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  • Algunas observaciones sobre la narrativa de «Naruto» de Masashi Kishimoto

    Algunas observaciones sobre la narrativa de «Naruto» de Masashi Kishimoto

    ¿Cuáles son los límites de la ficción animada dentro nuestra realidad? ¿Qué sucede cuando esta se entrampa, de una u otra forma, en la vida real de las personas? Se diría que el público, un tanto despistado, es incapaz de responder estas preguntas. Sin embargo, las responde. Y no con palabras, sino más bien con hechos. Un ejemplo. A principios de junio de 2016, en Florida, Estados Unidos, nació el primer niño en todo Occidente a quien se bautizó con el nombre de Naruto. Sus padres, Devon Scott Murphy y Deedra Lee Newsome, decidieron llamarlo así en honor a uno de sus personajes favoritos del anime Naruto de Masashi Kishimoto. Cuando algunos periodistas cuestionaron la enorme carga simbólica que este nombre tendría en la vida del niño, el padre dijo: “Siento que el nombre de Naruto es muy poderoso. No creo que la gente lo odie (…) Además, Naruto fue el único anime que mi hermano y yo vimos antes de que este falleciera”. Como una acción inmediata a la avalancha de críticas, la madre creó el fanpage de Naruto Scott Murphy[1] y no faltó mensajes del fandom en los que le desearon suerte en la vida, en sus exámenes Chūnin[2] y en su eventual batalla contra el grupo criminal Akatsuki[3].

    Fuente: WallsField.com / Estudio Pierrot. Tokyo, Japón.

    Al conocer casos como este, podríamos decir que como el Quijote montado sobre Rocinante o como Son Goku en su singladura por las esferas del dragón, Naruto, con el zorro maldito dentro de su cuerpo y con su sueño de convertirse en Hokage, se ha transformado en un personaje de la conciencia colectiva de Occidente que trasciende las fronteras de la propia ficción gracias a la narrativa mesiánica de su historia.

    Sin ninguna duda, el manga de Masashi Kishimoto sigue siendo a la fecha un fenómeno rasante a la explosión Dragon Ball Z en cuestiones comerciales y de difusión mediática. Hasta su volumen 72, entregada en octubre de 2015, Naruto había vendido alrededor de 225 millones de copias impresas en todo el mundo, con más de 136 millones de copias en Japón y 85 millones en otros treinta y cinco países. En virtud de estas cifras, se ubicó en el tercer lugar de superventas de manga de todos los tiempos, justo detrás de la franquicia de Dragon Ball. Pero quizá lo más desbordante de su éxito sea que, como anime, llegó al capítulo número quinientos sin perder continuidad ni censura en las cadenas de televisión.

    Impulsados por el éxito de la serie, el 2017 se lanzó su spin-off titulado Boruto: Naruto Next Generations, en la que se narra las aventuras del hijo de Naruto Uzumaki y Hinata Hyūga, así como el de sus amigos, quienes conforman la nueva generación de shinobis de la Aldea Oculta de la Hoja. Esta secuela, para asombro de muchos críticos, ha tenido el mismo nivel de sintonía y aceptación que su precedente, aunque su altura argumentativa ciertamente deja mucho que desear.  

    Ahora bien, conociendo todo este panorama habría que preguntarse lo siguiente: ¿Naruto es una ficción de esencia comercial? La respuesta es sí. Pero aunque el manga haya sido creado exclusivamente como un producto de consumo masivo (Kishimoto asegura que siempre buscó emular el carácter comercial de Dragon Ball), tiene un valor estético y una preocupación formal por su narrativa que la diferencia, con mucha notoriedad, de otras ficciones del mismo género. 

    La insistencia de la forma

    Naruto aborda la historia de un niño con un demonio sellado en su interior (el Zorro de Nueve Colas, Kyūbi en su acepción japonesa) que desea convertirse en Hokage[1] para demostrar a todos su verdadero poder y ser reconocido como alguien importante en la aldea. En el transcurso de su camino como ninja, Naruto va descubriendo la importancia del valor y la amistad en un mundo viciado por el odio sistemático que al final llega a su auge en la Gran Guerra Ninja.

    Este relato aparentemente simple va tejiendo poco a poco una trama compleja y mística que revela en toda su magnitud algunos fundamentos de la condición humana. Cuestiones como la venganza, el idealismo, el amor, el odio, la degradación o la superación moral son desarrolladas con bastante pericia gracias a la exploración psicológica que realiza Kishimoto con cada uno de sus personajes. Lo interesante es que a través de ese rastreo espiritual se puede apreciar algo mucho más profundo que un mero adorno narrativo: la preocupación del autor por entender las motivaciones de las criaturas que pueblan su ficción.

    Si pensamos en otros animes comerciales como Dragon Ball Z, Bleach o Saint Seiya, caeremos en la cuenta de que sus autores privilegian más la acción desmesurada antes que el proceso anímico y emocional de los personajes para llevar a cabo sus ideales combativos. A Son Goku, por ejemplo, solo le importa pelear porque es un saiyajin de raza guerrera. Defender a sus seres queridos o al mundo es una excusa para seguir luchando contra los seres más poderosos del Universo. Ichigo Kurosaki, de Bleach, se vuelve un Cazador de Almas por accidente y, tras algunas aventuras de menor grado, emprende un camino que lo lleva a conocer su verdadera fortaleza espiritual. En Saint Seiya, Los Caballeros de Bronce solo tienen una meta: proteger a Atena y al mundo de las canalladas de dioses o demonios. Su fuerza solo depende de su terquedad frente a la batalla y del influjo del “Bien” y la “Justicia”.    

    Como se puede apreciar, en cada una de estas historias la “obsesión” o “meta” de los personajes parte de una cuestión puramente ornamental que solo sirve para enganchar al espectador con la puesta en escena de la acción. A los creadores de estos relatos no les interesa mucho el carácter psicológico de sus héroes, sino más bien la carnicería demencial que estos realizarán con sus rectilíneos modos de ser.

    Fuente: Crunchyroll. com. Studio Pierrot, TV Tokyo, TV Tokyo Music

    Mario Vargas Llosa dijo alguna vez, en referencia a las narraciones de caballerías anteriores a Tirant lo Blanc, que “capaz de empresas descomunales, el héroe caballeresco carece de dimensión interior y su psicología suele ser tan compleja como la de su caballo”. Sucede lo mismo con la mayoría de animes comerciales. De hecho, podríamos parafrasear a Vargas Llosa del siguiente modo: “capaz de empresas descomunales, el héroe de anime comercial carece de dimensión interior y su psicología suele ser tan compleja como la de sus puñetazos”. Es cierto que un maniqueísmo convencional exige la acción pura en los animes comerciales, y por ello muchos de estos sucumben a una fórmula repetitiva que se centra en las batallas y anula casi por completo las intimidades de sus personajes. Sin embargo, en algunas ficciones superventa este esquematismo se atenúa y dosifica, creando así una historia entretenida por su acción, pero también sublimada por su preocupación estética. Naruto de Masashi Kishimoto pertenece –quizá sin proponérselo– a esta última categoría.           

    ¿Pero por qué? Pues porque se advierte en el relato un afán de profundización en varios de sus personajes. Basta pensar en Rock Lee (ninja sin talento para los jutsus, pero que se esfuerza físicamente para ser reconocido con un shinobi de la lucha cuerpo a cuerpo), Neji Hyūga (pequeño genio del clan Hyūga, quien desarrolla una personalidad fatalista desde la muerte de su padre y cree que el destino es algo decidido desde el nacimiento y que las personas, por más que se esfuercen, no lo pueden cambiar), Sasuke Uchiha (obsesionado con vengar el genocidio de su clan, asesinando a su hermano mayor), Kakashi Hatake (ninja de élite que tras la muerte de su padre, se radicaliza en el cumplimiento de las reglas shinobi) o Gaara (ninja de La Arena que, como Naruto, lleva un demonio en su interior y es odiado por su aldea) para justificar con ejemplos incididos esa afirmación.

    Desde luego, todo esto nace de la voluntad palmaria de Kishimoto por descubrir el origen y las motivaciones de sus personajes, intentando alcanzar así mayor redondez y humanismo en ellos. Para suerte del anime, esta averiguación de la intimidad no es forzada. Las personalidades de cada personaje se van dibujando de manera objetiva y gradual, variando en muchos casos (como el de Gaara o Neji Hyūga, por ejemplo) tras sus experiencias y descubrimientos personales. Solo de esta forma, el espectador llega a creer realmente en ellos y a emocionarse con sus logros o desventuras, algo imposible de lograr con los personajes de Dragon Ball Z, Bleach o Saint Seiya.

    Por otro lado, toda esta exploración a las cavernas internas es guiada y sostenida por una compleja estructura. Aunque el relato es contando de forma lineal, existe una cantidad incontable de flashbacks y subtramas que enriquecen el presente continuo de la historia. También hay escenarios y tiempos superpuestos que se van relacionando entre sí a través de vasos comunicantes y cajas chinas que se relevan e imbrican para edificar un todo narrativo. Quizá lo más logrado de la estructura sean los gaiden[2] que aparecen a partir de Naruto Shippuden. Para ejemplo se puede mencionar dos de ellos: Kakashi Gaiden y La historia de un ninja absolutamente audaz (las crónicas de Jiraya), pequeñas joyas que dan luz a los claroscuros del relato principal. Con esta configuración, Naruto se vuelve un interesante relato de muchísimas puertas por las cuales se puede ingresar a su prodigiosa intimidad.  

    Mesianismo y voz profética

    La Biblia, como el Corán, ha coqueteado desde siempre con la idea soteriológica de la intervención futura de un “Salvador” a favor de un pueblo escogido. El origen de esta creencia en Occidente se remonta a los textos del Viejo Testamento (II Samuel e Isaías), donde el mesianismo, o la llegada de un mashiah[1] al mundo, manifiesta la esperanza de una felicidad completa en el hombre y la unificación de los pueblos dentro de una sociedad apocalíptica. Este recurso profético es utilizado a menudo en las ficciones escritas y audiovisuales a modo de clave central para mover todo un corpus narrativo y legitimar una trama con visajes bíblicos. Del mismo modo, es empleado en canteras políticas o filosóficas como, por ejemplo, el mesianismo comunista nacido de los ideales de Karl Marx. Si bien la creencia de la llegada de un “mesías” al mundo puede ser abordado desde diferentes ángulos, esta jamás se desplaza de su esencia principal: la reforma de un Estado utópico dirigido por un Héroe o Salvador.

    El mesianismo también ha sido materia prima de los mangas durante la última mitad del siglo XX. Akira o Neon Genesis Evangelion, sin ir más lejos, abordan estas cuestiones en sus tramas, siendo muchas veces explícitos en sus referencias bíblicas o judeocristianas. Sobre todo lo vemos en Neon Genesis Evangelion, la cual a partir de sus incontables alusiones a la tradición bíblica crea en el presente una nueva mitología religiosa. 

    En este contexto, podríamos decir que la mayoría de héroes de mangas japoneses son creados bajo un precepto mesiánico: salvar al mundo de la maldad y establecer un nuevo sistema político. Pensemos por ejemplo en los “mesías” de Dragon Ball Z, Death Note, Saint Seiya o Bleach. Todos ellos, consciente o inconscientemente, siguen la misma fórmula bíblica. Naruto, por su lado, también lo hace, pero a diferencia de los otros, crea su propio misticismo y regula ese lugar común a través de pequeñas trampas narrativas.             

    Fuente:  Studio Pierrot, TV Tokyo, TV Tokyo Music

    A medida que avanza la historia de Naruto, Kishimoto va articulando, poco a poco, el universo místico de su ficción. Nos presenta con mucha sutileza a las figuras fundacionales de la aldea (los cuatro hokages), nos cuenta sus leyendas (el poder del Sabio de los Seis Caminos, la oscuridad de Madara Uchiha, el peligro de Las Bestias con Cola), nos informa de la creación de los clanes y de los países vecinos, nos revela los contratos que tienen los ninjas con seres de otras dimensiones (Naruto y su contrato de sangre con los sapos del Monte Myoboku o Tsunade y su relación con la babosa Katsuyu del Bosque Shikkōtsu), nos narra la historias de las Guerras Ninja y la maldición de los Uchiha, nos muestra la solemnidad y el peso simbólico que tiene un cargo como el de Hokage, etcétera. Todos estos datos narrativos le dan relieve al desarrollo místico del relato. Cada una de las historias que cuentan los shinobis veteranos proyecta sobre el anime un pasado legendario que recorre desde sus orígenes míticos hasta su presente evocativo, el cual termina de plasmarse como una gran fantasmagoría en la mente del espectador. De modo que ni uno solo de los gaiden o flashback llegan a ser gratuitos, pues estos, a pesar de crear tiempos muertos en la acción, sirven precisamente para extender el misticismo de la serie, para complejizarla y llenarla de matices, pero sobre todo, para preparar el terreno que necesita el recurso mesiánico dentro de una ficción.   

    Así, la idea de un Salvador (de Naruto como el niño maldito que finalmente bendice a su aldea) no disuena ni se vuelve un cliché como en el caso de Dragon Ball Z o Bleach. Todo lo contrario, ahí se justifica y se la exige. Y no en un solo plano, sino en muchos. De hecho, Naruto apuesta a la posibilidad de tener en su trama a más de un mesías. Lo vemos en el caso de Nagato, a quien Jiraiya considera el Niño de la Profecía que cambiará para siempre el mundo ninja. O lo vemos también en Madara, quien se califica a sí mismo como el Salvador de todas las épocas shinobi. Obito, el amigo de Kakashi, llega a creerse el elegido que detendrá el odio y la miseria de la gente a través de su genjutsu[2]. De igual forma Sasuke Uchiha, Minato Namikaze o la misma Kaguya son presentados en la serie como posibles mesías. A decir verdad, todos ellos tienen la oportunidad de serlo en algún momento, pero de pronto algo quiebra o cambia sus destinos mesiánicos, y esa responsabilidad recae sobre un nuevo ninja.

    El último de todos estos elegidos, como ya se presupone, será el torpe y fracasado Naruto Uzumaki.              

    Un laberinto de espejos

    Parece ser que uno de los recursos favoritos que Masashi Kishimoto utiliza dentro de su narrativa es la repetición de la forma. Aunque esta sea funcional o pase desapercibida en varias ocasiones, por momentos llega a saturarse. Quizá el ejemplo más claro se vea en los subtramas del anime, los cuales emulan o repiten la fórmula que sostiene la historia principal: el hallazgo de una amistad y la ruptura definitiva de la misma. En primera instancia vemos la relación de Naruto Uzumaki y Sasuke Uchiha. Pese a sus diferencias ideológicas y emocionales, ambos logran forjar una amistad. Naruto es el niño torpe, desaliñado e infantil a quien nadie en la aldea respeta. Sasuke, por otro lado, es el niño genio de un clan de élite, estéticamente más guapo que Naruto y con habilidades shinobis que captan la atención de los demás. Naruto tiene un sueño: ser reconocido pese a su incompetencia e idiotez. Sasuke tiene un ideal: vengarse de su hermano. Naruto es la luz. Sasuke, la oscuridad. Esta aparente incompatibilidad los arrastra primero a la rivalidad; luego, solidifica los vínculos de camaradería entre ellos. En su búsqueda de poder, Sasuke trata de romper esos vínculos y se vuelve un ninja renegado de la aldea. Entonces la amistad se fractura, las emociones se sublevan y el horror empieza a florecer.

    Este esquematismo se repite como un interminable juego de espejos a medida que avanza la serie. Y los resultados siempre son iguales: la decepción, el resentimiento y el odio. Lo apreciamos así en la relación de Hashirama Senju y Madara Uchiha, donde ocurre, como en el reflejo de un espejo, exactamente lo mismo. También lo vemos en la relación de Orochimaru y Jiraiya; en la de Kakashi Hatake y Obito Uchiha; en la Hiruzen Sarutobi y Danzō Shimura, y en la de Indra y Ashura.                

    Sin embargo, esta excesiva repetición en la estructura no es gratuita. Al igual que en el esquematismo de la novela Bouvard y Pécuchet de Gustave Flaubert (donde también se insiste en el mismo patrón narrativo[1]), se ve en Naruto cómo la persistencia de la fórmula se vuelve no una simple instancia de repetición, sino más bien un instrumento técnico que sirve para imbricar la historia con un concepto central. En el caso de Flaubert, por ejemplo, la parodia a la estupidez humana. En el caso de Kishimoto: los mecanismos de la amistad

    Fuente: Crunchyroll.  Studio Pierrot, TV Tokyo, TV Tokyo Music

    Y es que Naruto, como otros shōnen japoneses, trata de vender un discurso moralista y candoroso. En su historia podemos hallar una apología directa a la amistad, o mejor aún, a la idea de que la amistad está por encima de todo. Es por esa razón que Naruto, a pesar de las adversidades, jamás deja de luchar por su amistad con Sasuke. Y aquella terquedad por el amor idealizado es la que finalmente lo convierte en el mesías absoluto de su aldea. De modo que el juego de espejos con la historia de otros personajes que abandonan su ideal, sirve como estupendo contraejemplo para sustentar la idea comercial de que el bien se encuentra única y exclusivamente en la verdadera amistad. Kishimoto no tuvo que pensarlo mucho. Construyó distintas generaciones de ninjas, todas ellas parecidas a la de Naruto, para otorgar a la ficción un tono mucho más épico y distintivo en su mesianismo: el poder de Naruto por encima del resto de las generaciones que pudieron ser, pero que al final no fueron.

    ¿Autoayuda para dummies?

    Pero también hay otro discurso que cruza la serie y se mantiene a lo largo de todos sus capítulos y temporadas: el discurso de que el esfuerzo personal muchas veces se impone al genio natural. Este mensaje –pontificador en todo momento– no es subliminal, es más bien explícito. Los ejemplos o comparaciones son constantes: la lucha eterna entre el genio y el sujeto sin talento que, con esfuerzo y disciplina, llega a redimirse y superar a su rival. De hecho, los mejores personajes de la serie están construidos bajo esa premisa. Naruto, Rock Lee y Maito Gai (los individuos torpes y privados de talento para las peleas) en contraposición a sus eternos rivales Sasuke Uchiha, Neji Hyūga y Kakashi Hatake (legítimos herederos de la genialidad ninja transmitida a través del kekkei genkai o por simple atavismo). Naturalmente, al final los fracasados se convierten en genios del combate y, con discursos en voz alta, enrostran al espectador que la única forma de ser alguien mejor, es no rendirse nunca y luchar con mucha terquedad por esos sueños que parecen imposibles de alcanzar.

    En esa línea, podría decirse que algunos de los personajes de Naruto encarnan la poética vargasllosiana –nacida del ejemplo de Gustave Flaubert– que sostiene que el hombre sin talento puede insistir y exigirse de una manera sobrehumana para alcanzar la imposible perfección y construir su propio genio. Así salta a la vista que tanto para Kishimoto como para Vargas Llosa, el genio no nace, se hace.

    Es bien sabido que los dogmatismos o aleccionamientos suelen ser peligrosos dentro de una ficción. Sin embargo, en Naruto esta regla parece convertirse en la excepción. A pesar de que la serie pontifique su verdad continuamente, esta no hace ruido ni desbarata la historia. Todo lo contrario, la enriquece. Y sucede así porque su discurso está bien dosificado. En principio, la fuerza de la trama minimiza su evidente imposición. Después, las escenas en las que se aplica, engarzan perfectamente con la idea que la serie trata de vender. Para eso basta recordar como ejemplo el episodio donde Naruto enfrenta a Neji Hyūga en los Exámenes Chūnin. A parte de la lucha con puñetes y técnicas shinobi, hay también como trasfondo una lucha de discursos. Naruto, por su lado, sosteniendo que el esfuerzo puede cambiar los destinos. Y, Neji, obstinado con la idea de que el genio nace predestinado para serlo. Caso bastante parecido es el episodio donde Maito Gai confronta a Madara Uchiha. A modo de flashback se muestra la nulidad de Gai como ninja. Sin embargo, también se evidencia que solo gracias al apoyo de su padre y a su entrenamiento sobrehumano, este logra transformase en un guerrero de élite que finalmente se enfrenta cara a cara con el más grande de los ninjas. Incluso, su enemigo llega a bautizarlo como “El hombre más fuerte de todos”.            

    Fuente: Crunchyroll.  Studio Pierrot, TV Tokyo, TV Tokyo Music

    De este modo, los discursos de superación llegan sin torpezas ni deficiencias que la delaten, pues jamás hacen sentir al espectador como víctima de una imposición moral. Lo único que sí se logra sentir a lo largo de Naruto y a través de su narrativa es cariño, enternecimiento y emoción por cada uno de los personajes que solidifican la trama del anime. Y esto porque a través de sus capítulos o gaiden o spin-off presenciamos ese pequeño milagro de transformación artística mediante el cual, sin ningún engaño, una caricatura animada se convierte en la imagen viva del hombre, es decir, en el trasunto de todos los hombres que la ven.


    NOTAS

    [1] Cabe recordar que Bouvard y Pécuchet siempre vuelven al mismo punto de partida cuando abandonan una ciencia para explorar otra. El esquema se repite: descubren un nuevo pasatiempo, tratan de inventar o realizar algo imposible dentro de este, la gente se burla de ellos, ambos se frustran, se asquean y finalmente regresan otra vez a buscar algo nuevo para repetir la operación.


    [1] Mashiah (hebreo): significa literalmente “ungido”. Pero también se le puede dar la interpretación de “salvador”, “escogido”, “único”.

    [2] Genjutsu: literalmente “técnica ilusoria”. Son técnicas que se emplean para manipular el flujo de energía en el cerebro de la víctima, provocándole una interrupción de los sentidos. Al igual que otras técnicas, se necesita de chakra y sellos de mano para usarla.


    [1] Hokage, latinizado como “Sombra de Fuego: es el líder supremo de Konohagakure, por lo general, el shinobi más fuerte de la aldea.

    [2] Un gaiden significa literalmente en japonés “historia alterna”.  Es un término popular en el universo del manga/anime que describe una historia paralela dentro de otra historia. Al final, ambas termina imbricándose.


    [1] Se lo puede encontrar como: NoChill Baby Naruto o en sus otras redes sociales como @NoChillNaruto

    [2] Del anime Naruto: se refiere a una serie de exámenes o pruebas de selección que los ninjas de una aldea tienen que pasar para dejar de ser un genin y alcanzar el grado de chūnin. Naruto y su equipo realizan este examen y descubren algunos secretos que marcarán sus caminos como shinobis.   

    [3] Agrupación criminal del anime/manga Naruto Shippuden.

  • Los colores del héroe de Konoha: Reseña de Naruto Illustration Book

    Los colores del héroe de Konoha: Reseña de Naruto Illustration Book

    Para los lectores de manga, es común quedarse maravillado ante la estética o calidad de una portada o ilustración y detener el flujo de la lectura para admirar alguna viñeta ante la que no podemos evitar contemplar cada detalle que nos interpela emocionalmente. Son esos momentos los que reafirman la creencia de que el manga es un arte con una increíble capacidad expresiva. Precisamente, los artbooks e illustration books capitalizan dicha creencia cuando congregan lo mejor de la obra de algún mangaka o del imaginario visual de alguna historia que acelera el kokoro de los otaku. Ese es el caso de Naruto Illustration Book, vibrante protagonista de esta reseña.

    Viz media (2010). Fuente de fotografía: Alessandra Gamarra

    Edición Naruto +

    Naruto Illustration Book se lanzó originalmente en Japón casi 9 años después de la publicación del manga y es el segundo de tres libros de ilustraciones de la obra de Kishimoto Masashi . La edición es de un atractivo tamaño A4 con una cubierta plástica que exhibe al ninja rubio en todo su esplendor y si se remueve, podemos encontrar una tapa blanda con la famosa viñeta del manga que muestra a Naruto tras su regreso del viaje de entrenamiento con Jiraiya, específicamente cuando se sube a un poste para admirar a su querida Konoha. Los dibujos son presentados en hojas plastificadas y sin duda es un artículo que todo fan querrá tener además por los extras que incluye (¡Sí, regalos!).

    Cuando se abre el libro, se puede encontrar una plancha de stickers de las primeras 46 portadas de los tankōbon, muchas de las cuales son icónicas como la del primer tomo o marcan hitos en la historia de Naruto según su propio autor como la del tomo 4 que muestra a Naruto con Haku y Zabuza, la 26 y la 27 que presentan a Naruto y a Sasuke respectivamente en su primera pelea en el Valle del fin o la 42 que expone la última reunión de Naruto con Jiraiya. Además, la edición trae un poster desplegable de los nueve jinchūriki con sus bijū cuya información sobre sus nombres y aldeas de origen fue por primera vez revelada a través de esta obra que es un deleite visual.

    El ninja, su aldea y su lucha a todo color

    Uno de los elementos clave del Naruto Illustration Book y que se puede notar incluso pasando rápidamente sus páginas es la explosión de color que son cada una de sus ilustraciones más allá de la paleta base del manga. En relación con ello, en una entrevista en el 2015, Kishimoto-sensei reveló que Naruto fue hecho analógicamente y que se divertía con sus asistentes aplicando los tonos de color. Precisamente, el coloreado, las sombras y la iluminación son los elementos distintivos de esta obra que revelan el trabajo de artesano de su autor y su equipo quienes le dan personalidad, fuerza, vida y belleza a los dibujos y que transmite exitosamente el espíritu de la historia y su protagonista.

    Las ilustraciones no solamente incluyen a algunas de las portadas, sino también a dibujos realizados  por Kishimoto-sensei para la publicación en la Weekly Shōnen Jump, así que en muchas se emplean técnicas artísticas o conceptos particulares que provoca coleccionar. Además, todas estas se encuentran limpias de cualquier logo del título o texto de la publicación, así que el foco se centra totalmente en el arte. Dicho arte está dividido en tres secciones temáticas referidas a través de kanjis, de las cuales la primera lleva el nombre de Shinobi y presenta (a excepción de una imagen) una diversa selección de ilustraciones individuales de Naruto tras su regreso a Konoha.

    A diferencia del primero, los otros dos apartados sí muestran a otros personajes y no solamente se restringen a la segunda parte del manga. En ese sentido, el segundo lleva el nombre de Hoja y se concentra en el equipo 7, los 11 de Konoha, los maestros del protagonista u otros shinobi que conoce en su camino ninja. No obstante, el capítulo más sobresaliente es el llamado Guerra en el que se exhiben potentes ilustraciones del arco de Pain, de Akatsuki, de los conflictos de Sasuke y de la eterna lucha de este último con Naruto. Al respecto, ovación de pie para el dibujo final que compara su batalla con la de los kami Raijun y Fujin (narufans, tengan cuidado con su kokoro).

    Viz Media (2010)

    El festival artístico para los ojos está asegurado, pero esta edición tiene un ingrediente adicional que plantea otra lectura al libro y que emocionará a los fanáticos.

    Feat. Kishimoto-sensei

    En una entrevista del año 2012, Kishimoto-sensei aceptó que la agenda de un mangaka es bastante demandante, pero que era el trabajo perfecto para él por su amor a dibujar manga y precisamente los fans pueden tener un vistazo de este mundo personal del autor a través del Naruto Illustration Book que incluye sus comentarios a cada una de las ilustraciones. Llegamos a conocer desde el cansancio que sentía por momentos hasta las recomendaciones que recibía de parte de sus asistentes o de la Weekly Shōnen Jump, la revista en la que siempre soñó publicar. Asimismo, Kishimoto-sensei revela los conceptos detrás de cada uno de los dibujos.

    Dichos comentarios revelan también muchas de las vivencias de otros mangakas como la autocrítica, las historias detrás del quehacer artístico o los elogios y autosatisfacción que se llegan a conseguir por el resultado final como es el caso de la ilustración del número 52 que es una de las favoritas de esta redactora. Del mismo modo, queda patente el sentido del humor de Kishimoto-sensei que sin duda plantea divertidas relecturas a sus creaciones como cuando se ríe de su propio dibujo de un caballo o descubre la presencia de su propio gato Shu en una de las ilustraciones donde es presentado como una estatua. Sin duda, otro aspecto que los narufans amarán.

    Viz Media (2010)

    Veredicto final

    Recomendado para todos los narufans coleccionistas y aquellos narufans que no quieren quedarse atrás de los coleccionistas. También, es una muy buena adición para los fanáticos de todo el arte de las obras de la Weekly Shōnen Jump o del manga en general y si aún no tienen ningún artbook o illustration book anímense a adquirir alguno, no se van a arrepentir. Naruto Illustration Book consigue el objetivo de transmitir la vibrante energía y la fuerza dramática de la obra de Kishimoto-sensei al mismo tiempo que acerca a los lectores al autor y viene con un par de extras que todo fan estaría contento de tener.

    Puedes encontrar Naruto Illustration Book en Ibero Librerías.

    Viz Media (2010)

    Ficha técnica

    Editorial: VIZ MEDIA

    Año: 2010

    Páginas: 100

    Presentación: Tapa Blanda

    Peso: 0.5kg

    Ancho: 21cm

    Alto: 29cm

    Aquí les dejamos un par de entrevistas a Kishimoto Masashi, donde habla de su trabajo como mangaka:

    INTERVIEW: Masashi Kishimoto – Feb 13, 2012

  • Las historias shōnen a través de sus técnicas de batalla 1: El Rasengan de Naruto

    Las historias shōnen a través de sus técnicas de batalla 1: El Rasengan de Naruto

    Cada héroe o personaje en un anime shōnen de acción suele tener una técnica de batalla icónica cuyo nombre quizás en nuestra infancia gritábamos a todo pulmón mientras tratábamos de imitarlos. Era evidente la espectacularidad de las luchas, pero además muchos comprendimos luego que estas ficciones empleaban a la cultura y tradiciones japonesas y de otros países como referentes para darles nombre y forma a estas habilidades. Asimismo, estas alusiones también se pueden leer en consonancia con las historias y conflictos de los personajes y este es el primero de una serie de artículos que pretende ser un acercamiento a ese objetivo y que inicia con el famoso Rasengan de Naruto.  

    Fuente: Aniplex, BANDAI NAMCO Entertainment America Inc., KSS, Rakuonsha, Shueisha, Studio Pierrot, TV Tokyo, TV Tokyo Music

    Todos giran y giran

    La palabra Rasengan 螺旋丸 se puede traducir de manera literal como esfera o círculo en espiral y se relaciona con los tres procesos que el ninja tiene que aprender a efectuar en cuanto a su chakra para poder llevar a cabo esta técnica o jutsu. Cuando Jiraiya entrenó a Naruto dividió su preparación en tres lecciones: rotación, poder y compresión, es decir, primero debía hacer girar su chakra a gran velocidad, aumentar su densidad o poder y finalmente comprimirlo para darle la forma circular. Si bien parece sencillo en teoría, la serie expone que se necesita un cuidadoso manejo del chakra y es aquí donde Kishimoto Masashi, su autor, toma decisiones interesantes.

    El chakra en Naruto es entendido como una forma de energía vital que emparenta con otros sistemas de poder como el ki, el nen, el reiatsu o el cosmos, empleados en otras series shōnen, pero el caso del anime del ninja rubio es particular. De acuerdo con Adalbert Schneider, chakra चक्र, un término proveniente de la tradición hinduista, significa en sánscrito rueda o disco, lo que lo vincula estrechamente con el Rasengan en tanto círculo y rotación. Al mismo tiempo, se une a una serie de referencias a la figura del espiral que se encuentran presentes en toda la obra de Kishimoto a nivel de símbolos como el de la Aldea de la hoja, nombres como Uzumaki, entre otros.

    Incluso, el nombre de su protagonista, Naruto, se refiere tanto a la pasta de pescado con el dibujo de espiral, así como a la ciudad de Naruto, ubicada en la prefectura de Tokushima en Japón. Además, le da el nombre a un estrecho marino que separa las islas de Shikoku y Aiji y conecta al mar de Filipinas con el Mar interior de Seto en el Océano Pacífico, donde adivinen qué hay: los famosos remolinos de Naruto. Teniendo en cuenta esta referencia deliberada (sobre la que volveremos más adelante) no sorprende que Kishimoto haya elegido el término chakra aunque no se refiera estrictamente a energía vital. El hinduismo le confiere una definición relacionada, pero diferente.

    Según Anodea Judith, se llama chakra a cada uno de los siete centros de recepción, asimilación y expresión de energía de fuerza vital que antes que emparentar con el chakra de Naruto parece ser un equivalente de las Ocho Puertas que, en la serie, controlan el flujo de chakra en el marco del sistema de circulación de chakra del cuerpo humano. Esto hace necesario referirse a la concepción del cuerpo que tiene la tradición oriental, clave para el Rasengan. Según, José Arlés Gómez Arévalo, las culturas japonesa, china e hindú comparten a grandes rasgos la idea del hombre como cuerpo, mente y espíritu, en ese sentido, hay una conexión entre cada una de estas dimensiones.

    De este modo, al igual que estas puertas, cada uno de los siete chakras se ubican en ciertas zonas del cuerpo humano y conectan le energía con dichas partes, en su caso, específicamente con los plexos nerviosos principales de la columna vertebral, glándulas del sistema endocrino y otros sistemas corporales como apuntan Brennan y Myss que son citados por Cohen. En la serie, se establece que las Ocho Puertas fungen como limitadores que evitan que el cuerpo físico se abrume por el exceso energético en el flujo de chakra y esa es la razón del peligro proveniente del Jutsu de la Liberación de las Ocho Puertas practicado por Rock Lee, Might Guy y Might Duy.

    Más allá de estos casos particulares, la capacidad de los shinobi para realizar jutsus parte de su habilidad para liberar chakra del sistema de circulación a partir de los 361 tenketsu o puntos de presión equivalentes a los puntos de la acupuntura china. Según Ohnishi Tsuyoshi y Ohnishi Tomoko, la medicina oriental reconoce una relación distal entre los órganos internos del cuerpo físico y ciertos puntos en partes externas como las manos o pies. Dicha relación se establece a través del flujo de energía vital que, según la tradición china, se llama qi o chi y fluye por los meridianos mientras en el caso hindú lo hace por los nadis.

    Al respecto, los autores señalan que las artes marciales tienen en cuenta esta vinculación para atacar al oponente en determinados puntos externos para afectar internamente sus órganos y en la serie son particularmente empleados por el clan Hyūga en cuanto a varias técnicas como los Ocho Trigramas Palma de Retorno al Cielo. En el caso de la mayoría de los jutsus, estos involucran a los tenketsu de las manos y ese es el caso precisamente del rasengan y dentro de la teoría sobre el sistema de chakras tiene un particular significado dentro de la historia de Naruto.

    Con el corazón en la mano

    En consonancia con la concepción del hombre por parte de las tradiciones orientales y de acuerdo con Robert Beshara, los chakras del hinduismo también se asocian con funciones emocionales, así que no es de sorprender que cada uno de los siete corresponde con un aspecto emotivo particular. Incluso, la serie lo plantea del mismo modo cuando, por ejemplo, Naruto pierde el control de Kurama cuando se deja llevar por la ira. En el caso del Rasengan y las manos, Judith afirma que por su ubicación están conectadas especialmente al chakra cuatro llamado también chakra corazón que la autora denomina como el centro espiritual vinculado a los sentimientos por otros y al amor.

    Más allá de las licencias que se puede tomar la historia al respecto—considerando que muchos villanos pueden hacer un muy buen uso del chakra quizás porque en el fondo todos aman algo más allá de ellos mismos—no deja de ser interesante lo que implica el correcto flujo de la energía y, en cuanto a la serie, el perfeccionamiento de un jutsu como el rasengan. Para Judith, uno de los aspectos que más afecta al flujo del chakra corazón es el rechazo, pues al basarse en el amor este chakra apunta a la integración y la exclusión lleva a un estado de autodestrucción. Es casi instantáneo pensar en esa conocida imagen de Naruto en el columpio fuera de la Academia Ninja.

    Fuente: Aniplex, KSS, Rakuonsha, Shueisha, Studio Pierrot, TV Tokyo, TV Tokyo Music

    En el fondo y al inicio, Naruto es la historia de un niño rechazado por los pobladores de su aldea y sus pares por llevar dentro de sí a la bestia responsable de la destrucción de dicha aldea. De este modo, el deseo de ser Hokage por parte del héroe nace de su añoranza por ser reconocido, aceptado, por integrarse a ese mundo que le ha negado ese amor. Judith reflexiona al respecto del camino para abrir el chakra corazón y destaca la importancia de desarrollar compasión, conexión y entendimiento para con los otros a nuestro alrededor, lo que deriva en la urgencia de querer sanarlos o ayudarlos.

    Cuando Naruto llega al episodio 86, donde Jiraiya entrena al protagonista en el Rasengan, Naruto ha ido paso a paso integrándose y relacionándose con sus compañeros ninja (especialmente Sasuke), su maestro y otras personas a su alrededor que lo reconocen y con las que empieza a desarrollar vínculos cada vez más profundos. En ese sentido, todo eso va sumando para el perfeccionamiento de él como héroe, ninja y como persona, lo que influye en ese chakra corazón y en él a nivel mental, espiritual y, por lo tanto, físico. Posteriormente, el objetivo del protagonista va mutando conforme va comprendiendo más sobre lo que implica ser Hokage y sobre los problemas del mundo ninja.

    Fuente: Aniplex, KSS, Rakuonsha, Shueisha, Studio Pierrot, TV Tokyo, TV Tokyo Music

    Es particularmente paradigmático y fuertemente simbólico el rasengan del episodio 65 de Boruto: Naruto Next Generations, ya que refleja no solo todo el recorrido y ciclo de Naruto como héroe en relación con todas las personas que lo apoyaron profundamente como Jiraiya, Kushina, Neji, Minato, Sasuke y Hinata, sino que también implica todas las promesas que hizo. El camino ninja de Naruto le hizo darse cuenta de que ser Hokage implicaba también una misión de servicio, especialmente, para enfrentar el odio que cargaba su mundo, de ahí que Boruto diga que pesa tanto por el poder que refleja el entrenamiento, las experiencias, el amor y las responsabilidades.

    Al seguir lo señalado por Judith en cuanto a su reflexión sobre el chakra corazón, eso mismo se aplica al otro gran objetivo de Naruto que se vincula al ya mencionado: salvar a Sasuke. Además de sus propias heridas por el rechazo y la oscuridad que eso creó dentro de él, el joven ninja se conecta con su rival y amigo, se reconoce en él. Cuando este deserta obsesionado con su camino de venganza, su deseo de ser fuerte, de conseguir realizar técnicas como el Rasengan se alimenta de su aspiración de querer salvarlo de su odio considerándolo casi un requerimiento obligatorio para convertirse en Hokage.

    Si consideramos los episodios posteriores al 94 de la serie Naruto, cuando el héroe realiza exitosamente su famoso jutsu, el shinobi rubio ha desarrollado variaciones del Rasengan e incluso las ha combinado con otras técnicas como el modo Sennin, el modo Kyūbi, modo Sabio Seis caminos y todo ha ido a la par de este otro camino de apertura del chakra corazón. Hasta qué punto Kishimoto pensó en estas conexiones es difícil saberlo, pero las analogías no dejan de ser interesantes y aún falta una más por notar.

    Viento de cambio

    En teoría, cualquier ninja podría realizar un Rasengan, pero sólo algunos lo han conseguido como es el caso de su creador, Namikaze Minato, también Jiraiya, Hatake Kakashi, Sarutobi Konohamaru, Uzumaki Boruto y, por supuesto, su padre y protagonista, Naruto. No obstante, como se señaló en la serie, este jutsu estaba incompleto, ya que además de la manipulación de forma del chakra, el Rasengan estaba pensado para incorporar la naturaleza de chakra de su usuario, es decir, el elemento fuego, rayo, tierra, agua o viento y el primero en conseguirlo fue Naruto que consiguió incluir el elemento viento creando el Rasen Shuriken.

    Fuente: Aniplex, KSS, Rakuonsha, Shueisha, Studio Pierrot, TV Tokyo, TV Tokyo Music

    Ahora bien, ¿adivinen con qué elemento Anodea Judith identifica al chakra corazón que se ubica a la altura de los pulmones? Exacto. El aire, un elemento esencial para la energía vital. En la tradición hinduista, la fuerza de vida recibe el nombre de prana प्राण que Dhawal Makwana, Archana Pithadiya, Bavun Dubal y Jatin Rola señalan que en su aspecto visible se reconoce como el aire que respiramos y que en su aspecto invisible es la energía que nos permite vivir. Incluso, estos autores señalan que en sánscrito la palabra está formada por dos sílabas: an que significa movimiento y pra que se puede traducir como constante. De este modo, prana también puede referirse a movimiento constante.

    Ya sea el aire que ingresa al cuerpo humano o la energía que a partir de ello fluye por los nadis del cuerpo, ambos están en movimiento. En cuanto al Rasengan hay dos cuestiones a considerar. La primera es que el chakra ya está rotando en la mano del usuario y la segunda es que cuando este lo arroja, avanza barriendo con todo por la onda que emite. No obstante, cuando Naruto incorpora el elemento viento, el Rasen Shuriken adquiere además de un incremento de fuerza, un poder cortante que destruye hasta las rocas y hasta pudo afectar al mismo protagonista. Es el aire en tanto fuerza vital en su máximo movimiento que hace que el jutsu adquiera el máximo de su potencial.

    Es en este punto donde vale la pena recuperar la figura del espiral que mencionábamos en el primer acápite ya que el viento es el que lo forma en el caso del Rasen Shuriken y de los remolinos del estrecho de Naruto. Incluso, la palabra Shippuden se puede dividir en Shippu que significa vendaval o viento fuerte y den que se refiere a cuento o leyenda, así que la secuela de Naruto lleva el nombre de cuento o leyenda del vendaval. Más allá de que este título es algo exclusivo del anime, el elemento del viento es otro importante referente de la obra de Kishimoto y tiene un significado interesante.

    Fuente: Japan Craft. Autor: Utagawa Hiroshige

    Según Kokubo Hideyuki, el qi/chi chino que también hace referencia a la energía vital como el prana se puede traducir como movimiento de una nube y en Japón la palabra qi/ki aún se utiliza para expresar cambios en el clima. ¿Y quién es el que trae dichos cambios? Gómez apunta que especialmente el qi se refiere al fenómeno del viento que es quien influye en el cambio del tiempo así como del cultivo de los granos. El mundo tiene un determinado modo en cuanto a la energía y el estado de cosas, pero llega el viento, entonces se produce el cambio que nace de esa fuerza vital que nos sostiene a todos.

    En el primer arco del anime Naruto, Prólogo – País de las Olas, específicamente en el episodio 19, tras las muertes de Haku y Zabuza, el equipo 7 habla sobre la concepción de los ninjas como herramientas y Naruto declara que él está en desacuerdo, en cambio, señala que va a seguir su propio camino ninja sin arrepentirse de nada. Desde el inicio de la historia, Naruto piensa diferente sobre la ausencia de amor y sentimientos de compañerismo entre los ninjas como quizás muchos también lo hacen, pero algunos no lo manifiestan o no deciden persistentemente mantener sus opiniones para convencer a otros de que están en lo correcto. Es ahí donde entra el héroe shōnen.

    Fuente: Aniplex, KSS, Rakuonsha, Shueisha, Studio Pierrot, TV Tokyo, TV Tokyo Music

    La primera vez que Naruto consigue realizar un Rasengan es debido precisamente a su persistencia para dominar en poco tiempo una técnica que a su creador tardó 3 años en dar forma y que exige un nivel superior a un genin (además consideremos que no era el ninja más brillante). Esto termina inspirando a Tsunade a aceptar convertirse en Hokage con todas las consecuencias positivas que ello trajo a la aldea y al mundo ninja. Ella es una de la larga lista de personajes, camaradas y villanos, que se convencieron de que el cambio es posible y que, para mantenerlo, hay que seguir creyendo.

    El camino ninja de Naruto del Rasengan al Rasen Shuriken sólo acentúa más este aspecto de la historia y del personaje hasta que el niño cumple la profecía y se presenta como el viento, ese prana/qi/chi/ki, que inicia el cambio del clima de odio de la sociedad shinobi para que esta última abra ese chakra número cuatro en el que los sentimientos y el amor son sentidos, pero cuyo flujo ha sido bloqueado por años de guerras, injusticias y venganzas. Planteando el primer movimiento de rotación, luego el espiral sigue girando por todas esas personas que son inspiradas por él y mantienen el movimiento de cambio.

    Fuente: Aniplex, KSS, Rakuonsha, Shueisha, Studio Pierrot, TV Tokyo, TV Tokyo Music

    Sin duda, tiene lo idílico de todo héroe shōnen, pero Kishimoto propone estas ideas a través de un interesante sincretismo que conjuga las tradiciones de tres culturas orientales y es en esa particular combinación, que nos permite acercarnos a ellas al mismo tiempo que las conecta con su historia y su protagonista. La icónica técnica de su héroe despierta interesantes lecturas que esperamos replicar en futuros artículos orientados a otras series o personajes.

    Aquí les dejamos más información sobre los chakras y todas las formas de energía vital mencionadas en el artículo:

  • Anime, violencia y memoria: entrevista a Alessandra Gamarra

    Anime, violencia y memoria: entrevista a Alessandra Gamarra

    Aprovechando el verano -y para muchos de nosotros, las vacaciones-, el día de hoy entrevistamos a Alessandra Gamarra, Licenciada en Comunicación Audiovisual, quien defendió la tesis titulada “El camino del dolor: el discurso sobre el ciclo bélico de violencia representado en el anime shōnen Naruto Shippūden a partir del relato de Nagato / Pain”. Conversaremos con ella sobre su aproximación a la cultura japonesa, la importancia del anime y manga en la educación, y cómo esta nos ayuda a entender una parte de nuestra cultura pop local. 

     

    Sugoi: Muchas gracias por tu tiempo, Ale. Para entender un poco el contexto que te llevó a analizar como tema de tesis la serie Naruto Shippūden, ¿nos puedes decir desde cuándo te gusta el anime? ¿Con qué animes o mangas has entrado al mundo de la cultura pop japonesa? ¿Qué es lo que más te atrae de ella?

     

    Alessandra: Bueno, primero muchas gracias por la entrevista y el interés en mi tesis. Soy súper honesta cuando digo que ser entrevistada para Sugoi me emociona mucho por lo que significa para la difusión del anime y manga en el Perú. Bueno, respondiendo a la pregunta,  a mí me gusta el anime desde siempre. Mi hermano mayor veía mucho anime cuando yo era pequeña, así que fue bastante natural e inmediata mi introducción al anime. La primera serie que vi fue Saint Seiya, pero tenía cuatro años, así que sobre todo recuerdo Dragon Ball, Sailor Moon, Captain Tsubasa, Sakura Card Captor, Pokémon, Digimon, Magic Knight Rayearth, Candy Candy, Lady Oscar, Tenkū no Esukafurōne. Digamos que esas fueron las principales series que me llamaron a ver otras posteriormente. En ese momento, me llamaron la atención las historias y los personajes.

    Las protagonistas femeninas eran heroínas con poderes, con la misión de salvar el mundo. Creo que también el hecho de que era más real la posibilidad de muerte para los personajes en el anime me hacía conectarme más con sus dilemas, sus destinos, sus relaciones con sus amigos y familias. Admiraba mucho el honor de los personajes, el compañerismo y, por supuesto, la animación, la emoción que transmitían las batallas. Además, también me llamaban la atención los elementos de la cultura japonesa como los templos, la comida, los escenarios, la ropa, etc.

    Ahora que si le preguntas a la Alessandra del presente qué le atrae del anime creo que la respuesta más concisa sería porque me gusta la manera cómo permiten que el espectador experimente el mundo y a los personajes de sus historias. Tanto desde el lenguaje audiovisual, como desde la narración. Hay una sensibilidad en el anime que admite hablar tanto de lo bello como de lo terrible del mundo yendo más allá de hablar del bien y del mal, sino apuntando a hablar de la humanidad con sus claroscuros. Eso creo que es algo muy característico de la cultura japonesa, pero eso sumado al tiempo e importancia que muchas series y películas le dedican a desarrollar a los personajes, al retrato de la vida con sus elementos trascendentales y grandes así como con los pequeños e íntimos, lo hace un disfrute para los que nos gustan las narraciones con profundidad psicológica y emocional, así como con espectáculo visual.     

     

    Sugoi: ¿Qué te llevó a analizarlo y por qué consideras es necesario?

     

    Alessandra: Bueno, lo primero que pensé cuando tenía que hacer mi tesis de Licenciatura es que tenía que estudiar un tema que me apasionara, pues iba a estar mucho tiempo dedicada a ello. Cuando yo estaba en Estudios Generales Letras y estaba llevando el curso de Ciudadanía y Responsabilidad Social, tratamos el tema de la guerra y la paz. Yo me había quedado pensando en esta idea de que cuando se firma un tratado es cierto que hay un compromiso de que las hostilidades terminen, pero también implica que de cierta manera las personas que perdieron a sus seres queridos en el conflicto tienen que seguir cargando su dolor con la idea de que su país está en buenos términos con la nación, grupo o personas que tienen cierta responsabilidad en esas muertes. Esa parte humana del estado bélico estaba rondando mi cabeza y justamente coincidió con que en esa época estaba retomando Naruto Shippūden, que lo había dejado de ver bastante tiempo. Justo ese mismo día de la clase, regresé a mi casa y vi el episodio 165 en el que Pain hace la primera mención a la cadena de odio y esa era la problemática sobre la que yo no podía dejar de pensar. En ese momento, comencé a percatarme de que todo el arco «Asalto de Pain» ahondaba tanto narrativa como audiovisualmente en ese fenómeno que luego yo encontré que se llamaba ciclo de violencia, la expresión de esa cadena de odio. Antes de entrar a Facultad ya pensaba que sería un tema de tesis interesante y cuando ya estaba en Facultad, me decidí, el tema de la guerra siempre me había interesado y Naruto Shippūden, mi anime favorito, lo trata de una manera interesante, así que no dudé.

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    Cuando salió la noticia de mi sustentación, hubieron diversas reacciones en las redes sociales y recuerdo que precisamente se debatía sobre la relevancia de mi tema de investigación que como había tantos problemas en las sociedad por qué no analizaba otro fenómeno social. Bueno, mi carrera es Comunicación Audiovisual, así que mi tesis de licenciatura tiene que estar vinculada con mi carrera. Creo que el principal problema fue que se trataba de un producto de la cultura popular y cuya importancia es pasada por alto no sólo por la academia sino también por gran parte de la sociedad. Se deja de lado que para conocer mejor a la sociedad, para enfrentar sus problemas, hay que conocer los discursos que consume, que adopta o en torno a los cuales discute. Eso se halla en la cultura popular. Creo que hay un desdén constante hacia la emoción vinculada a la cultura popular en comparación con la razón vinculada a las ciencias más formales y por eso se desacredita cualquier estudio vinculado a series, películas, etc. más aún a “dibujos animados que son consumidos por niños” como a veces se concibe al anime. No obstante, lo que nos conecta a todos como seres humanos son las historias, las emociones que nos despiertan y no se puede dejar eso de lado si lo que buscamos es entender a la humanidad y construir un camino a futuro de unión, tolerancia y reconocimiento. Por eso, considero que es necesario seguir con investigaciones similares.        

        

     

    Sugoi: ¿Por qué consideras que en el Perú calaron historias de una cultura aparentemente tan distinta como la japonesa?  

     

    Alessandra: Creo que la tradición del melodrama latinoamericano es una demostración de que países como el Perú gustan y son productores de historias donde se enfatiza el elemento emotivo. Con esto no quiero decir que todo el anime es melodrama, pues depende del género y la demografía. Hay una mayor o menor modulación de ese énfasis emotivo en las historias de las series anime, pero el aspecto emocional es central. Incluso, en el anime shōnen. Desde los inicios, Tezuka marcó en el manga, la importancia de los primeros planos para la profundización psicológica y emocional de los personajes que son la base sobre la que se construyen todas estas historias. Sufrimos y nos emocionamos con Goku, no sólo porque lo vemos recibir un golpe, sino porque vemos en su rostro que lo sufre y porque sabemos lo que está en juego si pierde, porque nos lo recuerda una voz over, porque lo vemos en un flashback, porque lo transmiten los rostros de sus amigos que lo están mirando. Creo que si bien las series anime también tratan temas universales con los que todos se pueden conectar como la superación personal, la adolescencia, la guerra, etc. es el elemento sentimental y su tratamiento lo que nos genera empatía con historias de un país y cultura tan lejanos.   

     

    Sugoi: Hace poco he ido a un evento donde se presentaron distintos grupos de covers y de idols, y me ha llamado la atención que en Perú se produzca mucho desde el lado del cosplay y el baile, y también un poco desde la literatura y la historieta -el cual tiene influencias del manga-, pero poco se sabe de la música, los videojuegos y la animación. ¿Crees que revisar las características del anime podrían ayudar a nutrir nuestra industria audiovisual?

     

    Alessandra: Creo que siempre es posible que la producción audiovisual se nutra de las experiencias de otros países e industrias, más aún ahora que hay mayor acceso a los contenidos. Recuerdo cuando teníamos que esperar meses o años para ver un nuevo capítulo de las series que seguíamos y ahora la podemos ver a la par con Japón. En ese sentido, creo que es importante diversificar nuevamente nuestra producción nacional en cuanto al rango etareo de las audiencias para abarcar nuevamente al sector más joven del público, que es el grosso de la audiencia del anime. Es cierto que los adolescentes, jóvenes y niños peruanos ya no son lo mismo que en nuestras épocas y que las tecnologías han cambiado la manera de consumo y los productos audiovisuales que son atractivos para ser consumidos, pero creo que una serie peruana-por qué no de animación-de buena calidad audiovisual y con un buen guion podría hacer una diferencia. No estoy muy enterada de la producción de animación nacional, pero sé de varios proyectos de largometrajes, cortos y series que quizás más adelante si se conjugan las condiciones económicas y de interés de los programadores de las distintas plataformas de difusión en nuestro país (festivales, canales de televisión, etc.) podrían llegar a mayor cantidad de público.

    Ya desde un punto de vista narrativo creo que no solamente para la animación, sino para la industria audiovisual en general, se debe rescatar la capacidad que tiene el anime para combinar el entretenimiento con el tratamiento y reflexión de temáticas socialmente relevantes. Creo que a veces se subestima mucho al espectador peruano o se descarta desde el inicio la posibilidad de profundizar en problemáticas o en tópicos complejos, porque se asume que va a ser aburrido o nadie lo va a ver, pero es posible hacerlo. La vigencia de esta tendencia en el anime es una muestra de ello y algo que vale la pena imitar.     

     

    Sugoi: Uno de los espacios que nos reunió, luego de la universidad, fue el Círculo de estudios japoneses Tenjin – 天神学団. En ella no solo tratamos de seguir la disciplina académica (investigar, leer/ver y dialogar con colegas de distintas especialidades), sino también tratamos de mantener la pasión del fan al momento de realizar nuestro trabajo. En Perú e Hispanoamérica, ¿qué esfuerzos crees que se han hecho para acercarse de manera académica a la cultura pop japonesa y, en general a los estudios asiáticos? ¿Crees que es suficiente? ¿O por qué no ha habido una aproximación tan fuerte?

     

    Alessandra: Bueno, a raíz de mi tesis de licenciatura, he conocido del trabajo académico en México, donde hay círculos de investigación y se promueven tesis o investigaciones sobre anime, manga y cultura otaku. También, Argentina y Chile son otros dos países donde hay redes de investigadores que se centran en cultura pop japonesa. Creo que en todos estos casos una de las bases y puntos de partida es la existencia de centros de estudios japoneses o asiáticos como es el caso en Perú de la PUCP con el CEO y el CEAS en la UNMSM. Esos espacios y sus eventos o cursos abren la curiosidad de los alumnos más allá de una específica serie, película o título de manga para mostrar la cultura y sociedad que se expresa en ellos. Posteriormente, nacen iniciativas de los mismos estudiantes o profesores que encuentran más conexiones entre los productos audiovisuales que consumen, la cultura o alguna teoría que estén aprendiendo en algún curso, de ese modo, se apertura la mirada del investigador académico. Bueno, en esa línea, estamos nosotros, está Lámpara de Papel, Satori es otra iniciativa y tengo entendido que en la UPC, en la UNI y en la Universidad de Lima hay otros grupos. Incluso, creo que otro esfuerzo a considerar son los clubes de visionado de anime en diversas universidades donde se incita la curiosidad hacia el anime y el manga. Obviamente, si nos comparamos con otros países, no creo que sea suficiente. Es necesaria mayor difusión, pero sobre todo revalorizar el papel del investigador más allá de las ciencias formales en cuanto a su aporte a la sociedad. Eso va a impulsar que haya una mayor motivación por parte de las nuevas generaciones. Y por supuesto también repensar la manera en la que se concibe la cultura popular de modo que se le pueda ver de forma más natural como objeto de estudio. Creo que justo el hecho de que no se reconozca la labor del investigador y la importancia de la cultura popular es la principal barrera y de ahí que estudiar una cultura pop asiática sea impensable o poco serio.        

     

    Sugoi: Cuéntanos sobre tu tesis. Ha sido todo un éxito, y no hablo solamente de la nota (sobresaliente *aplausos*). ¿Por qué estudiar un anime? ¿Por qué analizar Naruto Shippūden? ¿Qué aspectos analizas en específico?

     

    Alessandra: Creo que mi respuesta va a tener algunas similitudes con cuestiones que ya he mencionado, pero cuando fui a una clase de investigación en la universidad para hablar sobre mi tesis, un chico me dijo que si las personas vieran al menos un arco de Naruto, quizás la sociedad podría ser mejor y más allá de lo ingenuo que algunas personas puedan pensar de ese comentario, hay algo real. Desde la comunicación, podemos generar cambio social realizando productos que sean punto de partida de discusiones y debate en cuanto a problemáticas o temas que son el camino a una transformación positiva. Un anime como Naruto Shippūden es un producto de alcance mundial y ahí encuentras el primer punto interesante. ¿Por qué? ¿Qué nos dice de la audiencia que la consume, que son parte de esa sociedad que queremos cambiar? ¿Qué discursos propone y qué piensa el público de ellos? Principalmente, va dirigido a una audiencia de varones adolescentes entre 12 y 18 años, es decir shōnen, ¿te imaginas lo interesante que sería como comunicadores llegar a ese sector de la población que está en una etapa importantísima de su formación personal, social, mental y emocional? Si podemos fomentarlos a desarrollar un sentido crítico, a interesarse por los problemas sociales como la guerra o las desigualdades sociales que se tratan en el arco que analizo y hacerlo combinando entretenimiento y reflexión que es lo que propone el anime, podemos avanzar la dirección correcta como sociedad. Allí yace el valor de una investigación sobre anime, podemos aprender de esa narrativa. Yo analizo el discurso sobre el ciclo bélico de violencia en la serie. Este concepto se refiere a que existen personas o grupos que se quedan atrapados en la violencia bélica en un sentido circular o de escalda. En otras palabras, una persona mata o lastima a otra, esta víctima o su familiar o sus compañeros se vengan, la nueva víctima o sus seres queridos toman revancha y así sucesivamente.

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    En Naruto Shippuden, eso le pasa a Nagato/Pain, el personaje cuya historia se trata en el arco que analizo. Sus padres son asesinados y su país es destruido al ser el campo de batalla de la guerra de un país potencia como es el País del Fuego, país de Naruto. Él mata a los asesinos de sus padres en un impulso, pero luego trata de proteger y prolongar la paz a través de una organización, Akatsuki, pero el jefe de su propio pueblo con un funcionario del país de Naruto lo traicionan acabando con todos sus compañeros y matando a su mejor amigo. Nagato/Pain alimentado por el dolor, odio y deseo de venganza se vuelve un genocida y decide atacar al País del Fuego y en realidad a todo el sistema social ninja. Yo concluyo que al respecto, el discurso que propone la serie es que para frenar estos ciclos, por un lado, no se debe renunciar a encontrar una solución a la violencia que es promovida desde la cultura ninja y la estructura social de ese mundo ficticio, del que se pueden encontrar ecos en el mundo real. Por otro lado, se debe decidir mantener una voluntad firme de no caer bajo el control del odio, pues la sociedad puede que le siga fallando al individuo y de él depende no vivir una vida envenenada por la venganza, el dolor y ese odio. Suena injusto en cierta medida, pero es que este problema está tan enraizado y si no se mantiene la fe en la consecución de la paz, la tarea titánica que es necesaria para conseguir ello no se podrá llevar a cabo. Yo llego a esa conclusión analizando la narratología y el lenguaje audiovisual de cuatro secuencias de los últimos capítulos del arco Asalto de Pain.   

     

    Sugoi: En literatura se suele considerar algunas narrativas como un “lugar de memoria», término acuñado por Jan Assman a través del cual eventos vitales para una cultura son plasmados en el espacio (arquitectura, monumentos, etc.) o en el arte (pintura, poesía, literatura, teatro, etc.). En ese sentido, es curioso para algunos la idea de que el anime, pueda ser considerado un “lugar de memoria” pese a ser un producto cuyo fin es obtener un beneficio económico. ¿Cuál crees que es el enfoque en la actualidad que dan los animes sobre eventos traumáticos? ¿En qué época crees que comienza a haber un boom de este tipo de anime? ¿Con ello están confrontando algún aspecto de su historia? 

     

    Alessandra: Creo que así como la sociedad japonesa puede ser un ámbito de debate y conflicto en cuanto a los discursos relacionados a eventos como la guerra, lo mismo ocurre en el anime. Aún Japón encuentra dificultades en concebirse a sí mismo tanto víctima como victimario de la Segunda Guerra Mundial un punto de quiebre en sus memorias históricas y su vida como sociedad. Tenemos aún películas como En este Rincón del Mundo donde se explora el horror de la guerra desde el punto de vista de los civiles así como gran cantidad de animes que han vuelto a poner atención al mundo militar a veces resaltando el heroísmo y la gloria. Yo creo que desde el 2008 hay un boom de esto último, pero creo que desde los inicios el anime ha lidiado con temas traumáticos como el miedo a los desastres nucleares que se encuentra detrás de las historias de kaijus. El estado bélico también ha sido otro tema constante, pero una postura más crítica a los crímenes de guerra japoneses en la Segunda Guerra Mundial se puede ubicar a finales de la década de los 60 y durante la década de los 70. Desde finales de los 50 hasta finales de los 60 más bien la postura era de ensalzar a los héroes que sacrificaron todo por su nación. La sociedad japonesa no suele ser muy abierta a todo tema que atente contra la homogeneidad y sentido de colectividad de su sociedad, entonces las controversias de todo sentido o los hechos traumáticos con narrativas poco definidas o conflictivas encuentran un lugar de mayor libertad en el anime, pero aún así considero que no es muy vista una confrontación directa de estos temas. Es decir, puedes ver un anime que hable del tema de la guerra con su complejidad, pero no específicamente de la Segunda Guerra Mundial o la Segunda Guerra Sino-Japonesa con datos y nombres exactos. Hay que entender que el anime es un producto destinado al consumo  también, pero el profundizar en la guerra como problemática ya es un avance del cual creo que nosotros, los peruanos, con nuestro propio pasado de conflicto interno podríamos aprender con miras a desarrollar ciudadanos con sentido crítico.

     

    Por: Alexandra Arana Blas