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  • Breves apreciaciones sobre Shingeki no Kyojin hasta el episodio 8

    Breves apreciaciones sobre Shingeki no Kyojin hasta el episodio 8

    Después de 3 años y medio de espera, la segunda temporada de «Shingeki no Kyojin» estrenó su primer episodio (el 26 de la historia en general) el 1 de abril. Aunque las cabezas de la serie anterior volvieron, hubo un cambio importante: Tetsurou Araki pasó a supervisar el proyecto como director jefe, mientras Masashi Koizuka asumió la dirección propiamente dicha. Koizuka ya había participado en la primera temporada en varias labores, e incluso dirigió cuatro episodios, entre ellos el 25.

    Imagen promocional de la segunda temporada

    Primero, la canción de apertura de la serie, «Shinzou wo Sasage yo!» («¡Ofrece tu corazón!»), sigue la línea que había sido iniciada con las dos primeras, especialmente la segunda, «Jiyuu no Tsubasa» («Alas de libertad»): un himno para ser cantado con la postura firme y una mano al pecho, proporcionado otra vez por la banda Linked Horizon.

    Pero lo más sorpresivo vino del lado del ending: “Yuugure no Tori” («Ave del crepúsculo») de la banda Shinsei Kamattechan es, sin duda, una canción poco común: con una voz distorsionada acompañada de un coro casi fantasmal (que suena infantil), resulta inquietante a la vez que adictiva. Por su lado, las imágenes, que se presentan como si hubieran sido filmadas y conservadas en celuloide maltratado (aunque parezca un anacronismo) y se asemejan a ilustraciones medievales, plantean una historia propia que varios han señalado como portadora de spoilers importantes, los mismos que reconocerán aquellos que sigan la historia impresa, pero que sin contexto, deja a los que seguimos la animación con varias dudas y abre la puerta a múltiples hipótesis.

    Algunas series se toman muy en serio el poner al corriente al espectador luego de que regresan al aire para una segunda parte por temor a perder su atención o para no asustar demasiado a quienes planeen saltarse la primera y, así, obtener una mayor audiencia. “Shingeki no Kyojin” nos deja bastante claro desde el principio que tiene pocas contemplaciones con los espectadores nuevos. Hay un brevísimo resumen al inicio del primer episodio y nada más. Asume que las explicaciones de su mundo, las reglas con las que se juega, ya se dieron y, principalmente, se mostraron anteriormente. Tiene la confianza, a pesar de haber sido emitida hace más de tres años, que los espectadores conocen a sus personajes.

    “Shingeki no Kyojin” planteaba una historia de supervivencia en la que la única opción que le quedaba a la humanidad era salir de la comodidad de sus muros, enfrentarse a los peligros del mundo (los titanes), ir a lo desconocido y desentrañar misterios que obstaculizaban su camino, porque, tarde o temprano, el permanecer encerrados los eliminaría. Claro, la decisión de aventurarse más allá de una supuesta zona segura no bastaba y el precio a pagar se traducía en vidas. Muchas vidas. Pero pronto descubrimos la conciencia de grupo, de sacrificio personal por conseguir un ideal mayor (como la naturaleza de himno de los OP nos recuerda).

    Esta continuación sigue con esa idea. Se hace presente en el ambiente en general, pero también en las pequeñas historias. Hay más espacio para ver a los compañeros de los centrales Eren, Mikasa y Armin (cuyas relaciones y motivaciones ya son conocidas y que habían tenido bastante pantalla en la serie del 2013). Así, podemos conocer un poco más a algunos de estos personajes, parte de su pasado, seres que les eran queridos en entornos que les eran familiares. Este tiempo es importante, los aleja de ser simples figuras que rellenan el espacio, de ser sólo la chica obsesionada con la comida, del bajito del grupo. Mientras que con otros, multiplica la intriga: al dosificar lo que sabemos de ellos, nos hace querer conocer más. Aunque “Shingeki no Kyojin” no se ha caracterizado precisamente por mostrar personajes muy complejos, se da mano suficiente para que nos preguntemos qué llevó a algunos a hacer lo que hacen y cómo se conecta con los sucesos mayores.

    En este tramo, la narración se ha centrado en seguir un evento medular con el agregado de flashbacks. Aunque a la serie estos últimos no le son desconocidos, esta vez su presencia se hace notar por dedicárseles más tiempo. Funcionan muy bien para esconderle información al espectador, hacerles reevaluar situaciones y comportamientos ya vistos, aunque sacrifica un poco el ritmo. Con unos cuantos episodios, la aparición del segmento que nos muestra algo que sucedió hace unas horas o unos años ya es esperada e, incluso, da la sensación de seguir una rutina. A pesar de esto, hasta el episodio 7 se mantiene cierta sensación de urgencia.

    Para el octavo, hay un momento de calma. Luego de la acción y las liberaciones (y ocultamientos) de información que derivaron en el clímax del séptimo: el descubrimiento de la identidad del titán colosal y el titán acorazado, sigue una sensación de derrota. Y a esta una reafirmación: aunque las cosas no hayan salido de la mejor manera, no hay que dejarse vencer y continuar. «Nunca lo vi ganar, pero tampoco lo vi rendirse derrotado», dice Hannes sobre Eren para motivar a Mikasa y a Armin. Para motivarse a sí mismo. Ese es un buen recordatorio de lo que se propone la serie: esta no será la última vez que sientan que han fracasado, pero lo importante es volverse a levantar, salir nuevamente aunque el mundo intente devorarte. Conocer la verdad.

    https://www.youtube.com/watch?v=x_1rOzwzKXw

  • Kurozuka

    Kurozuka

    Dirigida por Tetsurou Araki y producida por estudio Madhouse, “Kurozuka” es una serie de TV de 12 episodios estrenada en el 2008 y que se transmitió por la cadena japonesa Animax.

    (Izq. arriba) Portada del libro. (Izq. abajo) Portada del primer volumen del manga. (Der.) Imagen promocional de la serie de animación

    Japón, finales del siglo XII. Mientras huye por unas montañas boscosas en compañía de su fiel sirviente Benkei, Minamoto no Yoshitsune, también llamado Kuro, es atacado por unos extraños soldados. Kuro no los reconoce como enviados por su hermano, su perseguidor, aunque piensa que podrían ser de los muchos enemigos que tiene ya. Una vez vencidos, Benkei sugiere pasar la noche en una casa que divisa a lo lejos, y así un debilitado Kuro pueda descansar; allí son recibidos por una amable y muy hermosa mujer llamada Kuromitsu quien accede a darles cobijo bajo la condición de que no se acerquen a la habitación que está en el fondo de la casa. Al día siguiente, la situación de Kuro empeora y Benkei decide ir a buscar medicinas; ya solos, Kuro y Kuromitsu descubren la fuerte atracción que hay entre ellos. Esa noche, Kuro se despierta y, movido por un sonido, se dirige a la habitación prohibida, en donde se le revela el secreto de Kuromitsu y, poco después, enemigos suyos y soldados como los que enfrentó antes atacan la casa. Así inicia una trágica historia de amor y búsqueda que se expandirá por siglos.

    ¿Cómo nació esta historia? “Kurozuka”, la serie de animación, toma como base la novela homónima escrita por Baku Yumemakura, un prolífico autor que cuenta con más de 280 libros en su haber, publicada en el año 2000. De esta se hizo una adaptación al manga en el 2003 dibujada por Noguchi Takashi, que contó con 10 volúmenes. Posteriormente, en el 2008, llega la adaptación animada que, a pesar de compartir el mismo origen e intentar mantener lo esencial, difiere del mencionado manga para contar la historia a su manera. Pero Yumemakura no la ideó de la nada; muchos de sus escritos están basados a su vez en cuentos y mitología japonesa. Y esta no es la excepción. “Kurozuka”, traducido como «montículo negro», es una popular leyenda nipona de larga data y que, al igual que con el trabajo del escritor, ha inspirado a otros artistas de distintas áreas, incluyendo una puesta en escena de teatro Noh (teatro clásico japonés): “Adachigahara”.

    (1) La nodriza y la niña. (2) El monje prescribe la cura. (3) La nodriza en la gruta. (4) El ataque a la mujer encinta. (5) El amuleto. (6) El horror y la transformación

     

    En breve, la más extendida versión de la leyenda de “Kurozuka”, o el demonio de Adachigahara, cuenta la búsqueda de una nodriza por encontrar el remedio a la enfermedad de la niña que estaba a su cargo: el hígado de un recién nacido. Al consultar con un monje sobre la delicada salud de su hija, los padres reciben esta prescripción. Preocupados, le encomiendan esa difícil labor a la nodriza, que le tenía gran cariño a la pequeña. Pero al no encontrar voluntarios, luego de viajar por diferentes lugares durante muchos años, decide conseguirlo a la fuerza: se oculta en una gruta junto a un camino hasta que ve pasar a una mujer encinta, salta sobre ella y la mata. Entre sus cosas, halla un amuleto que reconoce como el que le entregó a la pequeña niña enferma antes de partir, y que se había convertido en esta mujer. Ante el horror de la revelación, se transforma en un monstruo y empieza a habitar cerca de montículos negros a la espera de viajeros incautos.

    Por otro lado, la obra de teatro Noh cuenta como unos monjes budistas llegan a la casa del demonio de Adachigahara y lo vencen con rezos antes de ser atacados. A los que sientan curiosidad por la obra, pueden encontrarla aquí en japonés sin subtítulos («Adachigahara»).

    La mención de esta es importante porque, como notará rápidamente el espectador de la serie, podemos reconocer en la animación motivos sacados de la puesta en escena. Para empezar, como antesala a los episodios, vemos a un intérprete enmascarado, propio de este tipo de teatro, que se mueve solemnemente y recita unas oraciones que sugieren (la sugerencia es una de las principales características del Noh) lo ocurrido en el episodio anterior (salvo el primer episodio, en el que es un pequeñísima introducción). Conforme avanzamos en la historia descubrimos que este no es un elemento separado, sino que se encuentra en el mismo mundo de “Kurozuka”. Esto le otorga una capa más de significado a por qué este intérprete y los que están presentes durante la puesta en escena tienen conocimiento de estos sucesos. Así también, es la voz del enmascarado la que nos recita, al final de cada capítulo, el nombre de los episodios que vendrán. Esto remarca una característica importante de la historia: la fatalidad, el destino trágico que tienen que cumplir sus personajes, los hechos ya escritos.

    El director de la serie, Tetsurou Araki

    Como hicimos notar antes, “Kurozuka” tuvo en la dirección a Tetsurou Araki; de hecho, este fue el tercer trabajo que tuvo a su cargo: venía de dirigir la OVA “Otogi Jushi Akazukin” (2005) que, debido a su éxito, se transformó en una serie de TV; y “Death Note” (2006), que le valió un gran reconocimiento tanto dentro como fuera de Japón. Los que hayan visto esta segunda, reconocerán un estilo visual particular que posteriores trabajos de Araki se encargaron de desarrollar y hacerlo su marca personal. “Kurozuka” no es la excepción, aunque tal vez uno no pueda darse cuenta con rapidez debido a que, a diferencia de la lucha de estrategias mentales sostenida entre Light Yagami y L en la que resaltar pensamientos y actos cotidianos (como comer papás fritas) pasan a ser momentos épicos, la búsqueda de Kuro y sus compañeros, desde un principio, está llena de momentos de acción y transcurre en un contexto en el que somos conscientes de la magnitud temporal por lo que podemos sentir que lo propuesto visualmente por el director encaja con más naturalidad. Esto no quita que en algunos de sus momentos más apacibles “Kurozuka” «delate» a Araki, momentos como arrojar una bolsa de heces y no dejar que su contenido nos toque (con fondo musical de película de suspenso para acompañar) o al probar un estofado hecho al aire libre.

    En donde lo reconoceremos de inmediato será en la secuencia de apertura, que tiene un storyboard hecho por él, algo que se ha vuelto usual en sus trabajos. Para este opening, el grupo WAGDUG FUTURISTIC UNITY acompañados de Maximum the Ryo-kun (vocalista del grupo MAXIMUM THE HORMONE) canta la contundente “SYSTEMATIC PEOPLE”, cuyo repetitivo “Ready to go” no podría describir mejor el carácter del viaje que vamos a presenciar.

     

    [youtube https://www.youtube.com/watch?v=HWsgGmXX9hE&w=640&h=360]

    Y por el lado del cierre tenemos «Hanarebanare» («Separados»), una muy sentida canción de SHIGI en la que vemos imágenes de una lámpara de papel en cuyas dos caras visibles están dibujados Kuro y Kuromitsu, esta última de cabeza, posiblemente para resaltar la separación a la que hace mención la letra, pero con una esperanzadora imagen final de ambos abrazados.

    [youtube https://www.youtube.com/watch?v=QJM-j8WZpxA&w=640&h=360]

    Un aspecto a resaltar en “Kurozuka” es el diseño de personajes de Masanori Shino: los rostros están dibujados con realismo, pero también con suma belleza, especialmente el de Kuromitsu. Es quizá este cuidado en los trazos de las caras lo que lo hace difícil de seguir: notaremos como no se puede mantener ese preciosismo en todo momento. Algo similar ocurre con los cuerpos: la figura humana común en “Kurozuka” es espigada con extremidades largas, aunque a diferencia de, por ejemplo, los diseños del grupo CLAMP, aquí es más notoria la presencia de masa muscular. Estos detalles no parecen poder permanecer constantes y es notable en el caso de las piernas en encuadres abiertos. ¿Esto daña visualmente a la serie? En conjunto, no; aunque uno pueda notar desproporciones o malformaciones, la sensación general es que los diseños son tan buenos que inevitablemente habrá partes en donde sufrirá y es más fácil de aceptar, y a eso hay que sumarle lo siguiente: en “Kurozuka” siempre está pasando algo, salimos de una situación para meternos en otra; por lo que nuestra atención no se centrará por mucho tiempo en ello.

    Y ese es otro punto (fuerte) de la serie: nos invita a estar atentos a los detalles, a los diálogos de los personajes, a dudar un poco de la situación en la que estamos, porque nos lleva de tal forma que creemos que realmente todo puede ser relevante, todo merecerá recordarse en algún punto de la historia, o que hay algo oculto que no llegamos a captar de inmediato, aunque no siempre ocurra. Incluso en los momentos en los que la maquinaria parece desacelerar y tengamos espacio para la contemplación (como el apreciar una pintura grande). “Kurozuka” es exigente en muchos momentos y es honesto con eso desde los primeros episodios, pero uno puede estar seguro de que el esfuerzo puesto será recompensado.