Etiqueta: largometraje

  • Luces en el cielo

    Luces en el cielo

    “Uchiage Hanabi, shita kara miruka? Yoko kara miruka?” (Fuegos artificiales, ¿los vemos desde abajo? ¿Los vemos de lado?), que llegó a cines de Latinoamérica como Luces en el cielo, es la última película que ha estrenado Studio Shaft, luego de la trilogía “Kizumonogatari”. Es también la primera experiencia como director de un largometraje de Nobuyuki Takeuchi, aunque cuenta con la dirección general de Akiyuki Simbo (pronunciado “Shimbo”, pero romanizado Simbo). Esto no es nuevo ya que Simbo ha estado involucrado con prácticamente todos los proyectos de Shaft desde que fue contratado, dándole a sus producciones un estilo reconocible. ¿Cuánto hay de la mano de Simbo y cuánto del debutante Takeuchi? A eso hay que sumarle que esta animación no sólo tenga a dos personas tomando las decisiones (más allá de todos los involucrados en el equipo), sino que proviene de una fuente reconocible para el público nipón, el mediometraje homónimo escrito y dirigido por Shunji Iwai en 1993 como parte de una serie de televisión con actores de carne y hueso llamada “If: Moshimo” (Si: Si…). Los 18 episodios de la mencionada serie eran independientes y tenían como única conexión el plantear a sus diferentes protagonistas la posibilidad de tomar una decisión u otra, que llevaba a la historia por una ruta alternativa. “Uchiage Hanabi…” del ’93 tenía pocos personajes, era un íntimo retrato del amor adolescente (con su inocencia y dolorosa fugacidad) contado en menos de 50 minutos con tomas para el recuerdo y una buena banda sonora.

    Ahora, encarados con Luces en el cielo (2017), nos encontramos con una historia que quiere recrear esa cercanía, ese descubrimiento inocente, de primeras experiencias.

    Afiche promocional para Latinoamérica de «Luces en el cielo»

    ¿Cómo inicia? En un día de verano en el pueblo costero de Moshimo, Norimichi va a la escuela junto a cuatro de sus amigos en lo que parece ser la rutina de cada mañana. Mientras tanto, observamos a Nazuna, una compañera de clase, parada frente al mar y con una carta entre sus manos; por un momento, sale de su concentración al ver entre las rocas una esfera de cristal, que luego recoge. Ya en la escuela, nos enteramos que la carta proviene de su madre para avisar que Nazuna se mudará de ciudad y que es su último día allí. Ajenos a esta situación, en su salón, Norimichi conversa con su compañero Yusuke, que le confiesa que le gusta Nazuna, pero que no tiene el valor de confesarse por temor al rechazo. Algunas horas después, ambos se dirigen a la piscina escolar como encargados de limpieza y encuentran a Nazuna; los tres terminan acordando tener una carrera en la que se lesiona Norimichi, por lo que los primeros en llegar son Nazuna y Yusuke. Ella le pide a este último ir a ver los fuegos artificiales a las cinco de la tarde para su sorpresa. Más tarde, Norimichi, Yusuke y sus amigos conversan sobre la forma de los fuegos artificiales al estallar, si redondos o planos, por lo que se inicia un debate y todos deciden ir a un lugar lejano y alto para comprobarlo, el faro de Moshimo, por lo que quedan en ir a las 5 de la tarde. Las circunstancias y la indecisión (o cobardía) de Yusuke hacen que sea Norimichi quien coincida con Nazuna ya pasada la hora acordada. El plan aparente de Nazuna es huir de la ciudad maleta en mano para no tener que mudarse con su nuevo padrastro, pero es detenida por su madre que la arrastra de regreso a casa ante la vista de Norimichi y luego de sus amigos. Molesto, Norimichi arremete contra Yusuke para, luego, encontrar tirada en el suelo la esfera de cristal entre las cosas de Nazuna. Ante la impotencia, Norimichi la lanza y desea haber ganado la carrera. Un milagro secreto ocurre y él regresa a ese momento del día. Desde ahí, empezará a darse cuenta de que deberá tomar más decisiones si desea permanecer junto a Nazuna. ¿Qué siente realmente Nazuna por Norimichi? ¿Podrán evitar que ella se mude?

    La responsabilidad de tomar el trabajo original y expandirlo a casi el doble de su duración recae en Hitoshi Ohne, guionista de la cinta. Para esto se vale del artefacto que permite saltar en el tiempo, la esfera de cristal que reacciona a los deseos de tomar un rumbo distinto, pero de la que queda clara su naturaleza utilitaria; el origen de la misma nunca es el foco (aunque luego se lleve la atención innecesariamente una toma en la que la vemos en posesión del padre de un personaje, lo que da a entender un poco el destino pasado de progenitores a hijos, a pesar de que esto no llega a tomar fuerza). Su mayor mérito es tratar de mantener el norte; aunque al final no pueda superar a su fuente, sabe mantener las cosas a flote.

    Por el lado de la animación, las tomas que presentan personajes en planos conjunto o a cierta distancia tienen una bastante simple (como en la primera conversación entre Norimichi y sus amigos sobre la forma en la que estallan los fuegos artificiales), que desecha detalles y con un nivel de calidad que se esperaría más de un producto televisivo que de un largometraje en el que se supone se emplea más tiempo y presupuesto. Afortunadamente, todo esto se revierte cuando la cámara se acerca y en los momentos íntimos entre los personajes centrales, especialmente Nazuna, cuyas características faciales resaltan tremendamente desde los ojos hasta los labios, dibujados y coloreados con precisión. Si el presupuesto era limitado, entonces darle prioridad a esto ha terminado siendo una buena decisión. Luces en el cielo quiere que nos enamoremos como un adolescente de su protagonista femenina. 

    El uso de imágenes generadas por computadora es bastante claro. Nuevamente, parece que un presupuesto limitado llevó a la producción a usarlo en el movimiento de sus personajes; el momento más evidente es cerca al inicio de la cinta, cuando vemos al grupo de compañeros dirigirse a la escuela (el desencaje es notorio al tratarse de un instante que intenta parecer rutinario), luego esto decae, afortunadamente, ya que es un poco menos perceptible cuando vemos a los protagonistas montados en bicicleta rumbo a la estación o dentro de un vagón que va sobre el agua (aquí incluso parece coincidir con el ambiente cargado de irrealidad). Luego su uso en los escenarios parece ser más una decisión de estilo, ya visto en otros trabajos de Shaft (las escaleras de la escuela recuerdan a la serie “Bakemonogatari”, la estación de servicio sin mayores detalles o manchas), aunque algunos adquieren sustancia al pensar en su movimiento: las aspas de aerogeneradores o la luz del faro parecen recordar el paso del tiempo, las agujas del reloj que no se detienen.

    De izquierda a derecha: Masaki Suda (voz de Norimichi), Suzu Hirose (voz de Nazuna) y Nobuyuki Takeuchi, director de la cinta.

    Por el lado de la actuación voz, tenemos a Suzu Hirose (Nazuna) y Masaki Suda (Norimichi) en los papeles centrales. Ambos son casos de actores cuyas carreras, en ascenso, no están cimentadas en el doblaje, de hecho, este es el debut de Masaki Suda en animación. Por lo general, el empleo de actores que no han sido especialmente entrenados para ser seiyuus suele responder a una necesidad de sus directores de darle seriedad a la interpretación de sus personajes, alejarlos un poco de algunos vicios del estilo anime, que suenen más como personas reales. Aquí eso no es tan perceptible, pero terminan haciendo un buen trabajo, a pesar de que Suda puede llegar a sonar un poco mayor a la edad que aparenta Norimichi. También vale mencionar que el ya veterano, a pesar de su juventud, Mamoru Miyano sabe captar tanto la extroversión juguetona de Yusuke como su enojo.

    La música original la proporciona Satoru Kousaki, que ya había colaborado con Simbo y el equipo de Shaft al ser el compositor de toda la saga Monogatari. Aquí, su trabajo no sobresale demasiado, hace lo justo y poco más: ayuda a marcar el tiempo con el piano, algo más notorio en la primera mitad de la cinta y despega ligeramente en una secuencia casi de ensueño en la que los protagonistas abordan un vagón que se desvía por una ruta imposible.

    DAOKO interpretó «Uchiage Hanabi» en el programa de TV Music Station en vivo poco después del estreno japonés del filme.

    Pero lo más resaltante proviene de las tres canciones utilizadas: las incidentales “Ruiriiro no Chikyuu” (Tierra azul cielo) y “Forever Friends” (Amigos por siempre), y la de cierre “Uchiage Hanabi” (Fuegos artificiales). La primera es interpretada por Suzu Hirose puesta en personaje y da pie a una secuencia de fantasía que tiene su punto en mostrar un mundo idealizado y que se sabe inaccesible, pero que puede resultar demasiado edulcorada. Esta es una canción que seguramente despertó la sensación de nostalgia en el público japonés ya que se hizo popular desde 1986, año en el que la reconocida artista pop Seiko Matsuda la lanzó dentro de su álbum SUPREME. “Uchiage Hanabi”, por su parte, acompaña los créditos finales y cuenta con música y letra de Kenshi Yonezu, quien además se encarga de la interpretación junto a la joven rapera DAOKO. Esta es la pieza que más se ha promocionado y tema central de la película. Sin embargo, la que es, definitivamente, la más memorable de las mencionadas es “Forever Friends”, que suena en el clímax de la cinta y contribuye enormemente a darle peso emotivo, que expresa el deseo de no separarse del ser querido en una letra simple en inglés, pero también muy sentida. Aunque conviene reconocer que buena parte de su mérito se debe a que es un préstamo del mediometraje original de Iwai y que aparece en similares circunstancias. La letra y música le corresponden a REMEDIOS (nombre de compositora de Reimy Horikawa), que en aquella ocasión la interpretó, pero para esta adaptación animada la oímos con la suave voz de DAOKO.

    Luces en el cielo es una pequeña historia sobre el primer amor adolescente, sin mayores ambiciones que recordarnos que debemos ser sinceros con lo que queremos y decidir porque el tiempo pasa y las oportunidades desaparecen. Si buscas algo como el siguiente “Kimi no Na Wa.” o “Koe no Katachi”, probablemente salgas algo decepcionado (algunos espectadores fueron con esa idea); no es lo mejor que se ha visto de Shaft en lo que animación respecta, hay cosas que Takeuchi debe pulir aunque cueste más trabajo o se necesite más presupuesto (como el criterio en el uso de la animación generada por computadora), y sufre en sus momentos finales con su intención de sembrar la duda en el espectador (tanto que algunos pensarán que hay algo más luego de los créditos), pero, en general, es una experiencia por encima del promedio y con algunos puntos interesantes. Por último, si pueden encontrarla, vean la versión original de 1993 de Shunji Iwai, que es realmente una pequeña joya.

  • Heaven’s Feel – I. presage flower

    Heaven’s Feel – I. presage flower

    Más de 10 años han pasado desde que se hiciera la primera animación del universo de “Fate/stay night” y, ciertamente, estamos lejos de ver lo último que nos ofrece la creación de TYPE-MOON. “Heaven’s Feel”, una de las tres rutas posibles de la novela visual publicada originalmente en 2004, considerada por los seguidores de la franquicia como la más oscura y compleja, era la única que hasta ahora no había sido animada, por lo que su anuncio en 2014 como proyecto cinematográfico fue recibido con mucha expectativa por sus seguidores y el peso de esa responsabilidad se lo ponía al hombro ufotable. Aunque el estudio ya antes había logrado adaptar con éxito otras creaciones de Kinoko Nasu, escritor detrás de TYPE-MOON (como las novelas ligeras “Kara no Kyokai” que convirtió en una serie de películas), o un producto del universo “Fate” (la teleserie “Fate/Zero”), sin contar con la pronta salida al aire, en ese entonces, de la teleserie “Unlimited Blade Works”, ¿qué le esperaba a “Heaven’s Feel”? La primera parte de la respuesta se empezaría a conocer el 14 de octubre del 2017 con el estreno de “I. presage flower” en Japón, mientras que en Latinoamérica, gracias a la distribución de la mexicana Konnichiwa Festival, nos enteraríamos en enero del 2018.

    Afiche promocional de «Heaven’s Feel – I. presage flower»

    ¿Cómo inicia? En Fuyuki, una ciudad en la que hace algunos años ocurrió una terrible e inexplicable catástofre que cobró muchas vidas, las estaciones parecen transcurrir con lentitud. Shirou Emiya es un estudiante de secundaria que pasa sus días en la silenciosa gran casa que le dejó su padre adoptivo, Kiritsugu Emiya, que es compartida con su despreocupada tutora, Taiga Fujimura, y las actividades en la escuela. Shirou destaca en la práctica del tiro con arco hasta que un accidente en su trabajo de medio tiempo le deja un brazo enyesado. Incapaz de continuar en el club, pero con buen ánimo, se disculpa con su amigo y compañero de disciplina, Shinji Matou, sólo para encontrar después que la hermana menor de este, Sakura, aparece en su puerta y le ofrece ayudarlo con la cocina. Aunque Shirou se niega, cede ante su insistencia. A medida que pasan los meses, la presencia de Sakura se hace común y un primer vínculo es establecido entre los dos, a pesar de que se hace evidente que la reservada Sakura calla muchas cosas. En la ciudad, se empiezan a reportar sucesos extraños y asesinatos que mantiene preocupada a la gente. Desoyendo el pedido de Sakura de regresar a casa al terminar el día de escuela, Shirou se queda limpiando el salón de prácticas de su antiguo club y así se ve envuelto en un enfrentamiento, una guerra secreta en la que siete maestros hechiceros son escogidos para comandar siete héroes en una lucha a muerte por el Santo Grial, capaz de conceder un deseo a su ganador. Ahora, elegido como uno de los siete, Shirou decidirá pelear al lado de un héroe de clase Saber. Pero ¿qué tan involucrada está Sakura? ¿Cuál es el papel que juega la familia Matou en la guerra?

    ¿Cómo adaptas una historia que tiene una fuente tan extensa, decenas de horas de contenido, en tres películas que, de durar lo que esta primera, no pasan en total de las 6 horas? El primer capítulo de “Heaven’s Feel” sabe a lo que va. En situaciones como esta, tratar de cubrir lo narrado por la novela visual en el reducido tiempo otorgado podría sonar muy ambicioso y, en el peor de los casos, acabar en un desastre, pero ufotable se da mano, con Tomonori Sudou a la cabeza, para hacer que todo fluya con facilidad. Su buen ritmo hace que sus 120 minutos se sientan ligeros; las escenas se van desarrollando (y pasan varias cosas) sin que sean una acumulación de hechos sin más al saber balancear los momentos de calma, vitales para desarrollar las relaciones de los personajes, con los de acción.

    De forma similar a  lo que ocurría en “Fate/Zero”, las intenciones de la gente detrás de la cinta son mostradas desde el inicio, en el que se toma su tiempo para señalarnos puntos importantes en la relación de Emiya y los herederos de los Matou, así como establecer la vida antes de que Sakura entrara literalmente al hogar del protagonista. Es de hacer notar cómo, en estas primeras situaciones, se deja el ruido ambiental a bajo volumen sin recurrir a tracks de la banda sonora, y cómo se detiene en las tomas de los espacios, que más allá de servir como indicativos gráficos del lugar, la casa Emiya, están ahí para mostrar un ambiente que quiere ser llenado, ya sea por la voz o la presencia de otras personas.

    Los de ufotable saben a lo que van y saben a quienes van. Tienen confianza en que sus espectadores están familiarizados con la historia. Ellos ya contaron los previos en las teleseries “Fate/Zero” (2011 y 2012) y parte de “Unlimited Blade Works” (2014 y 2015), y no pretenden ser amables con el espectador nuevo, un riesgo no menor, comercialmente hablando, ya que eso reduce su público. Y, visto el resultado, sólo queda acordar en que han tomado la decisión correcta. Tienen suficiente coraje para tomar un camino y no dar vuelta atrás. Nada de poner una voz en off que explique extensamente cosas como la historia hasta ahora y las mecánicas de la guerra por el Santo Grial en la introducción. A los que se dirige ya las conocen. Nada de volverte a contar como Shirou se involucra en el asunto. Y, aunque no toman el camino del espectador casual, tampoco se desviven en “fanservice” para el conocido. En cambio, hacen algo importante: no le dan a su público lo que quiere, sino lo que necesita (una lección que otras producciones, más enfocadas en complacer, podrían aprender). Y lo que necesita es envolverse con el componente humano lo suficiente, acercarse a sus personajes centrales y sus procesos internos (la decisión de enfrentarse a un gran reto y no rendirse guiado por el ideal de lo que se cree que es ser un héroe, el temor a la corrupción propia que se siente inevitable y el temor a perder lo querido cuando ese momento llegue), porque, sin estos, el espectáculo visual resultaría vacío.

    Ya resueltos, luego de las dos secuencias de introducción y a punto de involucrar a Shirou en el conflicto entre sirvientes, la sección de créditos es utilizada para mostrar puntos clave que espectadores de la antigua serie de TV (la producción de estudio DEEN “Fate/stay night”, 2005) o de alguna de las versiones de “UBW” (la película del 2010, otra vez, de DEEN o la más reciente teleserie) reconocerán. Tan familiares resultan que uno casi puede escuchar las frases dichas por los personajes.

    De izq. a der.: Noriaki Sugiyama (voz de Shirou Emiya), Noriko Shitaya (voz de Sakura Matou) y Ayako Kawasumi (voz de Saber)

    Sakura Matou, un personaje que en adaptaciones alternas, había estado en un segundo plano, de la que se intuían algunas cosas que nunca se llegaban a revelar, pasa al frente. A la imagen de hermana menor y seguidora del protagonista, se le da más cuerpo. Y así como la película utiliza con economía el soundtrack para darle espacio al sonido ambiental o al simple (pero poderoso) silencio, también lo hace con los diálogos que le dan, unos que en momentos de mayor intimidad otorgan más información por lo que no dicen (como una escena de conversación entre dos personajes a la luz y calor de una estufa en la que, a pesar de olerse el lugar común con oraciones como «si eres tú, está bien», sabe jalar el hilo de los pesares personales en la comparación con la experiencia del otro y, a la vez, apreciar mejor las semejanzas entre ambos).

    Y a eso hay que sumarle la presencia de la dimensión sexual de Sakura. Ya sea vía momentos de comedia para cortar la tensión (pocos y que llegan a ser muy evidentes) o más sutiles como un encuadre determinado con cierta inclinación corporal de la heroína, cada tanto se nos recuerda a los espectadores y a Shirou que la imagen superficial de hermana acomedida a la que se nos ha acostumbrado contiene a una persona que también puede atraer en ese sentido.

    Por su parte, Shirou parece recoger la convicción del estudio y verse con más decisión, sin tiempo que gastar en la duda, lo que ayuda a que las cosas se sucedan sin dificultad. El precio de centrarse es, inevitablemente, mostrar con brevedad a otros personajes que en entregas alternativas tuvieron más peso y tiempo en la historia, pero es más que satisfactorio pagarlo; lo mencionamos anteriormente, no intenta dar lo que los “fans”quieren, como extender escenas con sus personajes favoritos, sino que los utiliza en la medida que sirven para la historia y esa es una forma mucho más digna de aparecer que estar «metido con calzador» por hacerle el servicio a los seguidores, y una forma tácita de respeto y confianza hacia la obra original. Eso se extiende a las escenas de acción: aparecen cuando tienen que aparecer (y vaya que es impresionante cuando lo hacen). Aunque también vale decir que hay uno que otro momento en el que puede pasarse un poco, no tanto en la brutalidad gráfica presentada, comprensible en una historia en la que hay combates a muerte, sino en alguna descripción (véase el momento en el que Illya comanda a Berserker mientras la animación se gasta en sus movimientos acelerados). El resultado puede ser el causar humor involuntario en un momento que se supone de fuerte contraste, de shock (la imagen de la pequeña niña que con alegría verbaliza las torturas esperadas para su contrincante).

    Aimer en el concierto «blanc et noir» (2017), en el que interpretó «Hana no uta»

    En el aspecto musical, las composiciones de Yuki Kajiura saben medirse y son más reconocibles cuando la acción está por llegar. Con experiencia en proyectos relacionados al universo de “Fate/stay night”, comentó en una entrevista previa al estreno de la película que, a diferencia de las otras producciones, la música que creó para esta historia, en la que una chica trata de ocultar lo que lleva dentro y, aun así, relacionarse con el protagonista, trataba de seguir ese patrón de avance y retroceso. Kajiura también tiene créditos por la canción de cierre y tema de la película: “Hana no uta” («La canción de las flores»), la misma a la que le puso música y letra, dejando la interpretación a Aimer. Aunque la versión que llegó a cines latinoamericanos no contó con los subtítulos para la misma, es más que seguro que el espectador pueda sentir aquí también ese tira y afloja, ese vaivén del que hablaba la compositora, en la voz de la cantante.

    “Fate/stay night: Heaven’s Feel – I. presage flower” cumple de sobra como la primera cinta de una prometida trilogía al sentar las bases en la relación de sus dos protagonistas, brindar momentos de acción que no se sienten forzados con una calidad de animación impresionante, y dejar terreno para explotar en sus continuaciones. El segundo capítulo “Heaven’s Feel – II. lost butterfly” se anuncia para este 2018 (en Japón), y el que escribe lo espera desde ya.

  • En este rincón del mundo

    En este rincón del mundo

    “Kono Sekai no Katasumi ni” (En este rincón del mundo, 2016) es una obra nacida del amor. La película de Sunao Katabuchi, estrenada comercialmente en Japón el 12 de noviembre, está basada en el manga homónimo de Fumiyo Kouno, autora nacida en Hiroshima, capital de la prefectura que lleva el mismo nombre. Este empezó a serializarse entre 2007 y 2009, aunque Kouno ya se había hecho conocida antes con el manga “Yunagi no Machi. Sakura no Kuni” (Ciudad de tardes tranquilas. País de cerezos, 2004), en el que exploraba qué significó la caída de la bomba atómica en su ciudad natal para la gente común que ahí residía. Con “Kono Sekai no Katasumi ni” volvía a Hiroshima y a ese interés por las personas que vivieron en sus casas y calles el desarrollo, fin y los momentos posteriores al conflicto. Porque siempre hay un después, aunque no lo veamos.

    Afiche promocional para Latinoamérica

    ¿De qué va? Suzu Urano es una niña con gran imaginación, siempre con la cabeza en las nubes como ella misma reconoce. Su historia inicia en 1933 en Hiroshima, su ciudad natal, y nos va mostrando pasajes de su niñez, de su familia y relaciones que formó hasta que en 1943 un hecho cambia su rutina: su mano es pedida por un joven llamado Shusaku Houjo, a quien ella no conoce y que viene de otra ciudad. Sin mayor oposición, Suzu acepta y se muda con la familia de su esposo a Kure (prefectura de Hiroshima), un puerto de Japón en el que se construyen barcos para la guerra. Suzu, algo distraída, pero siempre con buena disposición y ganas de ayudar, empieza a acostumbrarse a su vida de casada, a sus nuevos familiares y a llevar el día a día para mantener la casa, mientras los ruidos de la Segunda Guerra Mundial van acercándose cada vez más.

    En este rincón del mundo nos invita a amar a sus personajes, a interesarnos por las cosas que suceden dentro de una familia a la que le ha tocado vivir en un determinado tiempo y lugar, sus pequeñas, pero esenciales, luchas en el quehacer cotidiano, las interacciones entre los miembros de esta y su comunidad, y su actitud realistamente positiva ante la desgracia. Entendido así, uno puede encontrarle más cercanía con, por ejemplo, Mis vecinos los Yamada (1999), que con La tumba de las luciérnagas (1988), curiosamente ambas de Isao Takahata. Captar esa familiaridad y transmitirla al espectador puede ser algo difícil de lograr. Pero es evidente que al amor que Kouno le puso a su manga, se suma el de Katabuchi y Studio MAPPA. A pesar de los problemas que afrontó la cinta, los creadores perseveraron y siguieron adelante con el trabajo. Cuando en el 2015 faltaba presupuesto para terminar la película, confiaron en la gente: abrieron un proyecto de recaudación masiva (crowdfunding) en la web japonesa Makuake (a la que seguramente reconocerán entre los créditos). El respaldo fue mayor del esperado y En este rincón del mundo pudo ser completada.

    A primera vista, el diseño de personajes, trabajo de Hidenori Matsubara y que es bastante fiel al estilo de la autora original, podría parecer más adecuado para una película infantil, con cuerpos encogidos y cierta simpleza en los trazos, pero mantenerlo tal como en la historia base ayuda a aceptar con facilidad los momentos graciosos en familia, a costa de que, al principio, uno pueda confundir a algún personaje, sin que esto signifique que cuando acontecimientos más graves toquen a la puerta se sientan fuera de lugar.

    Hablar de En este rincón del mundo es hacerlo de Suzu Urano (después Houjo), un personaje cuya introducción misma nos muestra una mente ingeniosa e inclinada al arte, rasgo que se mantendrá  por toda la historia (un pequeño momento notable que refleja esto último ocurre cuando, ante la posible tragedia, Suzu piensa en colores y dibujos como los que ella elabora, visualmente representados y encajados con unos cortes de edición bien puestos). Su buen talante la hace aceptar las cosas que llegan con actitud positiva, sin que esto le niegue una naturaleza más compleja, de alguien que sopesa el haber podido tomar caminos diferentes en su vida y que se revelan a medida que ciertas cosas ocurren: la visita de un antiguo amigo, la pérdida de un ser querido.

    Suzu Urano es interpretada en su versión original japonesa por Non, nombre artístico de Rena Nounen, en su primer papel como actriz de voz. Sin embargo, ella no es una principiante en el mundo de la actuación ya que tiene créditos desde el 2010 en diferentes doramas y largometrajes, entre los que destaca la serie de la NHK “Amachan” (2013). En la versión con doblaje para Latinoamérica, es interpretada por Erika Langarica en lo que es un buen primer trabajo protagónico, con una voz que a algunos tal vez les recuerde la de Cristina Hernández (voz latina de Sakura Kinomoto en «Card Captor Sakura»), pero con toques personales. Aunque muchos aficionados a la animación japonesa tengan reservas con respecto a los doblajes, vale la pena darle la oportunidad.

    El resto de la familia Houjo completa el cuadro. Y, entre ellos, sobresale Keiko, hermana de Shusaku y madre de una niña llamada Harumi. Ella y Suzu terminan formando un lazo creíble, debido en buena parte a cierta oposición en sus personalidades y circunstancias: Keiko tiene un carácter fuerte, salió de casa y se encontró con un nuevo entorno familiar hostil; Suzu siempre ha sido muy comprensiva y amable en el trato, y al salir de casa, se topó con una familia que la recibió con los brazos abiertos. Resulta muy interesante verlas interactuar y cómo su relación se va construyendo poco a poco.

    Y es que En este rincón del mundo se preocupa mucho porque conozcamos las, aparentemente, pequeñas actividades de sus personajes, que parecen llevar una vida simple, pero que encuentran en el día a día una nueva razón para seguir. La película se detiene en cosas como el esfuerzo de Suzu por cocinar una buena cena con lo poco que el racionamiento les da (muestra, otra vez, de su ingenio), la construcción de un refugio, la modificación de la vestimenta, detenerse a ver los barcos desde la huerta familiar o pasar por un camino tantas veces que ya nos son familiares. Lo hace porque esos momentos importan. En cierto punto, ya no estamos viendo personajes que se sientan a la mesa; nosotros nos sentamos con ellos.

    Por eso es tan doloroso cuando los horrores de la guerra se acercan. Porque hemos pasado tiempo conectando con ellos, nos identificamos con sus problemas cotidianos, porque tememos lo que puedan perder, porque ahora también podríamos hacerlo nosotros. Y hay un momento de duda. ¿Ha valido la pena esforzarse cada día, mostrarle buena cara al mañana? Obtenemos una respuesta relativamente rápido.

    En un momento, ya avanzada la película, nos es recordado algo importante sobre la historia, que ya ha estado ahí, pero ahora se verbaliza: dos personajes caminan junto al muelle empujando una carreta con alimentos mientras cae el sol; uno de ellos suelta la que es quizá la línea más devastadora de toda la cinta: alguien que le era muy amado murió cerca de ella, pero, por la magnitud del daño de lo ocurrido en Hiroshima, ni siquiera pudo reconocerlo y, a la vez, le recuerda a la persona que la acompaña una desgracia propia. Estas palabras son dichas sin exagerada emoción, casi de forma casual, aunque con respeto. Y luego continúa con una afirmación: no sirve de nada llorar ahora. Con tanto por hacer y reconstruir, con tanta gente que necesita atención, derramar lágrimas y sucumbir ante la desesperación no ayuda a nadie, toca vivir el hoy, porque habrá que vivir también mañana y pasado; agradecer por lo que aún se tiene; y recordar a los que ya no están con una sonrisa en el rostro.

    El tiempo que llega a abarcar la historia nos confirma que la importancia no está en la guerra, sino en la gente, aquellos que conocimos y a los que seguimos, sentados a la mesa, compartiendo como todas las noches en ese lugar del mundo al que nos gusta pertenecer, aunque lo demos por sentado o pasemos de largo por la rutina: el hogar. Y la vida continúa.

    De izquierda a derecha: Fuyumi Kouno (mangaka), Non (actriz de voz de Suzu), Sunao Katabuchi (director), y kotringo (compositora de la banda sonora)

    La música de kotringo acompaña bien las situaciones y su piano se hace más evidente en situaciones de cierta gravedad en un tramo posterior de la cinta. Sus intervenciones vocales son lo más resaltante: “Kanashikute Yarikirenai” (Insoportablemente triste) en una apertura breve que, como comentamos en una entrada anterior, tiene un aire nostálgico; la canción incidental “Migite no uta” (La canción de la mano derecha), cuya letra fue escrita por los mismos Fumiyo Kouno y Sunao Katabuchi; y la que cierra la película. En este punto, es bueno hacer mención a que hay dos momentos en los créditos finales. El primero es un pequeño epílogo de la historia que acabamos de ver, cuyas imágenes son acompañadas por la canción «Tanpopo» (Diente de león). El segundo es la historia de un personaje que conocimos durante la película contada a través de dibujos con la emotiva pieza para piano “Suzusan” como fondo. Conviene mucho quedarse hasta que el último crédito ha salido en pantalla.

    En este rincón del mundo es, en definitiva, una de las mejores películas que han llegado a nuestras salas en lo que va del año, y un gran regalo que Kouno, Katabuchi y el equipo de MAPPA nos han dado. Pocas veces puede verse este cuidado, admiración y amor por personajes que viven un día a la vez, preocupándose por sus seres queridos, tendiéndole la mano al vecino, sonriendo a pesar de la desgracia, aunque el mundo se consuma en su propia locura. Hay genuina grandeza en ello.

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  • Sword Art Online: Ordinal Scale – Impresiones

    Sword Art Online: Ordinal Scale – Impresiones

    En estos días en que los complejos de cine empiezan a tantear la demanda por largometrajes de animación japonesa y gracias al esfuerzo de algunos valientes distribuidores, tenemos la oportunidad de apreciar unas cuantas películas de forma oficial. «Sword Art Online: Ordinal Scale», para sorpresa y alegría de sus seguidores, es una de ellas.

    Un poco de contexto: “Sword Art Online: Ordinal Scale” (SAO: OS) es la más reciente película producida por A1-Pictures y distribuida por Aniplex. Es la continuación de las dos exitosas temporadas de la teleserie “Sword Art Online” (2012 y 2014 respectivamente), basadas en la serie de novelas ligeras del mismo nombre escritas por Reki Kawahara y que se publican desde 2009. SAO: OS fue dirigida por Tomohiko Ito, también director de las series “Seikimatsu Occult Gakuin” (2010), “Gin no Saji” (2013), y “Boku dake ga Inai Machi” (2016),  y contó con los diseños de personajes de Shingo Adachi; ambos repiten las labores que tuvieron en la mencionada serie de TV. Su esperado estrenó se dio en Japón el 18 de febrero de este año, 2017, para luego recorrer otros países asiáticos el mismo mes. Y captó la suficiente atención como para conseguir distribución en América: el 1 de marzo llegó a Estados Unidos y el 4 de ese mes, a México. El 23 de junio llegaría a Perú con funciones limitadas.

    Afiche promocional de la película

    ¿De qué va? En el año 2026, después de escapar del juego de realidad virtual Sword Art Online y haber tenido experiencias en otros del mismo tipo, Kirito y Asuna disfrutan de una vida común de pareja adolescente junto a los amigos hechos. Mientras tanto, un artefacto tecnológico que hace uso de la realidad aumentada, Augma, se vuelve muy popular e invade rápidamente varios aspectos de la vida diaria. El entretenimiento es uno de ellos: Ordinal Scale, el nuevo juego al que se puede acceder con el Augma, gana popularidad entre los jóvenes, así como Yuna, una inteligencia artificial con apariencia de idol adolescente que lo promociona. Ante la insistencia de Asuna, Kirito accede a participar en Ordinal Scale, con todo y las dificultades que conlleva. Y es en una de sus primeras experiencias en OS que se topan con un jugador, Eiji, que parece calcular sus movimientos y tener una agenda propia, que incluye a los sobrevivientes de SAO. ¿Qué es lo que busca? ¿Cuál es su relación con Yuna? ¿Qué tanto tiene que ver el auge de Augma y la realidad aumentada con todo esto?

    Lo primero que viene a la mente al pensar en “SAO: Ordinal Scale” es que es una película pensada para los fans. No porque sea, como algunos afirman, complicada de seguir para alguien no familiarizado con las aventuras de Kirito, Asuna y compañía. No lo es. Aunque hayan muchas referencias a las dos temporadas de la serie original, especialmente al primer arco, el de Aincrad, los datos importantes que permiten entender la trama son recordados, aunque sea de forma rápida, y lo que no, es fácilmente deducible. Habría que estar muy distraído para no comprender de qué va el asunto si se es un espectador nuevo y la película no busca ser retadora en ese aspecto. El problema surge desde el lado emocional. Si no se ha pasado tiempo con estos personajes, si no se tiene algún tipo de apego, va a resultar difícil el conectar.

    Tomohiko Ito junto a un afiche promocional

    SAO: OS es muy consciente de que es parte de una cadena. Una porción con ciertas limitaciones. Explico: la película se sitúa después de los sucesos de las dos primeras temporadas de la serie de TV, pero, a diferencia de estas, no está basada en la historia que cuentan las novelas ligeras de Kawahara (la misma que va más allá de las adaptaciones), sino que es una creación exclusiva escrita entre el autor original y el director de la cinta. Conociendo su posición, para asegurar que no se choque con la continuidad de la fuente, hay cosas que no se puede permitir, como cambiar significativamente la personalidad de los personajes conocidos o alterar sus relaciones más allá del fortalecimiento de las mismas. Algo más cercano a, por ejemplo, la primera película de Card Captor Sakura o la de Cowboy Bebop, “Knockin’ on Heaven’s Door” (insertadas en medio de una historia mayor y a la que no podían afectar sustancialmente), que a las recientes “Kimi no Na Wa.” de Makoto Shinkai o “Koe no Katachi” de Naoko Yamada.

    Como es de esperarse de un producto pensado para la gran pantalla, el aumento del presupuesto se traduce en una animación que se luce en los momentos de acción, especialmente en el clímax, aunque también haya más de una ocasión en la que los movimientos robóticos de gente que figura en el fondo, imágenes generadas por computadora, haga acto de presencia y llame la atención. Pero el momento más cercano a transmitir audiovisualmente lo esencial de la cinta no ocurre durante un enfrentamiento, sino en un instante de relativa calma, pero de contenida desesperación: un personaje descubre, en medio de la noche, que parte de sus recuerdos se han ido, los rostros de personas conocidas se desdibujan, se difuminan. Hay preocupación en sus ojos. Al final de la escena, mientras observamos de lado y a cierta distancia, la imagen entera de ese personaje también se difumina. Es una buena forma de plantear, sin utilizar palabras, que la imagen que tenemos de nosotros, nuestra identidad, está ligada a nuestras memorias. Porque de eso intenta ir SAO OS: memoria y olvido.

    Es una lástima, sin embargo, que momentos similares, que intenten salirse un poco del molde, sean escasos. Hay ideas que introduce a las que podría sacarles mucho más el jugo como explorar con mayor profundidad el límite no claro entre la realidad virtual, la realidad aumentada y el sueño propio, la duda ante lo que es y no, y transmitirle esa sensación de duda al espectador. Sólo hay un instante en el que se haga mención a ello, pero no tarda en volver al camino conocido y queda en el aire.

    La película no sólo tiene como idea central a la memoria, sino que también está empeñada en ser un vehículo de la misma y mostrar personajes para el recuerdo y deleite de los fans, aunque muchos no tengan un aporte significativo, aparezcan sólo unos instantes o incluso estén metidos con calzador (la peor parte entre los secundarios se la lleva Suguha con un par de tomas, en el ya corto tiempo que le dan, que parecen solamente interesarse en una parte específica de su cuerpo). Como contrapeso, los nuevos personajes introducidos suman a la historia: Eiji, el misterioso jugador de OS, o el profesor Shigemura, desarrollador de la tecnología que impulsa Augma, son antagonistas que, en un punto avanzado, llegan a generar interés y hasta empatía, con motivaciones comprensibles, a pesar de que estas no sean del todo lógicas (entendible en cierta medida por la turbación emocional y el intenso afán de redención). Aunque queda, nuevamente, la sensación de que se podría haber aprovechado mucho más. Un ejemplo es Yuna: los seres humanos nos preguntamos sobre la razón de nuestra existencia, sobre nuestra identidad, y la realidad en la que vivimos; imaginen el tremendo conflicto de una inteligencia artificial con conciencia, los cuestionamientos que podría plantearse.

    Yuki Kajiura en el concierto «Sign all Overtures» (2015)

    Por el lado musical, el trabajo de Yuki Kajiura, compositora también de la serie de TV, es de hacer notar, realza muchas escenas: los enfrentamientos adquieren un aire de liturgia con los coros así como las intervenciones vocales de Yuna, mérito compartido con Sayaka Kanda (actriz de voz de la idol), dos colaboradoras usuales de Kajiura: Remi (nombre artístico de Remi Tanaka) y Yuriko Kaida, así como el coro de la Filarmónica de Tokio. Incluso construye, con alguna pista suya, un ambiente de intriga y extrañeza mejor que lo mostrado por la animación.

    “Sword Art Online: Ordinal Scale” suelta algunas ideas interesantes, pero no se compromete totalmente a explotarlas (un Kirito con dificultades para pelear por ejemplo), se conforma, y acumula apariciones más de lo necesario. ¿Estos reparos significan que no es disfrutable? Como mencionamos al inicio, está película está hecha con los viejos fans en mente. Sabe que sirve a un propósito: reavivar la llama de sus seguidores, hacerles recordar los buenos momentos vividos («creo que en su profesión le llaman nostalgia»), entretenerlos, hacer que quieran más de Kirito y compañía. E intenta no salir demasiado de esa comodidad. Al final, deja la sensación de que pudo hacerse más, recortarle el tiempo a miembros de la banda del protagonista cuyo aporte no es vital y centrarse en el tema de la memoria, sumergirse en el cambio que supone su perdida en la percepción de la identidad propia (esos escasos momentos mencionados son una muestra de querer ir en esa dirección). Pero eso significaría no darle espacio al personaje favorito de uno u otro fan y SAO: OS teme también no complacer, incluso si esto le juega en contra como historia y lo restringe más que ser aquella pieza de una cadena mayor.

    Si es tu primera vez con SAO, lo más probable es que no te emocione mucho por la desconexión con personajes que ya tienen un recorrido, aunque cabe la posibilidad que entre la animación, la música y la acción, luego quieras saber un poco más. Y si has visto y te gustaron las dos temporadas previas, lo más probable es que vayas a pasar el tiempo de tu vida sentado en la butaca del cine si lo que buscas es reencontrarte con viejos conocidos y quizá recordar buenos tiempos (ciertamente, en la sala a la que asistió el que escribe, el muy buen ánimo del público era claramente perceptible). No olvides quedarte hasta que terminen de pasar los créditos.

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  • Sennen Joyuu (La actriz del milenio, 2001) Parte 2 de 2

    Sennen Joyuu (La actriz del milenio, 2001) Parte 2 de 2

    Satoshi Kon inició este proyecto pensando en que sería la hermana de “Perfect Blue”, ya que quería utilizar un manejo de técnicas similar (y ampliado) a los vistos en esta, pero hacer una historia positiva. Durante la producción de su primer largometraje, fue haciéndose consciente de que la historia se hacía cada vez más oscura, así que ahora quería mostrar el otro lado: una figura de admiración y un admirador (Genya) que es lo opuesto a la obsesión fanática y enferma mostrada en “Perfect Blue”.

    Satoshi Kon un una entrevista para el DVD de «Sennen Joyuu»

    «Lo más interesante de trabajar con otros es encontrar ideas interesantes que yo no podría imaginar», dice Satoshi Kon en una entrevista para la edición casera en DVD de “Sennen Joyuu”. Tras aquel encuentro con el productor Taro Maki en 1998, con el que el proyecto para su siguiente película inició, Kon pensó en varias ideas hasta dar con una que se acomodara a lo que se proponía: una historia interpretable desde diferentes perspectivas. Trabajando junto a Sadayuki Murai, colaborador en “Perfect Blue”, desarrollaron la trama y seis meses después tenían una versión final del guion. Y luego del guion, el director se encargó de elaborar el storyboard, mientras él y su equipo en el estudio Madhouse seguían una investigación exhaustiva para conseguir referencias y conocer más sobre la historia japonesa durante los últimos mil años, así como buena parte de la historia del cine nipón de la era Shouwa. Esta tarea les tomó un tiempo considerable, pero redituó, especialmente en el departamento de arte y el diseño de personajes, al perfilar mejor la versión definitiva de Chiyoko a través del tiempo. La contribución de todos en los distintos aspectos de la producción, la expansión de esa primera idea, demostraría que las palabras de Kon no eran sólo un cumplido superficial.

    Cuando ya se tenía lista casi toda la animación, empezó el proceso de doblaje. Como la historia se expande durante varias décadas y Chiyoko crece, fueron necesarias tres actrices para darle voz: Fumiko Orikasa (adolescencia y juventud), Mami Koyama (adultez), y Miyoko Shoji (senectud). Koichi Yamadera fue elegido para ponerle la voz al hombre misterioso de la llave. Satoshi Kon condujo las sesiones con la ayuda de Masafumi Mima, director de sonido del largometraje, quien, aparte de proporcionar ideas sobre las interpretaciones, servía como medio entre el director y los actores.

    Las tres edades de Chiyoko: (De izq. a der.) Fumiko Orikasa, Mami Koyama y Miyoko Shoji

     

    ¿Quién es la mujer que corre?

    Desde que se tuvo la idea de hacer de la protagonista una actriz, parte de la investigación realizada para la película se centró en el cine japonés. De los varios nombres con los que, seguramente, se debe haber topado Satoshi Kon, salen a relucir dos que él mismo menciona en una entrevista posterior efectuada en el 2002: Setsuko Hara y Hideko Takamine.

    (Izq.) Hideko Takamine en «Midareru» («Tormento», 1964) de Mikio Naruse. (Der.) Setsuko Hara en «Tokyo Monogatari» («Una historia de Tokio», 1953) de Yasuhiro Ozu.

    Aunque vale aclarar que Chiyoko no se basó directamente en ninguna actriz y fue formándose por pedazos, según se acomodaban ciertas características al personaje que se tenía en mente. Quizá al espectador que ha tenido contacto con filmes de la época que se describe en “Sennen Joyuu” le sea fácil ver las similitudes con la primera mencionada: Setsuko Hara fue una actriz muy popular en la era Shouwa, protagonista de varias películas clásicas, seis de ellas dirigidas por el maestro Yasuhiro Ozu, alguien cuya obra definitivamente conviene buscar. Al igual que Chiyoko, luego de iniciar su carrera muy joven en los años treinta y alcanzar el éxito, abandonó la actuación a inicios de los ’60 sin dar muchas explicaciones y pasó las siguientes décadas sin hacer apariciones públicas o brindar entrevistas hasta su fallecimiento el 15 de setiembre del 2015. Por su parte, Hideko Takamine también fue una actriz que empezó a muy temprana edad y ganó popularidad en la era posguerra, especialmente en filmes de Mikio Naruse, otro director a tomar muy en cuenta. Kon menciona que su sonrisa en pantalla ayudó a muchos a sobrellevar los tiempos díficiles. En ese punto recordamos como Chiyoko narra lo que pasó después de la guerra: en el tiempo de la reconstrucción, el hacer cine le daba a la gente del estudio Gin’ei un motivo para seguir a pesar de toda la desgracia, y no es raro suponer que las ficciones cinematográficas brindaban un entretenimiento necesario a los espectadores en este nuevo mundo.

    Pero ¿qué personaje formaban estas y otras actrices de antaño? ¿Quién es aquella cuya vida será una eterna búsqueda? ¿Quién es la mujer que corre? Luego de nacer durante el Gran Terremoto de Kanto ocurrido en 1923 en Japón y quedar huérfana de padre al mismo tiempo, Chiyoko crece con su madre. Su economía es estable debido al negocio que este les dejó, lo que le permite tener una buena educación. En la adolescencia, el dueño de los estudios Gin’ei le ofrece la oportunidad de ser actriz en la nueva película que rodará en Manchuria, a lo que su madre se niega. Mientras ambos conversan, Chiyoko sale a la calle y choca con un misterioso hombre herido y lo ayuda a escapar de la policía: lo aloja en un almacén de su casa. Este encuentro marca el destino de Chiyoko, ya que le hace prometer que le dirá qué abre la llave que cuelga de su cuello, pero la tragedia ocurre y la policía registra la casa al día siguiente. Chiyoko encuentra la llave y es avisada de que aquel hombre va a escapar en tren, así que corre para devolvérsela.

    En un principio, Chiyoko parece seguir una vida relativamente normal para una señorita de esos tiempos (años ‘20 y ‘30), ir por un camino sobre el que no tiene control, pero que no le preocupa mucho, con intereses que son más románticos y quizá algo fantasiosos. Cuando se topa con este hombre, la ilusión de encontrar al príncipe azul que menciona temprano en la película se encarna, lo que da pie, luego, a que tenga un propósito al que se subordinarán sus acciones futuras: volverlo a ver, regresarle la llave y saber qué abre. Desde aquí, Chiyoko se convierte en la personificación de una voluntad inquebrantable que traspasará el espacio y el tiempo, que siempre estará buscando en sus diferentes vidas.

    Satoshi Kon la describe como alguien que no podría existir en la vida real, a pesar de que podamos empatizar, debido a que la atención en su objetivo es tan intenso que la haría muy egoísta para los que la llegaran a rodear en el plano real y cree que nadie la soportaría. Por un lado, Kon quería colocar eso en ella porque reconocía en sí mismo esa característica. Por otro, quería formar una figura a la que admirar, cuya firme voluntad lo inspirara a sobreponerse a ciertas incertidumbres que tenía.

    Pero no sólo Chiyoko aparece en esta historia. El que le hace la entrevista, Genya Tachibana (interpretado por Shozo Iizuka en la adultez y por Masamichi Sato en la juventud), y Kyoji Ida (Masaya Onosaka), su camarógrafo, pronto se ven envueltos en la vida de Chiyoko. El primero demuestra mucho respeto y admiración por la actriz por lo que involucrarse le es casi natural y un privilegio. Mientras que para Ida es un tanto desconcertante, quizá haciendo eco de un asombro inicial del público que ve “Sennen Joyuu”. Conforme pasan los minutos, nos damos cuenta que Genya es más que un aficionado y tiene un interés bastante real y noble. Ambos inician de forma distinta su viaje al pasado, pero terminan con una genuina preocupación por ella, así como se espera de la audiencia: funcionan bien como nuestro nexo.

    Otros tres personajes con importancia en la vida de Chiyoko son el hombre de la cicatriz (Masamune Tsukayama), que aparecerá como el perseguidor que no dejará que esta complete su misión, aunque uno se dará cuenta rápidamente que su imagen es más una proyección de aquel policía que iba tras el hombre de la llave cuando era adolescente. Otaki, hijo del director que, eventualmente, toma su lugar y se encapricha con Chiyoko. Los constantes rechazos de ella nos recuerdan que no ha abandonado su búsqueda.

    Pero el personaje secundario antagonista más interesante probablemente sea Eiko, la actriz mayor a la que Chiyoko le cae mal inmediatamente. Uno puede suponer cierto recelo de su parte por la posible amenaza que esta adolescente puede representar y, de hecho, lo llega a expresar, pero su necesidad de odiarla parece corresponder a una idea, más que a la misma persona: cuando la guerra está en su apogeo, ella salva a Chiyoko de una muy probable muerte al convencerla de que regrese al refugio. Ningún otro personaje sale a hablar con ella. Como si Eiko necesitara que Chiyoko, ese objeto de odio, tuviera que seguir viviendo para que ella misma pueda seguir odiando, su única motivación, una que parece consumirla y languidecer con los años.

    El loto florece con música

    (Izq. arriba) Portada del álbum «Kenja no Propeller». (Izq. abajo) Portada de la banda sonora de «Sennen Joyuu». (Derecha) Susumu Hirasawa

    Satoshi Kon quería que la música de “Sennen Joyuu” fuera hecha por alguien cuyo trabajo admiraba mucho y que contaba con más de veinte años de carrera para cuando se le propuso componer para la producción: Susumu Hirasawa. A Hirasawa no le era ajeno el elaborar bandas sonoras; en ese tiempo, su trabajo más conocido en la industria de animación era la de la serie “Berserk” (1999). Kon se sorprendió que aceptara y se sintió muy afortunado, era como un sueño hecho realidad; no sólo era un músico que le fascinaba, sino que, al igual que quería conseguir con Chiyoko, le inspiraba. Por eso pensó que su trabajo encajaría muy bien con el largo.

    En paralelo con la banda sonora de la película, Hirasawa trabajaba en un proyecto como solista, un álbum inspirado en la alquimia de Myanmar, país también conocido como Burma y que se encuentra en el sudeste asiático: “Kenja no Propeller” («El propulsor del alquimista»). En cierto punto, se dio cuenta de que una canción que había preparado para ese álbum iba muy bien con la historia de Chiyoko, por lo que decidió incluirla también en la banda sonora. Esta se convirtió en el cierre de «La actriz del milenio»: “Rotation [lotus-2]” («Rotación [loto-2]»). La rotación, según explicó luego, es un proceso alquímico por el cual la materia a ser trabajada se va purificando. Este proceso lo relaciona con la creencia budista de la reencarnación, de las múltiples vidas por las que pasa una persona, un tránsito circular (samsara) que no se detiene hasta que se llega a la iluminación.

    Pequeños detalles

    En “Sennen Joyuu”, hay algunos elementos recurrentes, que veremos o se mencionarán más de una vez a lo largo de la cinta, y otros que resaltarán. Como mencionamos al hablar de la música de Hirasawa y “Rotation”, hay una conexión con las creencias budistas que, para un público como el japonés, familiarizado con sus enseñanzas, serán más evidentes, pero que quizá a uno occidental pueda serle más esquivo.

    Detalles de escenas en las que aparece la flor del floto

    En primer lugar, desde cierta perspectiva, la protagonista vive durante la historia japonesa desde la era Heian (794-1185), época en la que florecieron las escuelas budistas en Japón, y es en este escenario que se topa con la maldición de una muy anciana mujer que le dice que vivirá una eterna búsqueda. Así, pasará de vida en vida (papel en papel), con un propósito no cumplido.

    Para salir del tránsito perpetuo es necesaria la iluminación, la misma que es representada por la flor del loto. Ahora, en “Sennen Joyuu” el loto aparece unas cuantas veces: en el nombre de la productora de Tachibana (cuya presencia remueve el pasado), en la conversación inicial que tiene con Chiyoko en la que esta le informa que las flores de loto de su estanque están prontos a florecer (el loto no florecido representa la posibilidad de la iluminación), y también lo vemos en el viaje final: en la luna, el loto metálico se abre para dejar ir a Chiyoko y ella nos revela el real propósito, ahora entendido, de todos estos años de búsqueda.

    Detalles de escenas en las que aparecen las grullas

    Otro elemento recurrente es la presencia de grullas: en las telas que cubren a una recién nacida Chiyoko, en la decoración de una de sus primeras fotografías (algo que podría parecerle natural a un japonés ya que la grulla se asocia a la familia), en la habitación en la que se hace la entrevista aparecen en las paredes, así como en una escena muy avanzada la película en la que Genya tiene colgadas muchas grullas de papel en su vehículo. La grulla es un ave muy conocida por los japoneses, se encuentra presente en cuentos y leyendas, y se le atribuía una larga vida: mil años (aunque hoy sabemos que no viven tanto, es cierto que tienen una expectativa muy alta para un ave). También representan la fidelidad y es popular la historia en la que, si se hacen mil grullas de papel (origami) en un año, un deseo es concedido. Es obvio que esta asociación con Chiyoko está lejos de ser casual. Quizá también tenga que ver el hecho de que Satoshi Kon sea originario de Hokkaido, una de las cuatro islas más grandes del archipiélago japonés y la que está más al norte, único lugar del país en la que se pueden encontrar. Hokkaido, un lugar que cobra importancia llegados a un punto de la historia.

    Los terremotos también se vinculan con la vida de Chiyoko desde un inicio, ya que, como se ha dicho antes, ella nació durante uno. Y un par de movimientos de tierra vuelven a ocurrir el día de la entrevista, unos que parecen trascender las barreras del tiempo, el espacio, la realidad y la ficción.

    Detalles de escenas en las que aparecen los anillos de crecimiento

    Algo que han declarado el director de arte y el mismo Kon, y nos muestra la atención a los detalles de la producción, es que se incluyó en diferentes partes de la película, como parte de los escenarios, madera que dejara ver los anillos de crecimiento del árbol al que pertenecía originalmente. La intención es asociar el crecimiento y las experiencias de Chiyoko con algo análogo presente en el entorno. Kon quería que los espectadores pudieran notarlo, quizá no en la primera vista, pero en un visionado posterior, que descubrieran cosas nuevas cuando volvieran a “Sennen Joyuu”, algo que cae bien con una película que busca que veamos desde distintas perspectivas.

    Y son distintas perspectivas las que cree que tendrán los que se den la oportunidad de ver su obra. Por eso fue enfático en señalar que cada uno puede sacar sus propias interpretaciones. Aunque algo es innegable: lo que siente Chiyoko en todas sus vidas es verdadero y trasciende los hechos particulares, la ficción, el presente y el pasado. Así como lo creado por Kon queda, aunque haya partido en su propio viaje.

    Los seres humanos son físicamente mortales […]. El tiempo no es necesariamente lineal y tampoco unilateral. Así que, el cuerpo físico se extinguirá tarde o temprano, pero el espíritu o los pensamientos pueden sostenerse sin limitación de tiempo real.
    -Satoshi Kon en una entrevista realizada en el 2002 por DVD Vision Japan

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  • Sennen Joyuu (La actriz del milenio, 2001) Parte 1 de 2

    Sennen Joyuu (La actriz del milenio, 2001) Parte 1 de 2

    En el año 2001, en el Imperial Cinema de la ciudad de Montreal, Canadá, se realizó el estreno mundial del segundo largometraje del director de “Perfect Blue” (1997), Satoshi Kon. El ambiente del Fantasia Film Festival, evento que tuvo tal honor, estaba cargado de expectativa. Kon había aparecido con un thriller contundente hace unos años y demostrado una vez más en este lado del Pacífico que la animación está lejos de ser sólo cosa de infantes. Para cuando los créditos empezaron a correr y las luces se encendieron, se descubrió entre un grupo de gente que aplaudía de pie su última creación: “Sennen Joyuu” («La actriz del milenio»). En la clausura del festival, la audiencia le otorgaría el Fantasia Ground-Breaker Award, un galardón que premiaba la innovación artística, y el de Mejor película de animación. Pero ¿qué llegaron a ver? ¿Qué historia había preparado Kon en esta ocasión?

    Portada de la edición en Bluray de «Sennen Joyuu»

    Genya Tachibana está produciendo un documental y cuenta con la ayuda de su joven camarógrafo Kyoji Ida. Aprovechando la demolición de los antiguos estudios Gin’ei, pieza fundamental en la industria de cine japonés durante décadas, Tachibana decide revisar la vida y obra de Chiyoko Fujiwara, una muy famosa actriz de cine que inició su carrera desde temprana edad en los ’30 y años después, en el pico más alto de su popularidad, decidió abandonarlo todo. Desde entonces, no ha hecho apariciones públicas ni concedido entrevistas. A pesar del paso de algunas décadas, Tachibana consigue una cita con ella en su retiro, una casa alejada de la ciudad. ¿Por qué ha accedido? Al llegar a su hogar, luego de las presentaciones, Tachibana le entrega a Chiyoko un objeto, el mismo que parece ser una de las razones por las cuales se les ha permitido estar ahí. Este abrirá la puerta de los recuerdos y nos revelará la búsqueda de Chiyoko, un viaje de mil años en el que el pasado y el presente, la realidad y la ficción, se confunden hasta ser indistinguibles. ¿Cuál es la importancia de ese objeto? ¿Por qué Chiyoko abandonó su carrera? ¿Cómo empezó todo esto?

    Una de las cosas que uno notará como espectador de “Sennen Joyuu” es que la película siempre avanza y sólo parece tomarse respiros para luego volver a la carga. Esto hace que su hora y media de visionado se pase rápido. Esta fluidez es debida, en gran parte, a la edición y un manejo experto de las transiciones, algo que ya se había podido apreciar en “Perfect Blue”. Una que es especialmente apreciable en un momento clave de la película en el que recuerdo, ficción y realidad se funden y son atravesados por una voluntad que parece indetenible y que les otorga sentido.

    En esta primera entrega, conoceremos un poco sobre la génesis del proyecto y su desarrollo bajo la supervisión del siempre recordado Satoshi Kon.

    Inicio del viaje

    Luego de que “Perfect Blue” se estrenara comercialmente en Japón a inicios de 1998, a Satoshi Kon se le acercó el productor Taro Maki con la intención de trabajar con él. Impresionado por ese primer largometraje, le propuso hacer algo semejante. No tenía una historia en mente, no tenía personajes, pero quería replicar (y maximizar) aquella narración en la que la perspectiva puede cambiar nuestro entendimiento de lo contado, multiplicar su efecto, hacernos ver que hay más capas de las que estar conscientes. A Kon le pareció interesante y aceptó (más tarde, explicaría que tenía ya dentro de sí una necesidad similar y que la aparición de Maki fue una muy feliz coincidencia). Acordado el cómo contar el nuevo proyecto, se puso a trabajar desde la primavera de 1998 en el Hemisferio Norte (aproximadamente en el segundo trimestre de ese año) en ideas para la trama.

    Sadayuki Murai, coguionista de «Sennen Joyuu»

    Para apoyarlo en ese periodo formativo de la historia, llamó al guionista colaborador de su filme debut, Sadayuki Murai. En este punto, puede parecer que “Perfect Blue” y “Sennen Joyuu” iniciaron de forma totalmente opuesta. En parte es cierto: la primera nació del libro homónimo de Yoshiaki Takeuchi, del que luego se intentó hacer una adaptación live action, pero el proyecto no llegó a buen puerto por ese entonces (años después, en el 2002, se estrenaría “Perfect Blue: Yume Nara Samete”, live action de Toshiki Satou). Ahí fue cuando se le propone a Kon hacer una versión animada, pero, al leer el guion hecho por el mismo Takeuchi, llegó a la conclusión de que no era interesante y, con algunas concesiones, rehizo la historia. Murai escribió un nuevo guion con ideas propias y las de Kon, quien reconoció rápidamente la afinidad que tenían. Para esta nueva película, a la que el director llamaría hermana de “Perfect Blue”, ambos se sentaron a pensar un guion desde cero, con la única condición en mente que su historia les permitiese utilizar distintos planos y acceder a diferentes perspectivas para enriquecerla.

    Entre ideas que iban y venían, posibles tramas que luego eran desechadas, algunas cosas quedaban. Ya que se jugaría con planos diferentes, Kon tenía claro que debían incluir, como ya había pasado con su anterior película, obras dentro de su obra y para ello necesitaba a alguien que viajara entre ellas: una actriz. ¿De qué tipo? Todavía no estaba muy claro. Hasta que Murai propuso que sea de cine, que su historia personal suceda en paralelo con buena parte de la historia del cine en Japón, dentro de la era Shouwa (1926-1989), y su historia como actriz, los papeles que representara, suceda en paralelo con los últimos mil años de historia nipona. Ambos estaban satisfechos con esas ideas y decidieron desarrollarlas. Satoshi Kon no sabía en lo que se estaba metiendo.

    Preparación

    Comprometido con hacer creíbles las representaciones de las eras desde el periodo Heian (794-1185) hasta la actualidad, Kon decidió aprender más de historia de su país. Fue en ese momento en que se dio cuenta de lo poco que sabía de la misma. Realmente poco. Y con la conciencia de esto apareció también la de su escaso conocimiento de cine japonés.  Así que hizo lo que cualquier director esforzado y preocupado por su creación haría: se metió a investigar a la biblioteca y leyó cuanto libro pudo. Aunque nunca los contó, unos años después declararía que serían poco más de 600. 600 libros sobre todos los posibles detalles de esas épocas: vestimenta, comportamiento, formas de hablar, arte, etc. Además, aprendería más de su cine nacional.

    La preparación llevaría su tiempo. Junto con la historia, otros elementos debían ser revisados, como las locaciones de las cuales se tomaría referencia. Por ejemplo, para viajar imaginariamente a eras pasadas, el equipo de “Sennen Joyuu” se trasladó al Toei Kyoto Studio Park que, como su nombre indica, se encuentra en la antigua capital. En este lugar se ha recreado la vida en el periodo Edo (desde inicios del siglo XVII hasta mediados del siglo XIX) con arquitectura, vestuario y objetos comúnmente utilizados por aquel tiempo y que se usan en la grabación de películas y series de televisión, por lo que también contaba con material para foros, iluminación y filmación. Así que el viaje cumplió un doble propósito.

    El equipo visita Toei Kyoto Studio Park. En el extremo derecho: Satoshi Kon y su esposa, Kyoko, con vestimenta samurái

     

    Arte y diseños de personaje

    Cuando la investigación llegó a su término, una que duró bastante por lo mucho que había crecido el proyecto, la información recolectada nutrió el guion de la historia y al departamento de arte. Aunque no era la intención hacer un retrato de la vida y costumbres de épocas pasadas como si de un documental se tratara, sino de ser precisos en mostrar escenarios que se vieran auténticos, la abundancia de información ayudó a tener más recursos cuando de cambiar las cosas se trató, como agregar o quitar elementos de modo que no desencajaran con el ambiente que se iba a crear. Nobutaka Ike, director de arte que había trabajado con Satoshi Kon en su opera prima, se ocupó de los fondos.

    Nobutaka Ike y los primeros diseños del arte de «Sennen Joyuu»

     

    Una de las personas con las que quería volver a trabajar, pero esta vez con diferentes responsabilidades a las de “Perfect Blue”, era Takeshi Honda que, junto a Satoshi Kon, se encargó del diseño de personajes. Esto es crítico tomando en cuenta que a varios de ellos los vemos envejecer, por lo que deben mantener características que los definen a la vez que mostrar el paso de los años, especialmente la protagonista Chiyoko que pasa de la niñez a la senectud. Si observamos los primeros diseños de Honda, notaremos cuan distinto son de los finales. Pero Kon siempre demostró confianza en su trabajo, al punto de hacérsele raro llamarlo sólo ‘Honda’, ya que estaba acostumbrado a llamarlo ‘maestro’. Algunos dibujos después, consiguió ese aspecto tan distintivo (inocente, decidido y elegante) de Chiyoko.

    Takeshi Honda y los primeros diseños de Chiyoko anciana

     

    Pero las referencias tomadas no sólo se limitaron a los ambientes y los objetos. Para recrear de la forma más natural posible los momentos en que Chiyoko corre, utilizaron a una persona para que hiciera eso mientras parte del equipo la grababa. Esta dedicación sería reconocida por Satoshi Kon luego cuando declarara que, a pesar del bajo presupuesto con el que contaban, tenían en su equipo a gente muy talentosa, que escuchaba a los demás y respetaba las ideas ajenas. Y eso es algo que no es fácil de conseguir, incluso con un presupuesto estratosférico.

    En la segunda y última entrega, no sólo hablaremos del aspecto sonoro (y la extraordinaria música de Susumu Hirasawa que pueden disfrutar en el siguiente video), sino también de elementos recurrentes en «Sennen Joyuu», por qué Satoshi Kon dice que esta y «Perfect Blue» son hermanas y ahondaremos en los personajes que dan vida a esta historia.

    [youtube https://www.youtube.com/watch?v=KJY1TomgkBs&w=640&h=360]

  • Makoto Shinkai (2013 – 2016)

    Makoto Shinkai (2013 – 2016)

    La recepción de “Kotonoha no Niwa” fue muy positiva; muchos reconocían la madurez que había alcanzado el trabajo de Shinkai y su paso por algunos festivales fuera de Japón lo confirmaba: ganó el premio a mejor película animada en la 21 edición del Stuttgart Festival of Animated Film en Alemania y el premio del público en el Fantasia Film Festival de Cánada.

    Mientras planeaba su siguiente proyecto, se ocupó de algunos encargos, que no sólo servían para mantenerlo activo, sino que sumaban experiencias de las que luego podría sacar nuevas ideas.

    “SRI LANKA HIGHWAY” («Supercarretera de Sri Lanka») – comercial para televisión (2013)

    Nuevamente la constructora Taisei le encargó a Shinkai la elaboración de un comercial para mostrar otro proyecto: la primera supercarretera del país insular de Sri Lanka. Para eso, viajó a la misma locación y tomó muchas fotografías; y luego de empezar a elaborar las imágenes para el storyboard (las que pasaron directamente a video para agilizar el trabajo, proceso que ya habían probado con “Kotonoha no Niwa”), Shinkai se dio cuenta de que habían más cosas que se podían contar. De hecho, debido al tiempo del comercial, hubo material que se quedó fuera y que él cree que podría haber contado una historia mayor y con otros trabajadores como personajes. Kenichi Tsuchiya vuelve a apoyarlo en la dirección de animación y el diseño de personajes, además de Yoshitaka Takeuchi en el diseño generado por computadora.

    El producto final sigue la línea trazada por “Bosphorus Strait Tunnel”, en el que uno de los ingenieros involucrados en el proyecto recuerda algunos hechos de su niñez (una amistad, una separación) y como se asocian a la meta del futuro. La marca del pasado permanece y perfila el camino. Como la voz del personaje central es puesta por Tasuku Emoto, actor no relacionado a la animación (elección que no es nueva en un trabajo de Shinkai).

    El comercial salió al aire en diciembre del 2013 en versiones de 30 y 15 segundos, y el acompañamiento musical fue compuesto por un viejo colaborador: Tenmon.

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    “VIETNAM NOI BAI AIRPORT” («Aeropuerto  Noi Bai de Vietnam») – comercial para televisión (2014)

    El tercero de los encargos de la constructora Taisei a Shinkai para el que se reúne de nuevo con el equipo del comercial anterior. La promoción esta vez es de la construcción de las nuevas terminales del aeropuerto Noi Bai en la capital de Vietnam, Hanoi, lo que hizo que él y su equipo viajaran ahí y conocieran de primera mano el rápido crecimiento económico de la ciudad, así como conversar con diversos trabajadores para que sus experiencias pudieran servir en la elaboración de historia.

    Siguiendo a los comerciales anteriores, este vuelve a ser una historia en la que el pasado juega un papel importante: un joven ingeniero de Taisei revisa rápidamente entre sus recuerdos, su relación con su padre, constructor como él, y como el perseguir sus sueños y un futuro propio lo lleva a donde está ahora. Kanata Hongou se encargó de interpretarlo y la canción con acompaña el comercial es “Change” («Cambio») del grupo unlimited tone. El comercial salió al aire en agosto del 2014.

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    “CROSSROADS” («Caminos cruzados») – comercial para televisión (2014)

    Cronológicamente, este comercial fue hecho y lanzado al aire en medio de la salida de los dos anteriores auspiciados por la constructora Taisei, pero está colocado aquí porque tiene cierta importancia para el siguiente gran proyecto de Makoto Shinkai.

    Diseños de Masayoshi Tanaka

    Para promocionar sus servicios de asistencia por correspondencia para estudiantes, Z-Kai le encargó un comercial de 120 segundos de duración. A Shinkai le agradaba el equipo que lo elaboraría, aunque había alguien con el quien le entusiasmaba especialmente el trabajar: Masayoshi Tanaka, cuya forma de diseñar personajes se volvió bastante reconocible para los aficionados a la animación japonesa al hacer los de series como “Ano Hi Mita Hana no Namae wo Boku-tachi wa Mada Shiranai (Ano Hana)”, “High School of the Dead” o “Ano Natsu de Matteru”. Pero, antes de todas ellas, Shinkai había visto una producción en la que había dotado a sus personajes de un look distintivo: «Toradora!». Esta serie se volvió una de las favoritas de Shinkai.

    La historia que nos cuenta el comercial nos presenta a dos adolescentes que viven en lugares y en circunstancias diferentes, pero que tienen una meta en común: ingresar a la preparatoria. El muchacho vive en la ciudad, pero por cuestiones de tiempo, no puede asistir a un instituto para prepararse. Ella vive en una isla en la que no hay un instituto cerca. Ambos deciden tomar el servicio de educación correspondencia de Z-Kai. Los días pasan y el momento de mostrar lo aprendido llega. Estos adolescentes que no conocen de su existencia están a punto de cruzarse: un pequeño contacto al momento de ver los resultados y muchas posibilidades se abren. Cabe decir que Shinkai estuvo tan interesado en el proyecto que él mismo escribió la letra de la canción que acompaña el corto, “Crossroads”, interpretada por la cantante pop Yanaginagi.

    El comercial, en versiones de 15 y 30 segundos, salió en febrero del 2014. La versión completa de dos minutos estuvo luego disponible en las redes.

    [youtube https://www.youtube.com/watch?v=ewr_FUAqUHo&w=640&h=360]

    KIMI NO NA WA. («Tu nombre.», 2016)

    Afiche de «Kimi no Na wa.»

    En la primavera boreal del 2014, Makoto Shinkai empezó a hacer escritura creativa para intentar formar la historia que sería su próximo proyecto. Algunas ideas habían quedado de experiencias pasadas como el comercial de “Cross Roads”, en el que estaba más que entusiasmado de participar: la historia de estos dos adolescentes que han vivido en ambientes distintos, pero algo hace que sus destinos se enlacen. A parte de su usual interés por la distancia entre las personas, le daba vueltas  a un poema de la antigua poetisa japonesa Ono no Komachi: «Antes de dormir, pensé en él, y dentro del sueño se perdió. Si hubiera sabido que era un sueño, en el sueño me hubiera quedado». También había pensado en historias tradicionales japonesas en las que los personajes intercambian cuerpos. Cuando las ideas fueron adquiriendo forma, empezó a hacer el guion.

    En la ciudad de Tokio, dos jóvenes, Mitsuha y Taki, se alistan para comenzar el día y mientras tanto escuchamos sus pensamientos: ambos tiene la sensación constante de estar buscando algo que se les escapa, a alguien. Rápidamente nos topamos con una Mitsuha adolescente que despierta una mañana, pero hay algo extraño. Se inspecciona y se sorprende de su cuerpo. Luego pasamos al desayuno familiar en el que su abuela, Hitoha, y su hermana menor, Yotsuha, le comentan que ayer ella estaba muy rara, algo que confirman sus compañeros de escuela. Además encuentra un extraño mensaje en su cuaderno. ¿Qué ha pasado? Pronto cae en la cuenta de que, por alguna razón, cada vez que se va a dormir, intercambia cuerpos con un muchacho de Tokio, Taki, pero que no recuerda nada de lo que hizo cuando era él. Y lo mismo le ocurre a Taki. ¿Por qué estos dos adolescentes que no se conocen intercambian cuerpos? ¿Tiene algo que ver el cometa del que nos hablan en los primeros minutos y que en un mes hará su máximo acercamiento a la Tierra?

    La introducción de “Kimi no Na wa.” (así, con todo y punto) nos remite inevitablemente a películas anteriores de Shinkai, en la que los asuntos inconclusos del pasado van generando cierta melancolía en los personajes, una nostalgia que el tiempo y el olvido acrecientan aunque les sea difícil descifrar la razón exacta a los mismos. Esta tónica es rápidamente interrumpida por la aparición de una secuencia de apertura, como si de una serie anime se tratara, algo no común en su cine. Estos minutos iniciales nos advierten que «Kimi…» es un trabajo reconocible de Shinkai, sí, pero en el que van a haber algunos cambios.

    Aparte de este inicio fuerte, el espectador notará otra cosa: este es el diseño de personajes que más difiere de los presentados en sus anteriores filmes. El mérito es de Masayoshi Tanaka, quien ya había trabajado con Shinkai en “Cross Roads” y que, como ya mencionamos, tenía la admiración del director. Estos diseños, lejos de desencajar, caen bien con una historia en la que vamos descubriendo momentos de comedia, algo que definitivamente era difícil de encontrar en los audiovisuales del director. Estas formas, más propias del anime “mainstream”, curiosamente han terminado interesando a una audiencia que va más allá del público aficionado y acostumbrado a ellas.

    Un poco sobre los personajes y algunos temas

    Taki y Mitsuha viven en ambientes muy diferentes

    Taki es un adolescente de ciudad que tiene interés en la arquitectura, sabe dibujar, y la relación con su padre no parece muy profunda (nunca vemos a su madre). Tiene un trabajo de medio tiempo en un restaurante y está interesado en una compañera de labores, Miki Okudera. También es sabido que pierde la compostura con facilidad. Mitsuha, por otro lado, es una adolescente que vive en un pueblo rural y, aunque no muestra un interés específico, sueña con salir de ese ambiente en el que parece pasar poco e irse a Tokio. La relación con su padre no es buena desde que abandonó la casa y se hizo político. Ella y su hermana menor mantienen la tradición del templo local, son las sacerdotisas que elaboran el sake que luego ofrendan. Ambos tendrán que aprender a entenderse cuando se enfrenten a los distintos estilos de vida del otro.

    Es inevitable en este punto no ver cierta conexión con el mismo Shinkai, que alguna vez afirmó que Tokio era el destino con el que se soñaba cuando estaba en la secundaria de su natal Kuomi. Y ya que mencionamos a Kuomi, las dos locaciones en las que transcurre la acción están íntimamente ligadas al director. Por un lado, el pueblo de Itomori es ficticio, pero fue recreado teniendo en mente el pueblo rodeado de montañas y cielos claros en el que creció Shinkai. Por otro, tenemos a los barrios en los que transcurre su vida actual y que le son muy conocidos (también a los seguidores de su trabajo por haber sido utilizados anteriormente): Shibuya y Shinjuku.

    Partiendo de aquí, hay algunas ideas que Makoto Shinkai quería resaltar. Una de ellas eran los hilos, que simbolizan el tiempo, a las personas que cruzan caminos y se separan, así como las conexiones que establecemos: todo es un gran mallado de hilos que van en todas direcciones y aparecen en forma de cordón umbilical, en el haz de un cometa o el sujetador de cabello de Mitsuha. Esto también hace referencia a la leyenda nipona del hilo rojo del destino que conecta a los enamorados. Otra era el acontecer de un desastre natural. Ya desde los primeros paneles de “Hoshi wo Ou Kodomo”, Shinkai se daba tiempo para recordar el terremoto y posterior tsunami que asoló la región de Tohoku en marzo del 2011. Incluso después de la realización de “Kotonoha no Niwa”, siguió interesado en el drama humano, en específico, qué significaría para los habitantes de las zonas afectadas el tener que mudarse y vivir en un ambiente distinto al que habían crecido y les era familiar. Esto no se ve solamente con los protagonistas y su particular situación, también podemos presentir como algunos personajes dan por sentado la situación en la que se encuentran: hay un momento en “Kimi no Na wa.” en el que uno de los amigos de Mitsuha, Tessi, responde a la pregunta de qué planea para su futuro: quedarse en el pueblo y seguir con su vida. Hay una sensación de dar por sentado todo el sistema que mueve el día a día de esa zona, que conserva tradiciones aunque, como menciona temprano en el filme la abuela de Mitsuha al contar la historia de un incendio, ya no se sepa por qué se hacen, sólo se sigue hasta que algo sacuda su mundo.

    Música, voz y algo más

    En  el apartado musical de “Kimi no Na wa.”, Shinkai contó desde el inicio del proyecto con la participación de la banda RADWIMPS, una agrupación de rock activa desde el año 2001. Alrededor de 20 tracks musicales fueron compuestos, además de cuatro canciones para la película: la de entrada, “Yume Tourou” («Linterna del sueño»); tres incidentales: “Nandemonaiya”, “Sparkle”, y “Zen Zen Zense”. Para el cierre se utilizó una versión no editada de “Nandemonaiya”. Shinkai declara que esta parte fue dura, ya que lo común es dar a los músicos el producto visual finalizado para que elaboren la banda sonora en los últimos momentos de la producción, pero por el cuidado que le ponía el director a ese aspecto y porque quería tener la música desde un inicio, tuvo que leerles el guion y mantener conversaciones constantes con ellos.

    RADWIMPS y la creación de la banda sonora

    Para las voces protagonistas, se escogió a Mone Kamishiraishi para el papel de Mitsuha y a Ryunosuke Kamiki para el de Taki. Algunos actores de voz conocidos hacen pequeñas apariciones, como Kazuhiko Inoue, el actor que más ha participado en las producciones de Shinkai, como el padre de Taki, y Sayaka Ohara en el papel de la madre de Mitsuha. Una participación en especial llama la atención: Kana Hanazawa en el papel de la profesora de Mitsuha y que, a pesar del diferente diseño de personajes, guarda parecido con Yukino Yukari, la protagonista de “Kotonoha no Niwa” y a la que le dio voz. ¿Será el mismo personaje o sólo un guiño (al que no nos tiene acostumbrados) de Shinkai?

    Ryunosuke Kamiki (Taki) y Mone Kamishiraishi (Mitsuha) en sesión de doblaje

    La campaña publicitaria para el film incluyó tres comerciales para televisión en los que se ve a Mitsuha y Taki bebiendo agua natural de la marca Suntory, para lo cual animaron tomas adicionales. Además, antes del estreno, salió a la venta el 18 de junio del 2016 la versión novelizada de la historia, escrita por el mismo Makoto Shinkai.

    [youtube https://www.youtube.com/watch?v=8vNDkF8HWoI&w=640&h=360]

    Lanzamiento y repercusión

    “Kimi no Na wa.” tuvo su estreno mundial el 3 de julio en la Anime Expo de 2016 realizada en la ciudad de Los Ángeles, evento al que asistió Makoto Shinkai. Su estreno comercial oficial se realizaría en Japón el 26 de agosto y sería todo un éxito: permaneció durante semanas en el primer lugar de la taquilla y a la fecha en que se escribe este artículo (marzo de 2017) sigue en cartelera, a pesar de haber pasado ya poco más de seis meses.

    Shinkai junto a Kamiki y Kamishiraishi en la edición 21 del Busan Internacional Film Festival

    Y no sólo Japón: en países como Corea del Sur y China, la recepción le ha sido muy favorable. De este lado del Pacífico también hubo interés y la distribuidora en EE.UU. confío lo suficiente en la película como para alentar una candidatura al premio de la Academia de Artes y Ciencias, el Oscar. Y aunque entró en la preselección, no logró ingresar entre las cinco candidatas finales. A pesar de eso, en el 2017, el gigante distribuidor de anime en el norte de nuestro continente, Funimation, ya ha programado su estreno comercial para el 7 de abril en cines de Estados Unidos y Canadá. Tal ha sido el éxito, que no se espera una versión casera japonesa (Bluray o DVD) del largometraje antes de octubre (la información se ha actualizado y se espera la edición casera para finales de julio), aunque es sabido de la filtración de «screeners», versiones de la película en calidad estándar (similares a las de un DVD).

    Y,  mientras tanto, Makoto Shinkai no parece del todo satisfecho con que “Kimi no Na wa.” se mantenga como el centro de atención por tanto tiempo. En una entrevista realizada por el Daily Mail a finales de 2016 aseguraba que el prolongado periodo de promoción de la cinta le quitaba tiempo para ponerse a trabajar en algo nuevo, y que le queda todavía muy grande la comparación con Hayao Miyazaki. No es que no le agrade que un trabajo suyo sea disfrutado por una amplia audiencia; de hecho, en una de las presentaciones en Los Ángeles por esa misma fecha, aseguró que siempre es su intención que sus creaciones lleguen al mayor número de gente.

    Esto no es de extrañar. Makoto Shinkai, desde sus inicios, siempre se ha mostrado algo escéptico acerca de lo popular que es fuera de Japón, a pesar de haber sido invitado varias veces a exposiciones y festivales. En un panel realizado luego de una proyección de “Kotonoha no Niwa”, se describió a sí mismo como un altamente hábil «amateur».

    ¿Recuerdan 2002? ¿Recuerdan cuando trabajaba solo en ese proyecto que haría que la gente lo conociera y que la idea de vivir contando historias animadas fuera posible? El tiempo ha pasado desde aquellos siete meses encerrado en su departamento a finales de 2001 completando “Hoshi no Koe”. Ahora tiene una familia: su equipo en CoMix Wave Films. Ahora tiene otra familia: una esposa y una hija de 6 años. A sus 43 años, los ojos del mundo de la animación se posan sobre él. Tal vez no se considere el nuevo Hayao Miyazaki. Pero es Makoto Shinkai. Eso es mucho más que suficiente.

    [youtube https://www.youtube.com/watch?v=a2GujJZfXpg&w=640&h=360]

    Entrevistador: Es muy inspirador que fueras capaz de hacer tu primera película tú solo. ¿Tienes algún consejo para otros directores o gente involucrada en la animación?

    Makoto Shinkai: […] Llegar a hacer algo es tan estimulante que si deseas hacer algo, simplemente hazlo. Tal vez te preocupe que no te quede bien o que la calidad no sea buena. Pero si todo lo que haces es preocuparte, el tiempo pasará. No te preocupes tanto. Sólo sigue adelante.

    Cuando vuelvo a ver “Hoshi no Koe”, me doy cuenta de que me faltaba técnica y me siento un poco avergonzado. Pero también pienso en que a algunos de ustedes [la audiencia] todavía les gusta, ¿cierto? Lo que significa que cuando haces algo que no consideras lo suficientemente bueno, si a alguien aun así le agrada, ese es un buen comienzo. Así que… buena suerte.

    En la ronda de preguntas de la Anime Expo 2013

  • Makoto Shinkai (2007 – 2011)

    Makoto Shinkai (2007 – 2011)

    Luego del estreno japonés de “Byousoku 5 centimeter” en marzo del 2007, se sucedieron presentaciones en otras partes de Asia, y nuevamente se pudo apreciar otro de los trabajos de Shinkai en América gracias al circuito de festivales (En Estados Unidos, en el San Diego Asian Film Festival; y en Canadá, en el Waterloo Festival for Animated Cinema). Y también sería el primer recipiente del premio a la mejor película de animación en Asian Pacific Screen Awards, una iniciativa para reconocer la filmografía de países de la zona asiática bañada por el Pacífico.

    SHINANO MAINICHI SHIMBUN – Comercial para televisión (2007)

    Entre los trabajos que preparó ese año, fue este encargo para el diario de Shinano. Por su duración (una versión de 30 segundos y otra de 15), se ocupó de casi todos los detalles: la dirección, el storyboard y el arte de los fondos; mientras que el diseño de personajes fue de Takayo Nishimura, que había realizado la misma labor para “Byousoku 5 centimeter”, y la voz del personaje central es de Yoshimi Kondou, que interpretó a Akari en “Oukashou”.

    En los pocos segundos, el comercial nos muestra a una adolescente montada en una bicicleta que intenta alcanzar un tren en el que va su padre para poderle decir algo muy importante. Y aunque parece que sus palabras son perdidas por el ruido y su imagen borrada por un túnel, la sonrisa de su padre nos hace pensar que su mensaje llegó, aunque nosotros (y posiblemente él) no hayamos podido oírlo.

    Aunque por encargo, Shinkai hace visible su estilo al meter el tema de la separación y la conexión entre los seres humanos, sin descuidar el aspecto visual. La canción que escuchamos es “Tooi Hi” («Día lejano») de Takako Take, y en este punto vale señalar como dato que el nombre del diario, ‘Shinano’, es el antiguo nombre de la prefectura de Nagano, la misma en dónde se encuentran las ciudades natales de la cantante Take (Iida) y de Makoto Shinkai (Koumi). El comercial salió al aire para esa prefectura en setiembre del 2007.

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    NEKO NO SHUUKAI («Una reunión de gatos», 2007)

    Portada del DVD de Ani*Kuri 15

    Otra de las actividades que lo mantuvo ocupado ese año fue la elaboración de un cortometraje: la “Nippon Housou Kyoukai”, NHK, había extendido una invitación a quince creadores de animación para que desarrollaran una historia de un minuto de duración de tema libre. Los quince cortos se agruparían bajo el nombre de “Ani*Kuri 15” y saldrían en tres grupos de cinco, empezando en mayo. Esta selección reunía a varios artistas, algunos de ellos bastante conocidos como Mamoru Oshii, Michael Arias, Range Murata, Satoshi Kon, Mahiro Maeda o Shouji Kawamori.

    Sabiendo que se programaría en diversos horarios del día y sería visto por todo público (los cortos también cumplían
    la función práctica de cubrir tiempo entre programas de mayor duración), Shinkai decidió hacer una comedia a la que no habría que darle muchas vueltas: Chobi es un gato que vive con una familia que tiene la mala costumbre de, inadvertidamente, pisarle la cola. Enojado por tal humillación, se reúne con otros gatos cuyo honor ha sido manchado por los humanos y sueñan con un plan para destruirlos… mañana. Claro, más allá del asunto de la cola, la familia de Chobi lo trata bastante bien por lo que su venganza ocurre en un futuro que nunca llega.

    Nuevamente los diseños de personaje recayeron en Takayo Nishimura y Tenmon se ocupó de la música. El cortometraje empezó a emitirse en diciembre del 2007.

    [youtube https://www.youtube.com/watch?v=i9b8Mr7B4Ms&w=640&h=360]

     

    HOSHI WO OU KODOMO – CHILDREN WHO CHASE LOST VOICES FROM DEEP BELOW
    («Los niños que persiguen estrellas – Niños que buscan las voces perdidas en las profundidades», 2011)

    Antecedentes

    A inicios del 2008, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Japón requirió las habilidades de Makoto Shinkai. Como parte de un programa para estrechar lazos con naciones del Oriente Medio, pensaron en llevar a cabo en esas tierras un taller de animación digital, por lo que necesitarían una figura representativa que lo condujera. Shinkai aceptó hacerlo, después de todo no podría ser una mala experiencia conocer otros lugares y obtener nuevas ideas, ¿no? Así que hizo maletas, se despidió de su equipo y partió por un mes a Catar, Siria y Jordania. Durante su estadía ahí, tuvo oportunidad de mostrar sus trabajos, y un pensamiento empezó a formarse en su cabeza: al suceder en ambientes urbanos del Japón actual y con referencias específicas con las que posiblemente no estuvieran relacionados sus alumnos-espectadores, ¿podrían comprender realmente lo que estaba intentando transmitir? Empezó a pensar en que sus películas eran tal vez muy locales y restringidas para un tipo de público.

    Shinkai en uno de los talleres en Oriente Medio

    Estas reflexiones lo acompañaron en su regreso a Japón. Y ya que haber estado fuera del país le había dado la oportunidad de meditar sobre cosas que no hubiera descubierto quedándose en Tokyo, pensó por qué no viajar otra vez, así que se inscribió en una escuela de idiomas en Londres, decisión que fue alentada por su equipo de trabajo.

    El plan era permanecer medio año en Inglaterra, pero Shinkai no volvería a pisar tierra japonesa hasta año y medio después (2009). Mientras estuvo allí se dio cuenta de que algunas personas habían visto trabajos suyos por cuenta propia e incluso que lo reconocían (una vez, un barbero lo saludó y le dijo que le gustaban sus películas), pero seguía con la idea de la barrera cultural que podría separar sus creaciones de la gente (en una entrevista posterior recordaría haber pensado que cuando en “Byousoku 5 centimeter” se hace mención a los cerezos en flor cada año, alguien de fuera, un londinense por ejemplo, podría no captarlo porque en Londres y otras partes los cerezos no florecen cada abril). Con el pasar del tiempo y sin amigos cercanos o familia, buscó algo a lo que aferrarse: una historia que contar. Pero quería hacerla de tal modo que fuera universal, que no importando quien la viera ni en donde el mensaje fuera claro. Así nació “Hoshi wo Ou Kodomo”. De regreso en Japón en la segunda mitad del 2009, no tardó en reunir a su equipo para ponerse a trabajar.

    Makoto Shinkai y las cabezas de su equipo

    La historia 

    Afiche promocional de «Hoshi wo Ou Kodomo»

    Asuna es una niña que vive en un pueblo en lo que lo común es ver un paisaje agreste y montañoso. Luego de la escuela, tiene la costumbre de subir por un monte con Mimi, un gato, a un escondite secreto en el que guarda algunas cosas, entre ellas un aparato artesanal que le sirve de radio, y que funciona con una curiosa piedra. Subida en la cima, sintoniza una canción que le parece triste y alegre a la vez, de una voz que le es desconocida, pero que siente que toca su alma. Poco después descubrimos que, debido al trabajo de su madre, ella se ocupa de los quehaceres de la casa y pasa la mayor parte de los días sola, con la única compañía de Mimi. Así pasan sus días. Hasta que se corre la voz de que hay un ser similar a un oso por las vías que ella toma para llegar a su escondite, lo que no la detiene para ir esa tarde. Como consecuencia, se encuentra con la criatura que la ataca, pero es rescatada por un joven de cabello largo llamado Shun, que sin parecer desearlo, mata a la bestia. Al día siguiente, a pesar de la advertencia de Shun, Asuna regresa a su refugio en el monte y rápidamente congenian. Al mismo tiempo, aparecen unos hombres que examinan los restos de la bestia y ven como cristales y brotes de plantas salen de él. ¿Quiénes son y qué buscan? ¿De dónde proviene la criatura y por qué atacó a los chicos? ¿De dónde ha salido Shun? ¿Qué misterio guarda la piedra de Asuna que es muy similar a la que tiene Shun colgada en el cuello?

    Este inicio abre paso a una historia de aventura con elementos fantásticos. Shinkai había utilizado ya la ciencia ficción antes en “Hoshi no Koe” y “Kumo no Mukou”, pero es la primera vez que entraba de lleno al terreno de la fantasía, lo que supone un cambio radical a su última obra hasta ese momento: “Byousoku 5 centimeter”.

    Un proyecto diferente con la misma preocupación

    Una de las primeras cosas que notará el espectador es la similitud del diseño de personajes de “Hoshi wo Ou Kodomo” con los de cualquier película de estudio Ghibli. Esto es, obviamente, adrede. En su intento por hacerla más accesible, Makoto Shinkai le pidió a Takayo Nishimura que utilizara formas que él creía pertenecen más a la animación clásica japonesa. Pero las similitudes no acaban ahí. Si uno ha visto suficientes filmes del estudio de Miyazaki, Takahata y Suzuki, notará también que hay algunos momentos que recuerdan a “Tenku no Shiro Laputa”, “Tonari no Totoro”, “Mononoke Hime” o “Sen to Chihiro no Kamikakushi”. Algo que parece funcionar como pequeños reconocimientos a creaciones que han sabido trascender las barreras culturales y atraer una amplia audiencia.

    Otra de las marcas reconocibles de Shinkai que se encuentra ausente en este largometraje son los monólogos interiores. Al ser una historia de aventura, las acciones priman sobre la reflexión concienzuda. Esto no quiere decir que Asuna o los demás personajes no duden o tengan conflictos interiores, sólo que estos intentan mostrarse de forma más simple. Aunque ciertamente se extraña cómo Shinkai nos hacía intimar con sus personajes. Lo que sí se ha mantenido es el permanente deseo del director que los actores de voz se expresen como si hablaran con otros seres humanos, alejados de lo que el reconoce como la forma más “anime” de entregar diálogo. Y en esta tarea tuvo la ayuda, como en sus anteriores largos, por Yuji Mitsuya en la dirección de actores.

    (De izq. a der.) Actores de voz: Hisako Kanemoto (Asuna), Kazuhiko Inoue (Ryuuji Morisaki), y Miyu Irino (Shun y Shin)

    De hecho, en la producción de “Hoshi wo Ou Kodomo” intervinieron muchas personas del equipo de Shinkai que tomaron decisiones importantes para la historia desde el primer día. Su forma de trabajo acostumbrada consistía en hacer la estructura, definir bien los aspectos esenciales de la historia, elaborar el storyboard y el guion, trabajar en los fondos y las decisiones creativas se las comunicaba personalmente a su reducido equipo. Pero ahora, había hecho tres grupos y constantemente, durante todo el 2010, estaba escribiendo notas específicas para hacerse entender. Incluso tuvo una asistente de guion.

    La acostumbrada música de Tenmon también sufrió un cambio: ahora sus creaciones fueron tocadas por una orquesta. Y es comprensible. Al mostrarse un viaje a tierras desconocidas con seres fantásticos, la música debía ser más épica que sentimental y cercana. Algo que se deja de lado para el cierre de la película: “Hello Goodbye & Hello”, interpretada por Anri Kumaki, es una sentida canción que encaja bien con el tema de la cinta: la aceptación de la pérdida.

    (De izq. a der.) Shun, Asuna (con Mimi), Ryuuji Morisaki, y Shin

    Y es que, a pesar de intentar cambiar la forma en que lo expresa, Shinkai sigue pensando en la separación de las personas. La idea central en “Hoshi wo Ou Kodomo” es la pérdida que sufrimos y como la afrontamos. Asuna se lanza a la aventura sin una razón sólida, y esa es la impresión que nos da (tanto por el asunto de la pérdida del padre, que no se explota demasiado, como la de Shun, cuya relación se limita a conocerse un solo día). Pero hay algo más, la consecuencia de esas pérdidas: la soledad. Su viaje es una huida y una búsqueda, porque siente que algo la lleva a hacer las cosas que hace, pero no sabe bien qué. Esta ambivalencia se ve reflejada en sus últimas líneas, en las que comprende que vivir con la pérdida es una maldición y una bendición al mismo tiempo. Como ambivalente es el sentimiento expresado por Shun: la alegría y el temor en el final de sus días. Y mientras Asuna duda, Shin, el hermano de Shun, llega a representar al final la certeza de que no podemos recuperar lo perdido (aceptación) y debemos enfocarnos en lo que tenemos (los vivos), frente a la terquedad y rechazo de Ryuuji a la idea de ya no poder ver a su ser más querido; aunque esto termina en la formación de nuevas relaciones: mientras estemos vivos, tenemos la posibilidad de conectar. La película expone estos temas sin darle demasiadas vueltas, queriendo ser comprensible.

    “Hoshi wo Ou Kodomo” se alza como el intento de su director de buscar una nueva dirección, de pisar territorios vírgenes para él, lo que nunca es algo negativo: un creador debe explorar y experimentar si no desea estancarse. Aunque el resultado termina siendo menos denso que sus anteriores trabajos; aunque conmovedor, menos íntimo.

    Lanzamiento

    Makoto Shinkai y los actores en el estreno

    “Hoshi wo Ou Kodomo” se estrenó en Japón el 7 de mayo del 2011. El día de su presentación, Shinkai anunció al público que se enfrentarían con algo diferente a lo que él los tenía acostumbrados y hecho de forma distinta a sus anteriores producciones para aumentar la posibilidad de ser entendido por un mayor número de gente, en la que creía era su primera experiencia real como director (por la organización del trabajo, el número de gente envuelta, y las constantes indicaciones y supervisión del proyecto), pero que también le había puesto el corazón y, al final, esperaba que lo disfrutáramos.

     

    Cuando escribía la historia [de «Hoshi wo Ou Kodomo»], acepté mostrar la muerte por primera vez en mi trabajo. Es una tema difícil de tocar, así que no estoy seguro de haberlo presentado en una forma de la que pueda enorgullecerme. Pero si mi película ayuda a alguien a enfrentar tiempos duros en su vida y ser más fuerte, estaré muy feliz.

    Makoto Shinkai con 38 años en una entrevista del 2011.

     

    [youtube https://www.youtube.com/watch?v=gEgU4PivZEw&w=640&h=360]

  • Makoto Shinkai (2004 – 2007)

    Makoto Shinkai (2004 – 2007)

    A finales del 2004, las expectativas por el primer largometraje de Makoto Shinkai, la persona que había animado solo una OVA de 25 minutos, eran altas. Luego del esperado estreno en noviembre de “Kumo no Mukou” en el Cinema Rise de Shibuya, estas fueron cubiertas. Al acudir a las salas, el público se topó con una historia muy emotiva y de gran acabado técnico. Y sólo dos meses después, en enero del 2005, los reconocimientos empezarían a llegar: “Kumo no Mukou” ganó el gran premio a película animada de la 59 edición de los Mainichi Film Awards, uno de los más antiguos e importantes que se dan en Japón. También tuvo múltiples exhibiciones en festivales fuera del país como Cánada (Fantasia Film Festival en Montreal) y Estados Unidos (en el ImaginAsian Theather y el Tribeca Grand Hotel Screening Room, ambos en New York). Esa primera mitad del año mantuvo a Shinkai ocupado con la promoción de la cinta. Pero ya tenía en mente las semillas de su nuevo proyecto.

    BYOUSOKU 5 CENTIMETER – A CHAIN OF SHORT STORIES ABOUT THEIR DISTANCE («Cinco centímetros por segundo – una serie de historias cortas sobre su distancia», 2007)

    Afiche de «Byousoku 5 centimeter»

    «Se dice que la velocidad a la que caen los pétalos de la flor de cerezo es cinco centímetros por segundo». Akari Shinohara y Takaki Toono son dos adolescentes que se conocieron en la escuela primaria a mediados de los noventa. Debido a su debilidad física, ambos preferían actividades bajo techo, como leer en la biblioteca. Así, poco a poco, se forma una amistad entre ellos que se va haciendo cada vez más fuerte. Esto no pasa desapercibido a sus compañeros que, como sucede muchas veces en esa edad inmadura, aprovechan para burlarse de su cercanía, pero a Akari y Takaki termina no importándoles porque se tienen el uno al otro. Decididos a permanecer juntos, eligen una misma secundaria para cuando se gradúen, pero los padres de Akari tienen que mudarse a Tochigi, una ciudad al norte de Tokyo. Ambos aceptan la dolorosa noticia con resignación y mantienen un vínculo a la distancia durante casi dos años en los que se envían cartas y hablan por teléfono. Hasta que los padres de Takaki, por cuestiones laborales, también planean mudarse. Lo triste es que su destino es Tanegashima, una isla en el extremo sur de Japón. Consciente de la distancia, Takaki decide hacer un viaje en tren hasta donde vive Akari para verla quizá por última vez.

    La película está compuesta de tres capítulos: “Oukashou” («Selección de pétalos de cerezo»), a la que corresponde la introducción anterior; “Cosmonaut” («Cosmonauta»); y “Byousoku 5 centimeter” («Cinco centímetros por segundo»). El tema común son las diferentes velocidades de las personas, como se acercan o alejan emocionalmente al haber distancia entre ellas, y el hilo conductor son las experiencias de Takaki Toono a través de tres momentos de su vida. Pero, hasta su materialización, tuvo que pasar más de un año desde aquellos meses finales de 2005 en los que Shinkai se preguntaba qué película sería.

    Antecedentes

    Para la segunda mitad del 2005, Shinkai estaba listo para ponerse a trabajar en algunas ideas que había desarrollado. Pensó en diez historias que compartieran un mismo tema, pero que se presentaran con estilos distintos. Todas durarían aproximadamente cinco minutos y cada una contaría con una canción que la identificara. Hasta ese momento, Shinkai no se lo había planteado necesariamente como un producto para cine, sin embargo, debido probablemente al prestigio ganado con su anteriores trabajos, se abrió la posibilidad de exhibirlo en salas como una película bus (una colección de cortos que, por lo general, tienen distintos directores). Esto cambió las cosas con respecto a su todavía amorfo proyecto.

    En los últimos tiempos, a las personas les supone un esfuerzo el ir al cine; la atareada vida que se lleva, especialmente en una sociedad como la nipona, hace que se disponga de menos tiempo para un entretenimiento que requiere el movilizarse de un lugar a otro y pagar una entrada (el costo promedio de una en Japón es de los más altos en el mundo), sin contar con que muchos no disfrutan precisamente de estar en un sitio oscuro con desconocidos. Si alguien iba a ir a ver lo que saliera al final, quería que estuvieran satisfechos. Por eso, decidió contar una sola historia, que llevara a una conclusión; este principio unificador hizo que de las diez escogiera tres que podrían modificarse para formar un todo.

    Takayo Nishimura

    Aunque sólo tenía nociones generales de las historias (y algunas dudas), decidió ponerse en contacto con Takayo Nishimura, que se especializaba en animación clave. Con el inicio de setiembre, empezaron a trabajar en las imágenes de la película: Shinkai se ocuparía de los fondos y Nishimura, por vez primera, de los diseños de los personajes. Tenían una consigna: aunque no supieran con exactitud qué película estaban haciendo, se darían tiempo hasta diciembre para descubrir el camino.

    A medida que avanzaban con algunos conceptos generales, a Shinkai y Nishimura se les unió una asistente, que antes había estado laborando medio tiempo, y Akiko Majima, que había trabajado con el director como parte del equipo que se ocupó de los fondos de “Kumo no Mukou”. Llegados a este punto, con las tres historias en desarrollo, decidieron viajar para documentarse sobre las locaciones, algo que Shinkai hacía desde sus trabajos en solitario. En una entrevista concedida muchos años después declararía que, en pos de mostrar con cierta realidad los ambientes que envuelven a sus personajes, estos siempre estarían basados en lugares en los que haya podido poner el pie.

    Shinkai y Nishimura en búsqueda de referencias

    Tomaron registros de las locaciones en Tokyo y las estaciones de tren, parte importante de la historia, lo que resultó sencillo porque era un escenario que conocían de su vida diaria. Luego, armados con cámaras fotográficas, se dirigieron a Tochigi, donde toma lugar parte importante de la primera historia. Y, salvo por el hecho de que era verano y “Oukashou” presenta un Tochigi invernal, todo salió bien. Para “Cosmonaut”, se trasladaron a Tanegashima y las condiciones de vida que encontraron ahí hicieron que Shinkai se replantee muchas cosas de la historia: no tenían trenes o estaciones, y el transporte masivo era por bus, aunque tampoco habían muchos, por lo que era común ver a la gente usar transporte particular (motocicletas, por ejemplo), especialmente escolares que iban a sus centros de estudio; y había una evidente afición al surf entre los jóvenes. Estos son elementos que se incorporaron después.

    De regreso en Tokyo y con las ideas más claras, Shinkai y un reducido equipo pusieron manos a la obra en su departamento de Shibuya durante todo el 2006.

    Detalles del storyboard

    El proceso empezó con la confección del storyboard, esa sería la base para que luego las cabezas del equipo empezaran su labor. A medida que se requirieron más profesionales, Shinkai notó que su departamento les iba quedando pequeño, después de todo, ese no era el estudio de una productora, era el de su casa. El director recuerda que, en el momento más congestionado, habían de 13 a 14 personas intentando movilizarse. Esto también suponía un problema de alimentación de energía: el departamento de Shinkai no permitía que se conectaran varias computadores. Fue entonces que decidieron mudar a los que se ocupaban de la animación misma y realizaban labores más específicas a otro domicilio alquilado en el mismo Shibuya, en el que vivirían mientras durara su labor; los que no podían quedarse, trabajarían desde sus casas. Conforme fue pasando el año y las distintas etapas fueron completándose, permanecieron sólo algunos que colaboraban con Shinkai en ultimar detalles de la imagen y la postproducción, de tal modo que el aspecto visual estuviera totalmente cubierto. Ya sólo faltaba el audio, algo que el director ya había tenido en cuenta desde antes.

    Voz y música en la historia

    Una de las cosas que pueden ser más difíciles de conseguir en un audiovisual es autenticidad. Se puede hacer una película, una serie, miniserie, etc. ultimando todos los detalles técnicos posibles, pero si tus personajes, aquellos de los que trata todo al fin y al cabo, no se sienten auténticos, los espectadores no conectarán: no se emocionarán con ellos, no llorarán sus desgracias, no celebrarán sus victorias. Una parte vital de esto es la elección de los que los interpretarán. Para cuando llegó el tiempo, a finales del 2006, Shinkai tenía claro algo: quería que Kenji Mizuhashi fuera Takaki. Esto se debía a que en 1999 lo había visto protagonizar “Gekkou no Sasayaki” y, desde entonces, le pareció que su voz tenía algo especial. Esta sería la primera y única vez que Mizuhashi haría doblaje (aunque sigue estando muy activo como actor al día de hoy).

    Con las actrices principales restantes, el proceso fue más arduo: a Shinkai le parecía que trabajaban demasiado la voz. Así que coordinó encuentros con unas seleccionadas que podrían tener potencial para oírlas con su voz común y quiso llevar esa naturalidad a la sala de grabación. Satomi Hanamura terminó interpretando a Kanae Sumita, mientras que la voz de Akari adolescente y Akari adulta fue de Yoshimi Kondou y Ayaka Onoue respectivamente (este sería el único doblaje en el que participarían).

    (De izq. a der.) Actores de voz: Yoshimi Kondo (Akari niña), Kenji Mizuhashi (Takaki), Satomi Hanamura (Kanae), y Ayaka Inoue (Akari adulta)

     

    La música la puso Tenmon otra vez. Pero quizá lo que más recuerde el espectador sea la canción con la que termina la película: “One more time, one more chance” («Una vez más, una oportunidad más») de Masayoshi Yamazaki.

    Esta canción salió a principios de 1997 en Japón y se hizo muy popular, aunque ya desde finales de 1996 se escuchaba en la película, protagonizada por el mismo Masayoshi, “Tsuki to Kyabetsu” («La luna y la col»). Shinkai notó que encajaba muy bien con la historia, además quería que la gente la reconociera con facilidad, que sintiera nostalgia y cierta comunidad con lo que experimentaban los personajes; al mismo tiempo que la escucha Takaki al ingresar a una tienda, los recuerdos van volviendo. La desgarradora (no le cabe otro adjetivo) pieza musical de Yamazaki pide volver a tener la oportunidad de hacer aquello que no se pudo antes, de volver a ver a la persona amada y decir lo no dicho. Una y otra vez, la sentida voz implora por regresar. Pero a veces, simplemente hay que aprender a soltar. Hay cosas que no volverán.

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    El drama en la vida diaria y la distancia entre las personas

    Con “Byousoku 5 centimeter”, Shinkai deja la ciencia ficción que había estado presente en “Hoshi no Koe” y “Kumo no Mukou”, y se concentra en el drama humano, sin aditamentos adicionales, pura experiencia a través de gente llevando el día a día.

    El primer cruce

    La idea central en “Byousoku 5 centimeter” es la diferente velocidad a la que se mueven las vidas de las personas. La voluntad de las mismas para conciliarlas y mantener una conexión se ve representada desde los primeros momentos de la película: luego de que Akari le dice a Takaki que los pétalos de flor de cerezo caen a 5 centímetros por segundo y que se asemejan a la nieve, esta corre y él intenta darle alcance, pero son separados por un cruce de trenes. Aunque distanciados por ir a diferentes velocidades, resulta obvio que Akari lo esperará al otro lado. Luego, años después, cuando Takaki tome una serie de trenes para encontrarse con Akari en Tochigi, los retrasos de estos harán que se halle en una zona paralela; habiendo quedado en una hora con ella, los trenes le recuerdan las distintas velocidades que tienen sus vidas ahora y que se acentuarán luego de su mudanza. Y, a pesar de eso, ella lo vuelve a esperar.

    Sin embargo, con esto también vienen las situaciones en las que no. Las palabras no dichas son una representación de esto: la carta que Takaki pierde en la estación de tren, pero de la que luego no informa a Akari; otra carta de Akari que concientemente decide no darle a Takaki; la confesión interrumpida de Kanae; los mensajes que Takaki escribe en su celular, pero que nunca envía. Hay un punto en el que los personajes se dan cuenta de que no pueden alcanzar a otros: luego de despedirse al final de “Oukashou”, Takaki y Akari saben que ya nada será igual y paulatinamente van perdiendo contacto, aunque Takaki permanezca anclado al recuerdo de Akari por más tiempo. La separación física se convierte en una separación emocional.

    Cosmonauta

    En “Cosmonaut”, sucede lo contrario: Kanae está físicamente cerca de Takaki, pero llega a la conclusión de que él realmente se encuentra muy lejos. Y esto es muy bien representado por el lanzamiento del satélite, cuya misión es ir a los confines del Sistema Solar y más allá, aunque suponga un viaje solitario: Takaki es similar a ese satélite, buscando algo que se encuentra más allá de su alcance, algo que hace que no se halle en la misma tierra que Kanae, es el cosmonauta que siempre posará sus ojos en la inmensidad del espacio en busca de ese amor que ya no será. Por eso no importa ya lo que Kanae diga.

    El último cruce

    Para cuando llegamos al último capítulo, “Byousoku 5 centimeter”, Takaki es un adulto con problemas en sus relaciones, que siente que su corazón ha ido muriendo con el tiempo, y no sabe bien por qué; la mujer con la que ha estado por tres años le manda un mensaje en el que le explica que no importa cuánto tiempo estén juntos o el número de mensajes (palabras) que se envíen, hay algo en él que ella no podrá, nuevamente, alcanzar. En los instantes finales, cuando unos adultos Takaki y Akari coinciden al pasar por el mismo cruce de trenes del inicio de la película, Akari no lo espera. Las velocidades a las que van sus vidas ahora son totalmente diferentes. Ella se ha ido para siempre. Takaki sonríe. Tal vez ahora pueda seguir con su vida. Queremos creer que es así.

    Lanzamiento

    Día del estreno en el Cinema Rise de Shibuya

    El estreno de “Byousoku 5 centimeter” sucedió a principios de marzo del 2007. Antes, el primer capítulo (“Oukashou”) se liberó para usuarios privilegiados de Yahoo! Nuevamente, el Cinema Rise de Shibuya fue elegido para hacer la presentación. Luego de la proyección, mientras atendía las preguntas del público, algunos le mencionarían a Shinkai que lo seguían desde el estreno de “Hoshi no Koe”, o que habían estado en el estreno, en ese mismo lugar, de “Kumo no Mukou”. Él pensaría (reconocería después) que mucha de esa gente debe haber tenido cambios en su vida en estos años, mientras se la pasó ocupando su tiempo en hacer animación en su estudio. ¿Cuántos habrán cambiado de empleo? ¿Cuántos habrán encontrado el amor o habrán cortado con sus parejas? ¿Cuántas personas habrán conocido? Ciertamente, todos nos movemos a distintas velocidades.

    Más tarde ese año, Shinkai publicaría una versión novelizada de “Byousoku 5 centimeter”, su primera incursión en el oficio. Y varios años más tarde, un manga en dos volúmenes ilustrados por Yukiko Seike y escritos por él, que daría más detalles de la historia y contaría con un epílogo posterior al final de película.

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