Etiqueta: Guerra

  • Now and Then, Here and There: La guerra es muerte

    Now and Then, Here and There: La guerra es muerte

    Now and Then, Here and There plasma una crítica cruda hacia el imperialismo, la explotación de recursos, el abuso infantil, la avaricia y toda la destrucción bélica que los humanos pueden ocasionar.

    Bienvenido al infierno

    Shu Matsutani es un chico promedio con las características típicas de un protagonista de shonen: amable, determinado y de buena fe. Una tarde mientras se sienta a observar el atardecer sin demasiadas preocupaciones, aparece una chica misteriosa de ojos azules introvertida que tímidamente le pide que la ayude. Acto seguido, llegan unos soldados armados con robots que parecen salidos del futuro, y en un encuentro caótico transportan a Shu y a la chica enigmática -que para entonces ya sabemos que se llama Lala-Ru– a un mundo distópico en el que son secuestrados dentro de la nave de “Hellywood”-nombre que parece una especie de guiño a lo que Shu y los demás personajes están apunto de acontecer.

    Ima soko
    Lala-Ru

    Un bien escaso

    Como siempre ha sucedido en la guerra, el anime plantea un argumento en el que existe una lucha por recursos. La narrativa propone un conflicto por el agua y la dominación global, ya que al parecer es un bien escaso y las personas literalmente se mueren de sed. Es entonces donde aparece la figura de Lala-Ru, una niña que utilizando sus poderes canalizados en un pendiente de cristal que cuelga de su cuello, puede generar agua de la nada a costa de su energía vital. Es por esto que el dictador Hamdo (líder de Hellywood) y sus tropas tienen tanto interés en capturar a la jovencita.

    La nación de Hellywood cumple el rol del imperio sometedor, el cual se encarga de “reclutar” o más bien literalmente forzar y esclavizar a los habitantes de las naciones que encuentra a su paso. Aquí es que aparecen personajes como el de Nabuca, Boo y Tabool,  niños quienes han sido secuestrados por Hamdo para ser entrenados como soldados que le sirvan fielmente, con la falsa promesa de que una vez que la guerra termine- lo cual nunca sucederá- podrán regresar a su pueblo natal y vivir tranquilos, cosa que también resulta imposible, pues como se exhibe más adelante en la serie, una vez que los miembros son anexados a las filas del tirano, los escombros restantes de las aldeas son bombardeadas hasta desaparecer.

    Nabuca

    La moraleja sin cambio (Spoiler)

    El final de Now and Then, Here and There nos deja un sabor muy amargo en la boca, así como una sensación de tristeza que emula ciertamente el sinsentido de la guerra. Shu retorna a su época como si nada hubiese ocurrido, parece como si todas las muertes de sus amigos fueran parte de solo un mal sueño. Lala-Ru se desvanece mirando el atardecer mientras escuchamos un soundtrack de la serie nostálgico que solo profundiza el sentimiento de vacío. El personaje de Sala (amiga de Shu que también fue secuestrada de su tiempo) termina por aceptar a su hijo -el cual ha sido producto de múltiples abusos sexuales por parte de las tropas de Hellywood- y que la dejo desesperanzada y trastornada por gran parte de la serie. Y Hamdo termina muriendo ahogado de manera irónica, producto de su insaciable codicia .Finalmente, el mensaje que nos deja la serie es que la guerra trae muerte. Shu no cambió demasiado como personaje porque la guerra solo trae eso: muerte.

    Sara trastornada en confinamiento
    Ending
  • Violet Evergarden: Palabras que unen a las personas

    Violet Evergarden: Palabras que unen a las personas

    Hay muchas posibilidades para abordar la historia de un soldado, pero ¿qué pasa cuando ya se terminó la guerra, cuando ya no es un militar y vuelve a ser simplemente una persona? En definitiva, no puede ser una persona convencional, ya que la experiencia en el campo de batalla afecta profundamente. Ese es el caso de la protagonista de Violet Evergarden, a quien seguimos—a lo largo de 13 emotivos y poderosos capítulos—en su camino hacia su propio corazón, a esa humanidad afectada por el conflicto armado, la cual empieza a recuperar cuando descubre que las cartas y, más precisamente, las palabras pueden unir a las personas.

    Fuente: Kyoto Animation, Lantis, Pony Canyon, Rakuonsha, ABC Animation

    Las cartas en los tiempos del steampunk y la muñeca victoriana

    Como ya se mencionó, Violet Evergarden cuenta la historia de una joven exsoldado que—tras el final de la guerra en el imaginario continente de Telesis—es adoptada por una familia, Los Evergarden, por encargo de su guardián y superior, el desaparecido Mayor Gilbert Bougainvillea. El objetivo era que Violet pudiese vivir como una chica normal en una familia acomodada, pero ella quiere ser útil, así que el ex coronel Claudia Hodgins decide emplearla en su empresa de correos.

    https://youtu.be/BcgxyvX1rVU

    En la batalla final del conflicto armado, Violet perdió ambos brazos, así que usa un par de prótesis que exhiben una gran finura y flexibilidad en su movimiento, lo que es bastante sorprendente para una serie de época en la que hay una importante influencia victoriana en la ropa, arquitectura y tecnología. En ese sentido, el mundo de esta serie se puede inscribir dentro del steampunk que, según Helena Esser, es una estética que reimagina el siglo XIX—marcado por la era victoriana—desde una postura nostálgica y revolucionaria tecnológicamente que se puede hallar en muchos relatos anime.

    Dicha nostalgia victoriana se refleja en la serie a través de la cultura de las cartas que Stephanie Tingley identifica como parte importante de esa época y que, visto desde la actualidad, evoca un pasado lejano en el que los mensajes se escribían en un soporte físico como el papel y tardaban en llegar a su destino. Dentro de este contexto, la empresa de Hodgins ofrece el servicio de las Auto Memory Dolls, un puesto que Violet—cuyos deseos siempre dependían de la orden militar—quiere desempeñar voluntariamente.

    Las Auto Memory Dolls son una especie de amanuenses, copistas o escritoras fantasma que redactan cartas y otros documentos por encargo, pero su trabajo no se reduce al tipeo o transcripción. Al respecto, otra de las características del steampunk, de acuerdo con Cory Doctorow, es una veneración al artesano y Esser lo cita para señalar que en medio del ascenso de la fábrica de la Primera Revolución Industrial (siglo XIX), se reconoce la agencia, manufactura y artesanía del hombre. En otras palabras, su habilidad creadora y manual desde la razón y la emoción, un elemento que se puede extrapolar al caso de las dolls.

    En ese sentido, las cartas son presentadas en la serie como instrumentos para transmitir los sentimientos de las personas y las dolls deben entender lo que los clientes quieren expresar y extraer de ello los sentimientos para redactar las palabras que los reflejen. Antes que la fría e insensible máquina, la calidez de la empatía humana es la base de la actividad creadora y detallista de las dolls. Sin embargo, Violet—tras vivir desde pequeña en la guerra—precisamente carece de esa empatía.

    La protagonista pretende adquirirla al practicar el oficio y la razón de ello es que desea entender el significado detrás de las últimas palabras que le dijo el Mayor Gilbert antes de desaparecer: “Te amo”. En la época victoriana, Tingley señala que las mujeres eran las encargadas de la correspondencia familiar, pues la convención decía que tenían una natural inclinación a la expresión y comprensión de los afectos. En contraste, Violet en lugar de estar en casa y prepararse para cuidar a su familia, se acostumbró a obedecer las órdenes de sus superiores, cumplir la misión a toda costa, soportar varios días sin comer y dormir, ser indiferente al pudor femenino, luchar y matar.

    De este modo, si bien cuando Violet empieza a trabajar como Auto Memory Doll, le colocan un atuendo muy femenino, apropiado a su nuevo trabajo y presenta una apariencia shōjo que, Sugawa-Shimada Akiko describe como inocente, pura y vulnerable, no cumple bien su trabajo y no encaja en el rol. Antes que una sensible mujer victoriana, su manera de relacionarse con sus clientes y de escribir sus cartas, la hace parecer más a una fría muñeca victoriana de porcelana, lo que sirve tanto como una metáfora del impacto bélico en los sentimientos del soldado como una referencia a la fría máquina de la Revolución Industrial.

    Ella se mueve con base a las órdenes dictadas por las reglas del trabajo que, en su mente, sólo se pueden cumplir de manera literal dejando de lado la sensibilidad del cliente y escribiendo cartas como si se trataran de reportes militares sin mayor sentimiento ni tacto. A pesar de ello, esta muñeca se esfuerza por aprender y—como dice el lema de las Auto Memory Dolls—ir hacia donde el cliente lo solicite. De esta manera, inicia su viaje hacia sus propios sentimientos.

    Las personas en el camino y el serial Neobarroco

    Actualmente, estamos más acostumbrados a relatos anime televisivos con formato de serial, es decir, según Angela Ndalianis:

    [Aquel que] comprende una serie de episodios cuyas narrativas resisten el cierre y continúan en el (los) siguientes (s) episodio (s) dentro de la secuencia.

    En ese sentido, seguimos al o la protagonista en su camino a resolver su conflicto a lo largo de varios capítulos que suelen terminar en un cliffhanger o epílogo de enganche que lleva al espectador a ver el siguiente episodio con desesperación (más aún si no han leído el manga o novela ligera fuente). No obstante, esta no es la única modalidad y Violet Evergarden es un ejemplo de un modelo distinto en donde la historia del capítulo no se centra exclusivamente en la heroína y no necesariamente continúa en los siguientes episodios.

    Fuente: Kyoto Animation, Lantis, Pony Canyon, Rakuonsha, ABC Animation

    Después del primer capítulo, la mayoría de los episodios abordan una trama adicional a la de Violet, la cual involucra a otras Auto Memory Dolls compañeras o a clientes que le hacen algún encargo en relación con una carta o un documento e, incluso, estas líneas narrativas alcanzan mayor importancia. Esta estética narrativa es llamada neobarroca por Ndalianis y es asociada con lo que Omar Calabrese reconoce como narrativas policéntricas y de estructura abierta como el mencionado serial. De este modo, al igual que la trama principal de Violet es destacada como central dentro de la historia, lo mismo ocurre con las líneas de los otros personajes.

    Por ejemplo, mientras Violet comete su primer error como Auto Memory Doll, Erica, su colega, experimenta un conflicto interno sobre si es apta para el trabajo. Del mismo modo, Luculia, una compañera de clases de Violet, desea comunicarle su agradecimiento a su hermano, un exsoldado, por regresar vivo de la guerra, pero no puede encontrar las palabras para hacerlo. Mientras tanto, Violet intenta escribir una carta para ayudarla tratando de entender—por primera vez—los sentimientos de su cliente. Si bien tanto Erica como Luculia vuelven a aparecer en la serie, sólo en su respectivo capítulo forman parte—junto a la línea principal—del policentro narrativo.

    Precisamente, otro rasgo del neo-barroco es la capacidad de combinar la narrativa serial con una narrativa a modo de serie más tradicional que Ndalianis define de la siguiente manera:

    [Aquella que] consiste en una sucesión de episodios narrativos autocontenidos que progresan en una secuencia.

    En otras palabras, la narrativa de estos otros personajes es autoconclusiva y eso es lo que ocurre con Iris, que al final consigue reconciliarse con sus padres y reafirmar su decisión de continuar trabajando como Auto Memory Doll. Ese también es el caso de Leon que finalmente se decide a avanzar con su vida desde el duelo/desaparición de sus padres y de la Princesa Charlotte que consigue confesar sus sentimientos al príncipe Damian y casarse con él. A través de su trabajo, Violet se involucra con estas personas en esos momentos de sus vidas y los ayuda de manera consciente o inconsciente a avanzar y lo mismo ocurre en viceversa, ambas líneas narrativas se necesitan para su progreso.

    La narrativa neobarroca es empleada para evidenciar desde la estructura del relato la evolución de Violet quien va desarrollando su empatía al conocer más sobre los sentimientos humanos de otras personas que—para la historia de la protagonista—son todo menos personajes secundarios. Comienza a entender que la gente no siempre siente lo que dicen sus palabras, que unas pocas líneas pueden ser más emotivas que una carta extensa o que a veces es muy difícil expresar los sentimientos correctamente.

    Poco a poco, Violet se aproxima al amor por los hermanos, al amor por los padres, al amor por la pareja y, como resultado, la antes muñeca de porcelana comparte sus sentimientos con Leon sobre la vida sin los seres amados, se reconoce a sí misma en el problema del chico para relacionarse con otros. Incluso, después de forzar una sonrisa en su primer encuentro con la princesa Charlotte, sonríe naturalmente el día de su boda. No obstante, el desarrollo de su empatía la lleva también a ser consciente de sus propios sentimientos y abre viejas heridas.

    Chica en llamas y la culpa del soldado

    El tema de la guerra es bastante recurrente en el anime y el manga, desde el cual se han tomado distintas posturas con base en la particular y conflictiva relación que tiene Japón con los conflictos armados a partir de su experiencia histórica, sobre todo, con la Segunda Guerra Mundial. Según Eldad Nakar, una de esas perspectivas es crítica de la guerra exponiendo la magnitud de sus consecuencias en la humanidad tanto de víctimas como de victimarios. En este marco, es donde se inscribe Violet Evergarden, que critica a la guerra desde la experiencia del soldado.

    La historia de Violet toma un importante giro en el episodio 7 cuando Violet escucha de la promesa que Olivia, la fallecida hija del dramaturgo Oscar Webster, le hizo a este último, pero no pudo cumplir debido a su muerte. En ese mismo capítulo, la protagonista se entera de que Gilbert ha sido declarado muerto hace tiempo, así que, por un lado, Violet—ahora más cercana a los sentimientos humanos—ya no puede ser ajena a las promesas que, debido a sus actos durante la guerra, nunca podrán cumplirse. Por otro lado, ha perdido su máximo propósito en la vida: proteger a Gilbert, la única persona por la que—desde el inicio— expresa sus sentimientos, aunque sea torpemente.

    Dave Grossman cita a Erich Fromm para establecer que cuando los soldados cometen actos violentos pueden entrar en un distanciamiento emocional de su víctima y la deshumanizan dejando de empatizar con ella, así que ya no hay lugar a duda y se vuelve una situación muy similar a cuando una persona mata sin titubear a una mosca. Eso es exactamente lo que le pasó a Violet, quien en varios flashback de la serie, se le ve peleando y matando sin mostrar mayor incomodidad, ya que todo es entendido dentro del marco de la misión.

    La reducción de la distancia emocional que antes sentía como soldado se relaciona con la rehumanización que experimenta Violet y es terriblemente doloroso para ella, pues el enemigo se vuelve un ser humano con familia, sueños, promesas pendientes y quizás hasta posible bondad en el corazón. Mientras tanto, ella como militar se convierte en el asesino que le arrebató con frialdad su futuro a él y a los suyos.

    Johan Galtung plantea un interesante esquema sobre la culpa y la presenta como una función que involucra al daño, la intencionalidad a infringirlo y su irreversibilidad. En dicho esquema, Violet se encuentra en el peor escenario de lo irreversible, ya que no puede resucitar a quienes les quitó la vida. Aquí adquieren importancia las palabras dichas por Hodgins en el primer capítulo:

    No te das cuenta de que tu cuerpo está en llamas y se está quemando por las cosas que has hecho. Lo entenderás algún día y entonces, te darás cuenta por primera vez que tienes muchas quemaduras.

    Debido a esta situación, después del episodio 7, la historia se centra en la línea narrativa de Violet y en el formato serial, en donde—además de su participación en la guerra—se muestra el desarrollo de su relación con Gilbert. En ese tiempo, ella era sólo una niña huérfana tratada como un arma, que le es regalada al mayor por parte de su hermano. Gilbert es la primera persona que trató a Violet como un ser humano, que le dio un nombre, cariño, cuidado, y protección, así que el universo de la protagonista giraba en torno a él y su propósito de vida era protegerlo y estar a su lado. El mayor la amaba y por eso se sacrifica para protegerla y que ella pueda vivir libremente.

    Fuente: Kyoto Animation, Lantis, Pony Canyon, Rakuonsha, ABC Animation

    Como lo presenta la historia, Gilbert no volverá y las llamas de la culpa la quemarán para siempre, entonces ¿ella tiene derecho a vivir libremente como quería Gilbert? ¿qué propone la serie que haga el soldado? Después de todo lo que ha vivido, Violet trata de matarse, pero finalmente no puede hacerlo y luego recibe una carta de Erica e Iris, sus compañeras dolls, que le recuerda cómo su trabajo ha ayudado a otras personas y la ha unido a ellas. Entonces, la serie propone, a partir de las palabras de Hodgins, una vía para el soldado ahora humanizado y que ya no es una muñeca sin voluntad, sino una persona con una profunda culpa, pero que tiene gente preciada y ganas de vivir.

    Las cosas que hiciste nunca podrán ser enmendadas. Pero…todo lo que has hecho como Auto Memory Doll tampoco desaparecerá, Violet Evergarden.

    En ese sentido, si bien sus actos son irreversibles y la guerra le ha arrebatado cosas que jamás podrá recuperar, lo único que le queda a ese soldado es aprender a vivir con las llamas de la culpa tratando de retribuir en algo lo que hizo. No obstante, ¿qué pasa si el soldado debe volver a pelear?

    «Soy Violet Evergarden» y el robot steampunk

    A partir de este momento, los capítulos—dentro de la estética narrativa neobarroca—vuelven a ser autocontenidos enfocándose en el duelo y en las pérdidas provocadas por la guerra. Violet se entrega totalmente a sus tareas como doll a pesar de lo tristes que le resultan ahora y su respuesta emocional es más desinhibida, llorando desconsoladamente al pensar en lo solitaria que será la vida de Ann sin su madre y sintiéndose impotente ante los padres de Aidan, un joven soldado que no podrá volver a casa. No obstante, los dos últimos episodios vuelven al formato serial, precisamente para cerrar la evolución de Violet que parece no convencer a todos.

    El capitán Dietfried Bougainvillea, hermano mayor de Gilbert, fue quien le entregó a Violet, a quien capturó después de que esta asesinara a sus compañeros. Después de la muerte del Mayor, él ve a la protagonista como una herramienta que no puede vivir más que para la orden de matar en la guerra y que debió morir en lugar de su hermano menor. En resumen, expone la postura de que ella como soldado existe sólo dentro del conflicto armado, luego pierde su sentido y debe ser desechada, además, después de haber sido una máquina de matar, ¿cómo puede reclamar ahora humanidad y decir que escribe cartas para unir a la gente?

    En este punto, vale la pena recuperar el factor tecnológico del steampunk que ya fue mencionado y que como apunta Mike Perschon (citado por Esser), une la arquitectura, moda, música o literatura de la época con tecnologías anacrónicas, implausibles o fantásticas. Un ejemplo de este punto se puede encontrar en Steamboy de Otomo Katsuhiro o El castillo ambulante de Miyazaki Hayao, donde se pueden ver ingeniosos inventos basados en mecanismos de la Primera Revolución Industrial, pero que son ficcionales.

    En Violet Evergarden, esos mecanismos retrofuturistas son representados en la serie por sus prótesis y sirven para plantear una analogía con el soldado que antes fue una máquina de matar y ahora es un ser rehumanizado. Si el lector recuerda el último episodio, un grupo radical pone bombas a un puente para evitar que el embajador llegue a firmar el tratado que asegurará la paz de Telesis y Violet se ofrece a ayudar a un molesto Dierfried para enfrentar a los rebeldes, pero asegurándose de no matar a ninguno a pesar de que Dietfried no duda en hacerlo. El soldado ya tiene un nuevo propósito y ya no pretende lastimar a nadie ni alimentar las llamas de la culpa.

    En consecuencia, ella resulta lastimada y no sólo su cuerpo humano, sino también sus brazos prostéticos. Según Beatriz Preciado, las prótesis tuvieron su origen en la guerra, donde al reconstruir el cuerpo humano, este era repensado como una metáfora del robot. En el caso de Violet esto tiene una doble lectura, ya que la prótesis es un recordatorio de su pasado como soldado así como de su cualidad autómata cuando se encontraba deshumanizada y sólo asesinaba a sus enemigos. No obstante, Helena Esser señala que la tecnología del steampunk—por la mano humana de su artesano creador—es impredecible, precaria y, por ello, despierta una identificación emocional.

    Cuando Violet ajusta sus prótesis para tipear, cuando las usa como escudos para evitar las balas de los radicales o cuando jala desesperadamente las cargas explosivas para salvaguardar el puente, podemos escuchar esa “respiración, tos, lucha y estremecimiento” de los mecanismos de su prótesis. Precisamente, estas características son mencionadas por Catastrophone Orchestra 4 (citada por Esser) al respecto de la tecnología steampunk. Esta expone un factor de incertidumbre sobre si el mecanismo fallará y eso le da una cierta mortalidad que despierta emociones ante su posible mal funcionamiento o pérdida. No obstante, las prótesis podrían haber sido utilizadas eficazmente como armas por Violet, mas ella no deseaba eso.

    A causa de su decisión de no matar y de obedecer su propia voluntad antes que una orden, la prótesis se destruye y se revela su precariedad así como la precariedad del carácter de robot que se le adjudicaba a la protagonista. La humanidad y sensibilidad que ha ganado la pueden poner en peligro cuando está en desventaja al no matar a sus contrincantes, pero ella ya no es una máquina de matar, sino una persona que ha decidido ayudar a otros como Auto Memory Doll. Esta determinación, voluntad y cambio para seguir adelante aplacan en cierta medida a Dietfried, quien le ordena seguir viviendo como le dijo Gilbert.

    Sin embargo, la historia del soldado después de la guerra en Violet Evergarden ya no es la de la fría muñeca de porcelana o del robot, pues ya no recibe órdenes, sino que—como ser humano—decide cargar voluntariamente con la culpa por el dolor que causó y vivir con el propósito de retribuir al mundo por ello. Al mismo tiempo, concilia eso con el afecto por los suyos, la soledad ante la pérdida de compañeros y el deseo de vivir. Violet aún no comprende totalmente el significado de “te amo”, pero sabe que esas palabras la unen a Gilbert, al igual que las palabras la unieron a sus clientes y amigos.

    El bonus

    • Violet Evergarden cuenta con un OVA, una película spin-off y una cinta a manera de secuela que se estrenará este año.
    • La serie está basada en la novela ligera del mismo nombre de la autora Akatsuki Kana. Fue ganadora del Gran Premio en el 5th Kyoto Animation Awards. Justamente, Kyoto animation fue el estudio a cargo de su adaptación al anime.
    • La historia de la creación de la máquina de escribir que se menciona en la serie está basada en hechos reales. Pellegrino Turri inventó una de las primeras máquinas de escribir para su amiga de la infancia Carolina Fantoni que era invidente. La novela About the blind contessa’s new machine de Carey Wallace cuenta una versión ficcional de su historia a manera de romance.
    • Como nos gusta tanto el anime, les dejamos una lista de reproducción de Kyoto Animation con videos relacionados a la serie que incluye el proceso de dibujo y animación. Además, les recordamos que Violet Evergarden está licenciada por Netflix.
    https://www.youtube.com/watch?v=PUFFMnuOF40&list=PLTNhweghpLi0B1oPjJbNLVkeSUbBfQ0Hc&index=1

    Si les interesa indagar más sobre el steampunk, la guerra y otros temas que hablamos en este artículo, pueden revisar las siguientes fuentes:

    • Esser, H. (2018). Re-assembling the victorians: Steampunk, cyborgs and the ethics of industry. Cahiers victoriens et édouardiens [en línea]. https://journals.openedition.org/cve/3480#text
    • Galtung, J. (1998). Tras la violencia, 3R: Reconstrucción, reconciliación, resolución. Afrontando los efectos visibles e invisibles de la guerra y la violencia. Bakeaz/Gernika Gogoratuz.
    • Grossman, D. (2014). On killing. The psychological cost of learning to kill in war and society. Open Road Integrated Media.
    • Nakar, E. (2008). Framing manga: on narratives on the Second World War in japanese manga, 1957-1977. En M.W. Macwilliams. (Ed.), Japanese visual culture. Explorations in the world of manga and anime (pp. 177-199). New York, Estados Unidos: M.E. Sharpe.
    • Ndalianis, A. (2005). ‘The Neo-baroque and television seriality’. En L. Mazdon y M. Hammond. Previously on: aproaches to the contemporary television serial. University of Edinburgh. https://www.academia.edu/1000096/Television_and_the_neo-baroque
    • Preciado, B. (2002). Manifiesto contra-sexual. Editorial Ópera Prima.
    • Sugawa-Shimada, A. (2018). Playing with militarism in/with Arpeggio and Kantai Collection: Effects of shōjo images in war-related contents tourism in Japan. Journal od war & culture studies, 12(1), 53-66. https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/17526272.2018.1427014?journalCode=ywac20
    • Tingley, S. (1996). «A letter is a joy of earth»: Emily Dickinson’s letters and victorian epistolary conventions. The Emily Dickinson Journal, 5(2), 202-208. https://muse.jhu.edu/article/245340
  • Entre la poesía y la violencia: Hotaru no haka

    Entre la poesía y la violencia: Hotaru no haka

    Empiezo confesando que no soy un especialista en la animación japonesa, ni siquiera en el cine de animación en general, que es un mundo muy vasto y complejo. Tampoco he visto alguna otra película de Isao Takahata, el director de La Tumba de las Luciérnagas. Mi acercamiento a esa cinta ha sido, pues, la de un espectador desprejuiciado, más o menos ignorante del asunto y el género del filme, pero abierto e interesado en lo que iba a ver.
    Mi impresión sobre esta película de itinerario, suerte de fábula moral sobre el horror y la belleza como experiencias básicas para el aprendizaje de la vida, fue contradictoria. Por un lado, la película evoca en mí las travesías físicas y morales de las cintas del neorrealismo italiano de la inmediata post-guerra. Esa asociación tal vez haya sido provocada por la presencia de dos niños protagonistas que recorren un paisaje devastado por la guerra y eso les enseña en un principio a sobrevivir, pero también a morir. Los recuerdos del cine de Roberto Rossellini, como Alemania, Año Cero (1947) o Europa ‘51 (1951) son inevitables.

    Y es que en esas películas, como en La Tumba de las Luciérnagas, los espectadores nos vinculamos, solidarios, con esa mirada entre aterrada y perpleja que mantienen los niños sobre una agresividad que no entienden, sobre un mundo que se desordena ante sus ojos y se vuelve caótico e inexplicable. Ellos hacen un trabajo de duelo (en este caso, de la figura materna) interminable. No pueden deshacerse de la figura perdida porque ella se reactualiza a cada paso en la destrucción de su entorno. En La Tumba de las Luciérnagas vemos ruinas, bombardeos, matanzas, un mundo en crisis. Y, sin embargo, la película pone un filtro emocional entre la barbarie y lo que vemos.
    Es que la fuerza y el carácter perturbador de este filme viene dado por la posición en la que se ubica. Mantiene una equidistancia entre la representación realista y la deriva onírica. Se trata de una cinta de animación y sus grafías nos alejan de modo casi esencial tanto del fresco realista como de la visión subjetiva y fantástica desbocada. Viendo la película, recordamos un episodio narrado por Akira Kurosawa en su autobiografía. Luego de un terremoto que asoló Tokio en los años veinte, su hermano mayor le llevó a recorrer la ciudad en ruinas. Los cadáveres descompuestos se apilaban y el niño Kurosawa cerraba los ojos ante el horror acumulado. Su hermano, en cambio, le decía que abriera los ojos, que mirara ese paisaje, que no lo olvidara. Que la experiencia de formación pasaba también por eso. Es la paradoja de enfrentar el horror con la conciencia y la lucidez. Y eso sentimos frente a La Tumba de las Luciérnagas: el horror está allí para contemplarlo con la mirada bien atenta.

    Pensemos tan sólo lo que sería una película con actores de carne y hueso en un drama así: la dimensión melodramática de la situación sofocaría nuestra capacidad crítica. No ocurre lo mismo tratándose de una película de animación. Y es que en esta vertiente del cine, podemos aceptar los hechos más terribles y conmovedores porque tenemos la salvaguarda de la convención del trazo gráfico, el esencial irrealismo provocado por el uso de las técnicas de animación, el pacto que mantenemos con esa irrealidad con el fin de dar fe de su verosimilitud. En la animación, las representaciones más alucinadas y grotescas (las escenas de destrucción masiva, la monstruosidad, la distorsión en la representación de los espacios físicos) adquieren una dimensión plástica que resulta atractiva, seductora, convincente y, por qué no, bella. La animación se impone por sus formas y colores, por la “falsedad” esencial de sus trazos, por el carácter ilusorio de su movimiento. Y en este campo, hasta la potencia emocional de una historia como la narrada por La Tumba de las Luciérnagas se hace admisible y la sentimos próxima.
    Y, sin embargo, las dimensiones de la realidad y la fantasía están presentes. Takahata tiene entre manos un material dramático de gran sordidez. Los protagonistas recorren una tierra baldía en la que sólo resta caer vencido por la inanición. Hay una dimensión cotidiana muy fuerte en la película, pues es el relato de dos figuras que atraviesan un mundo hostil. Y en medio de eso, se crea un lugar para lo imaginario. Los bombardeos, el fuego, la desnutrición, el esfuerzo físico, la hostilidad del mundo conviven con la luz de las luciérnagas. Por un lado, el documento se transfigura en trazos, líneas y colores animados; por el otro, irrumpe a cada momento el destello de la violencia o la poesía.
    La puesta en escena de la película sigue tres movimientos o fases. En la primera, se presenta a los personajes en su entorno; ése es el filón realista del asunto. La cámara sigue su travesía y nos informa de las circunstancias en que viven y el modo en que sus vidas se alterarán para siempre. Luego, en una segunda fase, la cámara se aproxima a los personajes y los enfrenta a sus sueños y pesadillas: el recuerdo de la madre es una presencia permanente y las luces de las luciérnagas aparecen. En el tercer movimiento, ellos están ya inmersos en su espacio imaginario. Las luciérnagas forman parte de su realidad. La dinámica del relato se basa en una alternancia entre lo de fuera y lo de dentro, entre la violencia y el reposo, entre el camino que no termina y los remansos de colaboración entre los hermanos, que se expresan en visiones compartidas.
    Impresiona además en la película el uso discreto, pero enérgico, de la elipsis. Por ejemplo, el director no necesita mostrarnos la muerte de la niña: simplemente la prepara y la sugiere. Cuando nos enfrentamos a ella, ya es un hecho irreversible. Hemos visto el proceso, pero sin sentir el pathos de las situaciones.
    Por cierto, existe una tradición en el cine japonés que nos presenta las relaciones entre dos personas que comparten el mundo de la violencia y la poesía, el de la tranquilidad y el sobresalto, el de la luz del fuego y el de las luciérnagas. Es el mundo de Takeshi Kitano en Flores de Fuego (1997) o El Verano de Kikujiro (1999); es el de Akira Kurosawa en Dodes’kaden (1970) o algunos episodios de Sueños (1990). Todas esas películas hablan de la muerte y la violencia que coexiste con el color de los cere­zos y el sabor del sake. Pero eso nos llevaría a un tema que podríamos desarrollar en otra edición de esta revista.
    Ricardo Bedoya Wilson, abogado de profesión, está vinculado al cine desde hace mucho. Es autor de diversos libros y artículos, y actualmente es profesor de la especialidad en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Lima. Alterna la docencia con la conducción del programa televisivo “El Placer de los Ojos” por la señal abierta de TNP.