantasmas de los que fallecieron en el mar.
    • Ubume: Es el fantasma de una madre que murió durante el parto, o murió dejando niños pequeños. Estos yūrei suelen regresar para cuidar de sus hijos y a menudo les traen dulces.
    • Onryō: Fantasma que murió mientras sentía un gran rencor y busca venganza (Sadako de Ringu)
    • Zashiki-warashi: Son fantasmas de niños, más traviesos que peligrosos.

    Ahora sí: las etapas del cine de terror japonés

    Es valioso que existan propuestas como las de este libro (que se puede encontrar ahora en librerías peruanas), pues no es común encontrar investigaciones de primera mano en idioma español sobre cine japonés.

    Según José Ángel de Dios, el escritor del libro «Conexión Tokio: una mirada al cine japonés«, existen tres etapas dentro del cine de terror nipón:

    • 1. 1899 hasta 1945
    • 2. 1945 hasta 1977
    • 3. 1977 hasta la actualidad.

    Esta tercera etapa es la más conocida en la actualidad e internacionalizó a los yūrei (aunque sobre todo a los vengativos como los onryō). Por ello, en este artículo se abarcarán las dos primeras etapas que son menos conocidas, pero igual de importantes.

    Primera etapa: adaptación de obras teatrales kabuki (1899-1945)

    Tsunekichi Shibata, uno de los primeros directores del cine japonés. Cuenta la leyenda que fue el primer japonés en manejar una cámara.

    En esta primera etapa, las primeras películas de yūrei eran adaptaciones de las más famosas obras kwaidan (historias de terror del folclore japonés) existentes en el teatro tradicional kabuki. A diferencia del cine estadounidense -donde en los inicios del cine se le consideraba a este arte como una extensión de la fotografía- en Japón, el cine se consideraba una extensión del teatro. Por ello, se usaba tanto la narrativa del kabuki como la cámara en una posición estática para simular una obra de teatro. Cabe resaltar que kwaidan o kaidan consiste en cualquier historia de terror o de fantasmas, pero tiene una connotación de ser una historia oral antigua del Japón previo al siglo XIX.

    «Momiji-gari» u «Observación de las hojas de otoño» de 1899. La primera película de la historia del cine japonés y a su vez la primera película del género de terror (y de fantasmas). Observar lo teatral de la puesta en escena.

    La segunda película del director es Ninjin Dojoji”  o «Dos mujeres en camino al templo de Joji» también de 1899, pero esta película ya no existe, pues la idea de conservar películas vino tardíamente en la década de los sesentas (este es un fenómeno global). De esta manera, la mayoría de películas del comienzo del cine no se conservaron y están desaparecidas por siempre. En el caso de esta película, sólo se sabe que se trata de un yūrei que adopta la forma de serpiente.

    Las películas de yūrei seguirían siendo recurrentes en el cine japonés hasta 1945. Un factor importante es su ambientación: casi todas las historias se ubican en el Japón antiguo, sobre todo en el periodo Edo (1603-1968). Este dato es importantísimo para pasar a la segunda etapa de la historia del cine de terror.

    Segunda etapa: la censura estadounidense y la edad de Oro del cine japonés (1945-1977)

    En 1945 ocurre un punto de quiebre: Japón pierde la Segunda Guerra Mundial. Con ello, vendría la Ocupación estadounidense donde los militares de ese país tendrían el poder hasta 1952, con la meta de instaurar los valores democráticos de EEUU en Japón. De esta manera, comenzó una era de prohibición y censura. Por ejemplo, en el cine ya no se podían realizar películas ambientadas en el Japón antiguo porque significaba exaltar valores tradicionales como las costumbres samurái o la lealtad al Emperador y eso era anti-democrático. Entonces, ¿cómo iban a seguir haciendo películas de yūrei si solían ambientarse en el Japón antiguo? Definitivamente el cine sufrió muchísimo, y no solo el cine de terror, sino el cine japonés en general. El género jidaigeki (drama de época) era el más popular en ese momento y ahora estaba totalmente prohibido.

    Sin embargo, en 1952 los estadounidenses decidieron firmar el fin de la Ocupación en Japón (porque ahora tenían en la mira la futura guerra con Corea, por supuesto). Esta noticia significó la vuelta de la creatividad en el cine donde las historias de fantasmas volverían a pulular por las pantallas, pues ya no existía la censura militar. Aquí es donde entra en acción el maestro Kenji Mizoguchi marcando el retorno de los fantasmas en el cine japonés con su película de 1952 «Ugetsu Monogatari» o «Cuentos de la luna pálida». Actualmente, es considerada una de las obras maestras del cine mundial y también es parte del inicio de la «edad de oro» del cine japonés clásico (iniciada con Rashomon de Akira Kurosawa en 1950). En ella ya se observa un despliegue de los elementos audiovisuales en todo su esplendor y se aleja de la puesta en escena teatral de la primera etapa anteriormente mencionada. Es así como esta segunda etapa se caracteriza por la maestría de los directores clásicos que han comprendido que el cine es un arte con sus propios recursos (como la edición y los movimientos de cámara) y se pueden explorar nuevos caminos.

    La talentosa Machiko Kyo en el film de 1952 «Ugetsu Monogatari» o «Cuentos de la luna pálida». Esta actriz es uno de los rostros del cine clásico japonés y esta película es uno de los hitos de la época, pues luego de Rashomon de Kurosawa (donde ella también tiene un rol protagónico) fue una de las primeras películas japonesas en ganar un premio internacional (ganó el León de Plata del Festival de Venecia). Un título imprescindible.

    Esta historia transporta al espectador al periodo Sengoku, en el siglo 17, una época conocida por las constantes guerras civiles por el poder. Relata la historia de dos amigos que sueñan alcanzar la gloria. Uno es un alfarero que se dedica a hacer ollas de barro mientras sueña con ser rico. El otro sueña con ser un famoso samurái. Un día, el alfarero emprende un viaje para buscar suerte y fortuna abandonando a su familia. Es así como se encuentra con una misteriosa mujer noble y su ama de llaves quienes quieren comprarle una de sus artesanías. Sin embargo, la dama le propone que venga a vivir a su palacio. El alfarero, prendado por su belleza física, acepta y termina por abandonar a su esposa e hijo.

    Mizoguchi es uno de los directores de cine más reconocidos del cine japonés clásico, pero no dedicó otra película a los yūrei.

    El retrato de los yūrei en esta película significó mucho para la historia del cine pues se recuperaba este fantasma clásico del cine japonés con los elementos característicos: cabello negro y largo, piel muy blanca, kimono blanco, etc. Además, Mizoguchi crea un ambiente tan onírico y poético que lo llevó a ganar premios internacionales como el León de Plata en el Festival de Venecia. Esta película y «Kwaidan» de Kobayashi son la piedra angular de esta segunda etapa.

    «Kwaidan» de 1965 es una de las películas más influyentes para todos los directores de cine de terror contemporáneo por la elegancia de su dirección de actores.

    La «edad de oro» del cine japonés termina en 1965 cuando la televisión comienza a ganarle terreno al cine. Es en ese año cuando se estrena «Kwaidan» de Masaki Kobayashi, una de las películas más influyentes sobre yūrei y que termina por consolidar este género como uno de los más importantes en la historia del cine nipón, pues la producción de estos films era alta y la asistencia del público a las salas también.

    El fin de la segunda etapa viene de la mano de «Hausu» de 1977

    Finalmente, llegaría 1977 y con él Hausu de Nobuhiko Obayashi, una de las películas más bizarras del cine japonés y eso es decir mucho. La innovadora propuesta del film marcaría el final del cine clásico de terror japonés y daría inicio a una tercera y última etapa, pues creó una nueva forma de entender el cine en general.

    Hausu es una película de terror cómico con un guion adaptado de las ideas de una niña de 8 años, hija del director. Cabe resaltar, que fue un éxito en taquilla, pero los críticos le dieron con palo.

    Hausu narra la típica historia convencional de una casa embrujada, pero con puros efectos psicodélicos. Trata de una colegiala llamada Precious y casualmente es sumamente bella. Ella se entera que tiene una nueva madrastra por lo cual decide irse a la casa de campo de su tía enferma, con sus 5 amigas: una se llama Prof (y es justo una chica muy aplicada en los estudios), otra se llama Melody (que tiene una afinidad por la música), Kung Fu (que es muy atlética y buena en kung fu), Mac (que le encanta comer) y Dulce (que es sumamente dulce y kawaii). Toda la historia transcurre en esta casa donde se encuentran cara a cara con eventos sobrenaturales mientras son devoradas una por una por seres sobrenaturales, entre ellas un yūrei  que termina siendo uno de los personajes principales.

    Ya no se recurre al Japón antiguo para situar las historias de fantasmas como en la etapa clásica. Es el inicio de los relatos modernos donde el pozo del castillo se ha transformado en un televisor. O donde el campo donde vivían los yūrei es ahora una ciudad moderna. Este profundo cambio merece todo otro artículo en un futuro cercano. ¡Estén atentos!

    Si deseas adentrarte más en este submundo, Sugoi te recomienda los siguientes libros que se usaron para este texto:

    • Yurei, los fantasmas de Japón de Zack Davisson (Editorial Satori).
    • Tokyo Connection: una mirada al cine japonés de José Ángel de Dios.
  • VAGABOND: manga del guerrero invencible bajo el sol

    VAGABOND: manga del guerrero invencible bajo el sol

    La historia de Musashi, el personaje principal de Vagabond, gira en torno a su aprendizaje espiritual en el camino de la espada. Comienza con una vida de musha shugyō (práctica de viajar o peregrinar como entrenamiento), donde continuamente busca el significado de la verdadera fortaleza e invencibilidad. En el camino aprende sobre la vida, la humanidad y sobre sí mismo.  Eventualmente, Miyamoto Musashi se convierte en uno de los guerreros más respetados y famosos de todo Japón.

    El joven Takezo se reubatiza como Miyamoto Musashi

    Creciendo entre el período Sengoku y el período Edo en el siglo 17, Shinmen Takezo es rechazado por los aldeanos locales y tildado de “demonio” por su salvaje y violenta naturaleza. Al escapar del pueblo con su mejor amigo Hon’iden Matahachi, Takezo se enrola en el ejército Toyotomi para combatir contra el clan Tokugawa en la batalla de Sekigahara. Sin embargo, los Tokugawa consiguen una arrasadora victoria llevándolos a casi 300 años de gobierno bajo el shogunato Edo. Takezo y su amigo logran sobrevivir a la batalla y juran desde ahora hacer grandes cosas con sus vidas, aunque eventualmente toman diferentes caminos. Takezo, ahora llamado Miyamoto Musashi se embarca en un viaje para convertirse en el samurái más fuerte de Japón yendo de pueblo en pueblo en búsqueda de los guerreros más fuertes. Él aprenderá que ser el más fuerte no es la respuesta para acabar con sus demonios internos.

    Musashi ha crecido durante uno de los períodos más inestables y violentos de la historia de Japón: el período Sengoku. Al contar con un débil emperador y shōgun (líder militar) y con los astutos daimyō (señores feudales) peleando por el poder, los habitantes de Japón no conocían la paz. En el caso del protagonista, el ambiente externo se refleja en su vida personal, pues ha vivido una vida caótica y violenta hasta sus 17 años.  Criado por un padre agresivo y  rodeado de vecinos que le gritaban demonio, él ha creído estas palabras y decide hacer lo que cree que es consecuente para él: asesinar con su katana a todo quien se le ponga adelante. Pero, en este camino de la espada, él conocerá a dos personajes cruciales para su desarrollo interno: su archirrival Sasaki Kojiro y el monje budista cómico Takuan Sōhō (Takuan es un personaje histórico).

    El mangaka Inoue tiene la habilidad para dar movimiento y velocidad a la tinta. No sólo se nota en las batallas, sino en las cosas cotidianas. Por ejemplo, el agua fluyendo es un elemento recurrente en el manga y contrasta con el estancamiento mental de Musashi.

    Sasaki Kojiro: el rival más fuerte de Musashi

    Mientras la ilustración del personaje de Musashi connota fortaleza en sus cejas y demás facciones, Kojiro transmite la impresión de fragilidad junto con una paz imperturbable en sus ojos rasgados, manos delgadas y cabello siempre al viento, pero nada más lejos de la realidad.

    Sasaki Kojiro es el archirrival del protagonista. Sus destinos parecen estar entrelazados: si algún día se enfrentan se sabrá realmente quién es el mejor samurái de la historia de Japón. Kojiro es sordo de nacimiento, pero lo ha compensado con una visión veloz que le ha hecho ganar el título del guerrero más temido. Sus motivaciones para tomar el camino de la espada son diferentes a las de Musashi, pues si a Kojiro no le buscan pelea, él no pelea. Sin embargo, a la hora de la batalla saca a flote una perturbadora y sanguinaria violencia que parece disfrutar. Su técnica es el “corte golondrina” inspirada en el rápido y esquivo movimiento de este ave al volar. Su conexión con el mar y la katana han sido plasmados de manera única por el mangaka Inoue.

    Takuan: el espíritu cómico del zen


    El monje budista cómico Takuan renombra a Takezo como Miyamoto Musashi, liberándolo espiritualmente para que continúe su camino y evolucione en su personalidad.

    Takuan Sōhō es un monje budista Zen de la escuela Rinzai que encarna el espíritu cómico del Zen. Él es un vagabundo también, sólo cuenta chistes y no pertenece a ningún templo como otros monjes. Se dedica a viajar para descubrir la naturaleza de la condición humana. “Este es un viaje para ver las cosas que no quería ver dentro del hombre”. Esta forma de ver el mundo se relaciona con una técnica propia del Zen Rinzai llamada “kensho” que significa “ver nuestra verdadera naturaleza” o “iluminación”. Para ello, hay que liberar el pensamiento y Takuan usa el mecanismo de no tomarse en serio a sí mismo (vía el humor) para lograrlo, aunque esto pueda chocar con  el paradigma habitual del monje serio.

    Ésta esencia del carácter de Takuan se puede asociar con la figura del monje-payaso de Conrad Hyers. En su libro “Zen y el espíritu cómico” señala la existencia de la figura “monje-payaso” como punto clave para no olvidar la tarea del no-apego a las cosas. El payaso en muchas culturas simboliza la emancipación y la libertad aunque quizá no de la manera más espiritual o refinada. El “monje-payaso” cumple la función de figura religiosa por su espíritu amplio, intuitivo y espontáneo tan ligado a la búsqueda zen. Esta visión es interesante porque los elementos cómicos en relación a las formas religiosas suelen estar relegados a una categoría inferior por ser asociadas como distracción (o a veces hasta como una negación) de la seria y sagrada tarea religiosa. Sin embargo, Vagabond plantea lo contrario y es gracias a esta particular manera de actuar que Takuan logra llegar al pensamiento de Musashi (quien no le hacía caso a nadie).

    La relación de estos dos personajes recuerda a la de maestro-alumno que es tan importante en el budismo zen. Él ayuda a Musashi a cuestionar su búsqueda por ser invencible (y de paso su existencia) por primera vez a través de su particular manera de hablar (algo irracional) y por sus preguntas que recuerdan a los famosos kōan (técnica zen basada en un problema que el maestro plantea al alumno para comprobar sus progresos. Muchas veces el kōan parece un problema absurdo).

    Estos son sólo 3 personajes del gran abanico con el que cuenta Vagabond. Es un manga que vale la pena leer no sólo por su aspecto histórico y filosófico, sino por la impresionante calidad del dibujo.

    El maestro del movimiento: Takehiko Inoue, creador de Vagabond

    El responsable es el mangaka Takehiko Inoue, conocido por “Slam Dunk”, un manga sobre baloncesto que se convirtió posteriormente en anime en los noventas. Cuando le preguntaron cómo surgió la idea de crear Vagabond en 1998 confiesa haber estado explorando la pregunta sobre qué significa ser japonés. En una entrevista en “Manga: maestros del arte” comenta: “lo que quería era simple. Hoy en día en Japón las personas de mi edad y los que son mucho menores están fuera de contacto con la historia de Japón y nuestra tradición cultural. Yo mismo ignoraba estas cosas. Entonces esperaba que Vagabond despierte un chispazo de interés en ellos”. Menciona además tener que investigar elementos históricos como tipos de kimonos, peinados y armaduras porque cambiaban dependiendo del período e inclusive por la clase social.

    Su estilo de dibujo tiene una fuerza kinestésica sacada de una película de Akira Kurosawa. Y efectivamente, él se considera fan del director japonés. “Creo que tendría que decir que he sido influenciado por Kurosawa. Comencé a usar un pincel porque quería conseguir ese sentimiento sombrío y sucio, quería una textura artística que los “Siete Samuráis” o “Rashomon” tenían. Ese es el sentimiento que quiero lograr con mi arte”. Él empezó usando un estilógrafo hasta el “arco de Kojiro” en Vagabond y luego pasó al pincel porque quería intensificar la emoción. Impresiona su habilidad para darles movilidad, pero sobre todo, velocidad a los personajes tanto dentro como fuera de batalla. Es considerado como  el maestro del movimiento.

    El manga está basado en la novela de Eiji Yoshikama “Musashi” de 1935. Es un relato de ficción basado en la biografía de Miyamoto Musashi, probablemente el guerrero japonés más famoso y creador del estilo Niten Ichi Ryu o “con dos sables”. Este personaje histórico fue autor de «El libro de los cinco anillos» que trata sobre el arte marcial “kenjutsu” (el kendo vendría a ser una versión moderna de este arte) e implica entender los elementos tierra, agua, fuego, viento y vacío como parte del camino de la espada. Él escribió la obra cuando dejó de asesinar y confesó sentir que venció estos duelos no por haber dominado la estrategia, sino que por ser más fuerte, preparado o simplemente por suerte. En su vida de ermitaño entra en contacto con otras formas de arte como escultura, pintura, caligrafía y también meditación Zen, pero siempre viajando y vagabundeando.

    “El alcaudón en el árbol estéril” de Miyamoto Musashi (1584-1645). Pergamino sobre papel de tinta. Kubuso Memorial Museum ofArts, Izumi, Osaka.

    Este legendario guerrero ha inspirado otros mangas tales como “Rurouni Kenshin” (Samurái X) donde se puede hacer un paralelo entre las decisiones del personaje principal Kenshin Himura al elegir una vida pacífica tras un ciclo de violencia tal como hizo Miyamoto Musashi.

    Malas noticias: Vagabond está en hiatus desde el 2015

    Lo que todo lector teme es que su manga entre en el famoso hiatus que significa que el autor ha dejado de emitir nuevos capítulos. Vagabond se encuentra en el hiatus más largo de su historia.

    Han pasado 19 años desde la primera emisión de Vagabond y aún no finaliza. Esto se debe en parte a la discontinuidad de Inoue al sacar material. Hasta el 2010 el ritmo era de uno o dos capítulos por semana, pero desde hace unos años la salud mental de Inoue empeoró y comenzaron los hiatus con espacio de 3 a 6 meses. Luego se puso mejor, pero en lugar de volver a Vagabond, comenzó a trabajar en un nuevo manga llamado “Real” sobre el baloncesto en silla de ruedas dejando de lado por completo a Miyamoto Musashi. Esto ha causado conmoción en muchos fans que esperan el final del manga desde hace 3 años, pues Inoue ha comentado que ya está cerca. Actualmente, el último capítulo publicado en tankōbon es el 322 llamado «Libélulas» (秋津Akitsu), pero el último que ha sido emitido es el 327 llamado “El hombre llamado Tadoki”.

    Puede sonar desalentador comenzar a leer un manga que está paralizado desde el 2015 (para los que aún no lo han leído), pero es una obra de culto que merece un espacio en el kokoro de cualquiera interesado en adentrarse en uno de los mejores mangas de los últimos tiempos. En la siguiente entrevista, cuenta cómo su depresión lo ha alejado de Vagabond: “veo en el hiatus mi muerte como artista, pero aunque sé que suena como una manera dramática de ponerlo, he estado llevando una carga por mucho tiempo y sé que me convertiré en un mejor artista si primero descargo todo esto”. Sin embargo, hay muchos rumores sobre que “El hombre llamado Tadoki” es el final de la serie añadiéndole aún más misticismo y culto. Si Inoue decide no darle un final convencional a Vagabond quizá sea consecuente con la vida de Musashi, quien nunca dejó de viajar física y espiritualmente en el camino que tomó: el camino de la espada.

    Invencible bajo el sol. Volumen 1.  Entrevista: https://bit.ly/2FrsTTW