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  • De Rusia con amor: Cuadros de una exposición, de Osamu Tezuka

    De Rusia con amor: Cuadros de una exposición, de Osamu Tezuka

    ¿Qué tienen en común Modest Músorgski, el notable músico ruso del siglo XIX que compuso la ópera Boris Godunov, y Ozamu Tezuka, el dios del manga que dio vida a Astroboy? Para el aficionado ocasional, nada. En cambio, un avispado entusiasta de la animación sabrá relacionar aquellos nombres con un experimento audiovisual que reunió lo mejor de ambos.

    Me refiero a Cuadros de una exposición, auténtica rara avis cinematográfica que integra la abultada filmografía del creador de La Princesa Caballero.

    Afiche japonés de Cuadros de una exposición (1966)

    Historia de un zar accidental

    Boris Godunov es el título de una ópera compuesta en San Petersburgo, entre los años 1868 y 1873. La pieza se basa en el drama teatral homónimo de Alexander Pushkin, publicado en el año 1831. Esta obra toma prestado un suceso histórico ocurrido en Rusia en el siglo XVI.

    En el año 1584, tras la muerte de Iván el Terrible, primer monarca en adoptar el título de zar, su hijo Teodoro estaba destinado a ser el sucesor. Sin embargo, la fragilidad mental de Teodoro le impidió afrontar el mandato, por lo que su cuñado Boris se convirtió en el soberano de facto.  

    Boris Godunov, el zar renuente

    La ópera, que cuenta con cuatro actos y dura más de tres horas, arranca con la coronación de Boris como emperador de Rusia. El relato narra la lucha de este zar fortuito por conservar el poder y su posterior hundimiento inducido por Dimitri I el Impostor. Al final, Boris Godunov caerá preso de una demencia avivada por sus propios delirios de persecución.  

    Modest Músorgski, genialidad fronteriza

    Esta obra maestra del canto lírico es considerada una de las composiciones más importantes del canon musical ruso, y quizá su ópera más representativa. Su autor, Modest Músorgski, nacido el 9 de marzo de 1839, fue un notable artista que destacó por su originalidad en la manipulación de la tonalidad y la armonía. Casi toda su producción estuvo inspirada en la identidad rusa -sus mitos, su folclor, su historia- del periodo Romántico.

    Retrato de Musórgski, por Iliá Repin

    Músorgski murió prematuramente a los 42 años, el 28 de marzo de 1881. Esta es la razón por la cual su obra es relativamente reducida. Añádase el detalle de su personalidad, la cual destacaba por ser excéntrica y voluble. Muchas de sus obras quedaron inconclusas, quizá debido a su propia inconstancia.

    Pero es esa misma naturaleza indómita la que le otorga carácter a su música. Aunque antaño se le haya considerado técnicamente deficiente, es a partir de aquellos vaivenes sonoros que sus composiciones imponen atmósferas y estados de la mente con nítida minuciosidad. Son particularidades que podemos encontrar en sus piezas más populares: Una noche en la Árida Montaña y Cuadros de una exposición.  

    Fantasía: Walt Disney, Mickey Mouse y romanticismo ruso

    Los cinéfilos sabrán identificar con facilidad los primeros acordes que abren Una noche en la Árida Montaña . Esto debido a que dicho paisaje sonoro acompañó una secuencia del célebre film musical producido por Walt Disney en el año 1940, Fantasía.

    Fantasía fue el tercer largometraje de la fábrica Disney. Consta de ocho segmentos animados, cada uno de ellos puestos a la orden de sendas piezas famosas de música clásica. Quizá su segmento más reconocible sea aquel donde Mickey Mouse sale ataviado con indumentaria de hechicero, fracasando en su intento de manipular los encantamientos que su maestro domina sin esfuerzo.

    Mickey Potter

    Chernabog, desde el inframundo a Disney+

    Una noche en la Árida Montaña es el episodio que emplea el poema sinfónico del mismo nombre de Músorgski. Las imágenes son delirantes y ponen en escena la Noche de San Juan Bautista en su acepción mística religiosa; es decir, como un aquelarre donde un demonio gigante invoca espectros y duendes para hacer de las suyas.

    El segmento es una formidable suma de cuadros siniestros y representa uno de los picos creativos del equipo de animación de Disney. El recurso de rotoscopia (técnica que consiste en la reproducción animada de un fotograma con elementos reales, por medio del calco) es utilizado para darle textura cromática y relieve plástico a Chernabog, un lúgubre diablo armado con dos alas de murciélago de gran envergadura.

    Nunca un evento tan pecaminoso como un aquelarre fue escenificado con tanta picardía y sentido lúdico como en esta cinta.

    Chernabog, listo para el aquelarre

    Pinturas en movimiento

    Cuadros de una exposición, por otra parte, no está tan difundida en el imaginario popular, pero se trata de la composición de Músorgski que se interpreta más frecuentemente.

    Esta suite está conformada por diez piezas breves y cinco intervalos. El objetivo del compositor ruso fue describir, mediante la variación de compases y ritmos de varios leitmotivs, el recorrido de una exposición pictórica. Los intervalos llevan el nombre de Promenade, y representan paseos interiores que sirven de reposo entre cada cuadro. La naturaleza de los cuadros es trazada por una melodía independiente. Músorgski manipuló el timbre, el tono y la atmósfera de cada una para dibujar las pinturas en la mente del oyente. El resultado es una experiencia muy semejante a la reproducción de una película por medio de su banda sonora.

    Y quizá haya sido este último atributo el que animó al padre del manga en persona, Osamu Tezuka, a realizar la adaptación animada en formato fílmico.

    Mushi Production, cuna de la animación

    Cuadros de una exposición es un cortometraje experimental de 30 minutos, producido por el estudio Mushi Production y lanzado en noviembre de 1966. Esta casa animadora fue fundada por Osamu Tezuka en 1961, como una forma de hacerle frente a su rival, Toei Animation. Mushi Production cuenta en su haber con la elaboración de muchos títulos imprescindibles del anime para TV, como Astroboy, Princesa Caballero y Kimba, el León Blanco.

    Además, también fue un estudio pionero en la realización de películas animadas concebidas para el público adulto. De este último grupo, destacan títulos de culto como Las mil y una noches (1969), Cleopatra (1970) y La tristeza de la Belladonna (1973).

    Para la adaptación de la obra de Músorgski, Tezuka sensei pidió a Isao Tomita que produjera un arreglo musical exclusivo para el cortometraje. Tomita, por supuesto, no era cualquier compositor. Se trataba nada menos que de uno de los primeros artistas que empleó la música electrónica como vehículo de experimentación pop.

    Isao Tomita, samurái eléctrico

    Es útil recordar que Isao Tomita, junto a otros talentos como Wendy Carlos, Klaus Schulze, Jean Michel Jarre, Vangelis o Brian Eno, fueron la primera camada de compositores que llevaron la música electrónica a los oídos de los melómanos de a pie. Ellos se encargaron de sustraer artefactos electro mecánicos de los círculos académicos -que ya habían adoptado la creación de música sintética, pero como intervenciones sonoras y experimentos musicales-, impregnándolos de sensibilidad pop para su consumo radial.

    La colaboración Tezuka-Tomita se dio de manera orgánica. Ambos ya habían trabajado juntos para la banda sonora de Kimba, el León Blanco. Sin embargo, el arreglo que elaborara Tomita para Cuadros de una exposición se produjo antes de que se introdujera de lleno en el universo de la música electrónica y espacial.

    Tomita alcanzaría fama y prestigio seis años después con la aparición de su primer disco, intitulado Switched on Rock (1972) y publicado con el seudónimo de Electric Samurai. Este trabajo tomó temas famosos del rock contemporáneo -principalmente de los Beatles y Simon & Garfunkel-, para transformarlos en pasajes de meditación robótica.

    De Rusia con amor y directo al país del Sol Naciente

    Su segunda producción, Snowflakes are Dancing (1974), sería incluso más exitosa. Esta consistió exclusivamente en el uso de piezas originales de Claude Debussy. Por supuesto, todas ellas se recrean electrónicamente.

    Tomita, samurái eléctrico

    El mismo tratamiento recibiría la obra de Músorgski en el año 1976. Para esta nueva versión de Cuadros de una exposición, Tomita se encargaría de incorporar sus instrumentos de cabecera (sintetizadores Moog, secuenciadores, e incluso el mellotron). El disco posee un aura más sintética e inquietante, como si el oyente estuviera acudiendo a una exposición astral de pinturas digitales.

    Así las cosas, parece azar de la providencia que espíritus tan singulares como el de Músorgski, Tomita y Tezuka confluyeran en un mismo proyecto. Y el producto no deja de ser igual de anómalo, pero no por eso menos extraordinario.

    Cuadros de una exposición del dios del manga

    Cuadros de una exposición de Tezuka adopta la misma estructura que la obra musical homónima y la lleva un nivel literal. El punto de vista del cortometraje es aquel que fantaseara Músorgski cuando concibió su obra en 1874. Se trata, entonces, de una trayectoria que empieza fuera de una galería pictórica y que se va desarrollando episódicamente, en diez segmentos distintos. Cada segmento corresponde a un cuadro y a una melodía específicas, todas inspiradas en pinturas de Viktor Hartmann.

    Los episodios sonoros llevan el mismo nombre que los cuadros de Hartmann: Gnomos, El viejo castillo, Tullerías, Ganado, Ballet de polluelos en sus cáscaras, Samuel Goldenberg y Schmuyle, El mercado de Limoges, Catacumbas, La cabaña sobre patas de gallina y La Gran Puerta de Kiev. En la versión de Tezuka, estos cuadros cambian sus títulos originales por otros alternativos para cada escena.

    Y no solo los títulos cambian. El estilo de animación difiere de episodio a episodio, y fluctúa de lo convencional a lo alegórico, atravesando estéticas impresionistas por un lado y retro futuristas por otro. Además, Tezuka aprovecha el formato antológico para insertar referencias cinéfilas por doquier. He ahí el guiño a Metropolis (1927) de Fritz Lang en el episodio Dueño de una Gran Fábrica; o aquel otro a West Side Story (1961) de Jerome Robbins y Robert Wise en Beatnik.

    Osamu Tezuka: cineasta tornasol

    Independientemente de las referencias, Cuadros de una exposición es un ejercicio notable de puesta en escena. Y más importante aún, nos revela a un realizador inquieto y curioso, dispuesto a valerse del formato para llevarlo al límite. Cada episodio descarta la decisión obvia de subordinar su narración a la personalidad de la música. Por el contrario, Tezuka se arriesga y apuesta por diez maneras únicas de representar atmósferas y estados de la consciencia.

    A pesar de ser un cortometraje y una obra menor dentro de su vasta producción, Cuadros de una exposición funciona como una suerte de vitrina poliédrica. Es un contenedor tornasolado que nos acerca a aquella laboriosa fábrica humana de ideas que era el cerebro de Osamu Tezuka.

  • Kimba, el león blanco: Tezuka del blanco y negro al color

    Kimba, el león blanco: Tezuka del blanco y negro al color

    Cuando se realiza investigación sobre anime y manga, es inevitable toparse con Tezuka Osamu y su sorprendente historia, pero tal vez el título que es reconocido casi como sinónimo de su trabajo es Tetsuwan Atom, también conocido como Astro Boy, por todo lo que significó para la industria del manganime. Sin embargo, obviamente no es el único hito que marcó el dios del manga, pues también produjo la primera serie anime a color para televisión: Jungle Taitei, (conocido en occidente como Kimba, el león blanco), cuyo interesante camino desde la imaginación de Tezuka-sensei hasta las pantallas de Japón y el resto del mundo trataremos de seguir en el presente artículo.      

    Fuente: Tezuka Productions

    Kimba, el león blanco, que se transmitió en señal abierta peruana, cuenta la historia de un pequeño león blanco llamado Kimba (Leo en la versión japonesa) cuyo padre, el “emperador de la selva” en África es asesinado por un cazador que también captura a su madre embarazada. No obstante, en medio del viaje en barco a un zoológico, nace Kimba y su madre lo ayuda a escapar no sin antes contarle de su padre y pedirle que regrese a África, pero—al huir—el cachorro de león termina en la Península Árabiga. Allí tiene contacto con humanos quienes lo crían y un año después lo llevan a la tierra de sus padres donde inicia su propio camino para volverse emperador.   

    Para los que vieron la serie y para los que revisan la trama, es claro que el conflicto entre los animales y la intervención humana en sus hábitats naturales es un tema central además de la misma dinámica de la selva, pero esto no sólo proviene del proceso creativo del dios del manga por idear una historia atractiva, sino que nace de los propios intereses que siempre tuvo Tezuka y que de forma curiosa también lo conectan desde el inicio con Disney, protagonista del gran debate Kimba/Rey León.

    El hombre y la naturaleza

    Desde una edad temprana, Tezuka fue un apasionado de la naturaleza y el mundo animal, los cuales observaba con maravilla y curiosidad. Según Tezuka Productions, a los 13 años, el dios del manga se avocó a coleccionar insectos y dibujar comics centrados en ellos y un año después, él y sus compañeros de escuela inauguraron un club de amantes de los animales. En el marco de este club, publica el boletín The World of Animals 1 que sería seguido por un par de números más y posteriormente lanzaría varias ediciones centradas en los insectos como The World of Insects que nació de la Sociedad de estudio de los Insectos Rikuryo que fundaría en 1943, a los 15 años.

    Osamu y Musashi es una animación que cuenta la historia de Tezuka en su infancia con el escarabajo Osamu. Fuente: Tezuka Productions.

    Este interés por la entomología fue un primer paso hacia Kimba, pero otro momento clave sería, de acuerdo con Natsu Onoda, el acercamiento que tendría Tezuka con Disney y que lo motivaría a tratar de dedicarse a la animación más allá de la ausencia en Japón de una industria como la actual y de las dificultades que el país pasaba en 1945 tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Onoda recoge una afirmación muy conocida del mangaka en la que aseguraba haber visto ese año cincuenta veces Blancanieves y los siete enanos y Bambi, más de ochenta veces en 1946 y más allá de lo real de dichas cifras, es un hecho que esta última cinta dejó una fuerte impresión en el dios del manga.

    Como señala Fred Patten, Tezuka declaró en una presentación en la Cartoon/Fantasy Organization en Los Angeles en 1978 que Jungle Taitei nació de un desacuerdo en la filosofía de la naturaleza y la inteligencia demostrada por los animales en la cinta de Disney. De acuerdo con el autor de Tetsuwan Atom, las criaturas del bosque de Bambi eran conscientes de sí mismos y seres sociales entre ellos a tal nivel que no le parecía lógico que se mantuviesen distanciados de los humanos o tan temerosos de ellos, sino que podrían haber tratado de comunicarse y reconocerlos como otra especie animal más. Este aspecto, precisamente, fue abordado en Jungle Taitei.

    Patten señala que para Tezuka la naturaleza y la civilización eran dos aspectos del mundo que convivían juntos y que ambos tenían tanto ventajas como desventajas que debían tomarse en cuenta y eso era notado por los animales del África en Jungle Taitei. Así, trataban de sacar ventajas de esa civilización que se les aproximaba al mismo tiempo que buscaban que el hombre los reconociese como su igual. Este balance se representa en la misma historia del protagonista, hijo del emperador de la selva y criado por humanos, que vuelve a su hábitat original regido por las leyes de la naturaleza (entre ellas, la cadena alimenticia) y está impregnada del legado de su familia.

    Como se puede notar, un adolescente Tezuka, que tiene su propio amor y experiencia directa con la naturaleza a la cual luego ve representada en el lenguaje animado, es el punto de partida para el nacimiento de una manera de entender la relación hombre naturaleza que es la base de la historia de Jungle Taitei. No obstante, esta historia no se quedó en la imaginación de ese adolescente, sino que encontró su lugar en las viñetas del manga.

    Jungle taitei: Mangaka contra viento y marea

    Era 1950 y Tezuka ya había publicado hacía tres años Shin Takarajima, La nueva isla del tesoro, una obra que había sido un boom en la industria del manga, pero, al mismo tiempo, el joven de 22 años, era un estudiante de la escuela de medicina de la Universidad de Osaka que aún se graduaría en 1951 para iniciar posteriormente su internado. Según Onoda, si bien el dios del manga ya tenía experiencia enfocándose en historias de un solo tomo, en abril de ese año empezaba su primera obra serial, Tiger hakase no chin ryokō (Dr. Tiger´s Strange Journey), en una revista y debía adaptarse a los nuevos requerimientos narrativos de las diez páginas mensuales que debía presentar para la publicación Manga to Yomimono.

    Para los que en algún momento hemos tocado fondo por las obligaciones pendientes, podemos entender las dificultades que tenía Tezuka, pero en medio de esta compleja agenda, le llegaría una buena oportunidad. Como señala Tezuka Productions, en primavera, mientras visitaba la editorial Gakudo Sha conoce a Katō Ken’ichi, quien lo reclutaría para que trabajase en la popular revista Manga Shōnen. En relación con ello, Ryan Holmberg señala que este sería un punto de inflexión para el creador de la Princesa Caballero, pues iniciaría su etapa en las revistas mensuales shōnen con base en Tokio con títulos como Tetsuwan Atom (1951-68) o The Adventure of Rock (1952-54).

    La historia que Tezuka empezaría a publicar en 1950 para Manga Shōnen sería precisamente Jungle Taitei y, como apunta Holmberg, alcanzaría tal importancia al demostrar que era posible para el manga emocionar y hacer reír a los niños al mismo tiempo que proponía un modelo de carácter moral. Unos párrafos arriba nos referíamos a la compleja relación entre el hombre, los animales y la naturaleza que proponía el dios del manga y no debe sorprender que sea un escenario muy fructífero para el desarrollo de los personajes. Onoda complementa lo señalado por Holmberg al apuntar que se combinaba la épica a veces con un crudo realismo.

    La autora precisa que Tezuka no temía mostrar la crueldad que envolvía a veces al mundo animal ni tampoco las relaciones de <<amistad, respeto, lealtad, celos, avaricia, honor y autosacrificio>> que involucraban a hombres y animales, los cuales a veces morían en el marco de ellas. Además, señala que si bien el estilo de narración era simple, Tezuka-sensei fue capaz de darse cuenta de que una parte importante de los lectores de Manga Shōnen (menores de 12 años) estaban preparados para una historia más profunda y tal vez hasta desafiante. No hay duda de que se trataba de una apuesta arriesgada, pero que convirtió a Kimba en un exitoso manga que se publicó hasta 1954.

    La fascinación de Tezuka por el mundo animal así como su amor por el dibujo y la animación lo llevaron a emprender un complejo camino en el que trataba de balancear su carrera profesional con un sueño que trataba de perseguir en medio de la incertidumbre que envolvía al trabajo como mangaka. Empero, más allá de la casualidad, fueron lo diferencial de su historia lo que labró el camino de popularidad de Jungle Taitei, quien al igual que su hermano Atom daría el siguiente paso al saltar a la televisión, pero esta vez a color.

    El león blanco a color

    Como les comentamos en un artículo previo sobre la Maldición Tezuka, el dios del manga consiguió sortear muchos obstáculos para realizar y estrenar el anime de Tetsuwan Atom, que resultó todo un éxito, pero en el otoño de 1963, Jonathan Clements apunta que empezaba a tener competencia con Tetsujin 28, Tobor the Eighth Man y Wolf Boy Ken. Al mismo tiempo, el autor afirma que los clientes americanos y japoneses de Mushi Productions, la productora de Tezuka, habían dejado claras sus intenciones de que ya no iban a requerir más series en blanco y negro, así que el ahora animador debía enfrentar un nuevo reto y no se le ocurrió mejor idea que experimentar.

    Clements revela que Tezuka les indicó a sus animadores que el episodio 56 de Tetsuwan Atom sería una especie de piloto hecho a color y este finalmente fue estrenado el 2 de enero de 1964 consiguiendo el más alto rating para Tetsuwan Atom hasta ese momento y reestableciendo la imagen del sensei como innovador en el mercado. En medio del éxito, Clements señala que el padre de Astro anunció a su staff que ya se había asegurado la inversión de NBC Enterprises para adaptar Jungle Taitei en una serie anime totalmente a color. Esta división de NBC es la misma que compró la licencia de Testuwan Atom y ante el éxito de este último en Estados Unidos, querían más.

    El interés era tal que Seiko Yasumoto afirma que NBC organizó una reunión para cuatro animadores de Mushi Productions con el reconocido animador Preston Blair que había participado en cintas de Disney como Fantasía y Pinocchio, incluso Bambi y los Picapiedra. El propósito era que aprendiesen a producir animación a color en el marco de una práctica gama de colores y enfatizando en estilizar y simplificar, que era el estilo de Blair. Ante esta oportunidad, Clemments destaca que Mushi Productions le dio total prioridad a la realización a Jungle Taitei que, de acuerdo con Onoda, se estableció en un presupuesto por episodio diez veces superior al inicial en el caso de Atom.

    El episodio piloto resultante se transmitió en octubre de 1965 en medio de la recuperación económica de Japón después de la Segunda Guerra Mundial que, según Mary Hammond Bernson, marcó la llegada de la televisión a los hogares de los japoneses. A pesar de que Natsu Onoda señala que la mayoría tenía televisores con imagen en blanco y negro, Hammond destaca que los japoneses todavía recuerdan el poderoso impacto que tuvieron tanto Tetsuwan Atom como Jungle Taitei que se transmitió hasta setiembre de 1966. Sin embargo, en medio del meteórico ascenso del león blanco, que se volvió un clásico del anime, su creador experimentaba una serie de problemas tras las puertas de Mushi Productions.

    De acuerdo con Onoda, a mediados de 1960, Tezuka-sensei estaba bastante frustrado por el rumbo que estaba tomando la historia de Atom y Mushi Productions cuando el staff crecía y se perdía el norte de la importancia de la calidad ante los ingresos económicos. El también animador lo explicó en su autobiografía, Boku wa manga ka (1969) y Oonoda lo recoge en la siguiente cita:

    Estaba fuera de mi control. Mushi Productions había crecido muy grande para que yo la manejara. Yo lanzaba una idea para un episodio y el staff la ignoraba en favor de otra idea más rápida y fácil de ejecutar. Todo era acerca de los ingresos, no de la calidad. Los críticos empezaron a llamar a Astro Boy una potboiler [obra hecha para ganar dinero]. Algunos decían que no podían soportar verlo. Uno escribió: ‘Tezuka se ha quedado sin sus ideas geniales, ya no queda nada en él’. Me sentí destruido. El niño robot en la pantalla de la TV aún se veía como Atom, pero yo sabía que él ya no era el mismo Atom que era mi querido hijo.

    Tezuka Osamu
    Fuente: Tezuka Productions

    El debate acerca de si el arte o la calidad deben sacrificarse por un producto rentable o que guste a la mayoría sin proponerles un reto o algo diferente a los espectadores siempre ha estado presente y seguirá existiendo, pero para un autor siempre será complejo cuando se priorice lo económico por lo que significa para la forma final del “hijo” que uno trae al mundo: la historia o el protagonista. No obstante, más allá de ello y del final que tuvo Mushi Productions, el dios del manga dejó un nuevo precedente con Jungle Taitei, la primera serie anime a color, y también sería internacional, pero tendría que pasar por una transformación.

    De Jungle Taitei a Kimba, the white lion

    Si bien en occidente usamos de manera intercambiable Tetsuwan Atom y Astro Boy, en realidad, Seiko Yasumoto cita la biografía de Fred Ladd, productor clave en la llegada del anime a Estados Unidos, para especificar que el segundo es el título que se le dio al remake para el público norteamericano de la serie original de Tezuka. Es decir, se incorporaron ciertos cambios al original teniendo en cuenta el nuevo público de Atom y al respecto, Clements cita a Yamamoto para señalar que cuando no se habían establecido lineamientos iniciales, Mushi Productions ya había enviado 12 episodios a NBC, pero la mitad fueron rechazados, tres fueron editados y tres no fueron transmitidos.

    Encontrado en Amazon.co.uk / Créditos: Tezuka Productions

    Algo muy similar ocurrió con Jungle Taitei, según Yasumoto, aunque desde una etapa más temprana en la que NBC Enterprises a través de Ladd y su equipo, quienes si bien consideraban que la idea base era adecuada para niños, realizaron cambios que se tradujeron en Kimba, the White lion. Un ejemplo es que Leo, ahora Kimba, se mantuvo siempre cachorro, ya que sostenían que si crecía (lo que ocurre en la serie original), la diferencia de edades con la audiencia podía alejarlos del protagonista. De la misma manera, Yasumoto recoge que Ladd remarcó la importancia de que se siguiesen los lineamientos de la US Federal Communications Commision y se debían remover muertes y violencia a menos que lo demandara la trama en cuyo caso se trataría de ocultar.

    En esa misma línea, Yasumoto hace una comparación entre ambas e identifica que la original se centraba en la lucha de Leo para establecer su civilización animal a través de un estilo narrativo evocativo a nivel emocional cuyos episodios se construían con miras a un clímax de la serie en su conjunto que apostaba por el pensamiento moral confuciano. En ese sentido, era popular entre niños y adultos.

    Encontrado en Amazon.com / Créditos: Tezuka Productions

    En el caso de Kimba, the White lion Yasumoto señala que se centraba básicamente en las aventuras de la infancia de Kimba a quien se construía como un superhéroe cuya historia tenía un estilo narrativo directo con mucho más humor que se evidenciaba en los capítulos que eran narraciones independientes cuyo tema común era la felicidad desde la perspectiva de la niñez, el principal público seguidor de la serie. A pesar de estas diferencias, Yasumoto señala que no son series totalmente diferentes, sino que hay similitudes como la distintiva música de Tomita Isao, pero que en cuanto entraba en conflicto con el prospecto de serie infantil, allí se proponían las modificaciones.

    Es innegable que fue Kimba, the White lion dejó su impronta en occidente debido a su éxito y quizás aquí cabe mencionar que, por esa razón, es bastante discutible que cierto estudio dijese que nadie de la producción conocía quién era Kimba cuando hicieron su propia cinta protagonizada por un león llamado Simba. Hablar de la controversia con Disney daría para todo un artículo, pero vale la pena decir que hay diferencias en las historias, pero un reconocimiento a Kimba como una referencia para las similitudes, hubiese sido el mejor camino (y el correcto).

    Después del éxito internacional, Tezuka se animó a hacer una película de Jungle Taitei en 1966 que a excepción de un par de minutos, es una versión totalmente original que, según Anime News Network, transmite más adecuadamente la historia de acuerdo con el dios del manga. Esta fue seguida por una secuela de la serie de televisión titulada Jungle taitei: susume Leo! así como por otras producciones cinematográficas que se estrenaron incluso después del fallecimiento de Tezuka en 1989.

    Parece increíble como una afición infantil y un sueño de adolescente, se puede complejizar con una mirada adulta del mundo y por azares del destino sumada a una visión del camino por recorrer y una determinación para llevarla a cabo (sí, esto ya se está poniendo en modo shōnen) pudieron concretarse en Jungle Taitei y Kimba, the White lion que no sólo representan el paso de Tezuka del blanco y negro al color, sino que marcaron la historia del manganime y apuntalaron aún más la omnipresencia del dios del maga en la misma.   

    Aquí les dejamos algunos artículos y libros para profundizar en la historia y carrera de Tezuka-sensei así como en Jungle Taitei (también hay más información sobre el debate Kimba/Rey León).

  • ¿Qué es la maldición Tezuka?

    ¿Qué es la maldición Tezuka?

    El icónico manga Tetsuwan Atom, más conocido como Astroboy, empezó a publicarse en 1952 y el siguiente paso en el plan de su autor, Tezuka Osamu era dar el salto a la televisión, lo que se concretó el 1 de enero de 1963. Para lograr este objetivo, el dios del manga tomó una serie de decisiones que no solamente cimentaron el camino del éxito sin precedentes de su historia así como del llamado media-mix, sino que cambiaron para siempre a la industria del anime en Japón, que hasta la fecha muestra los rasgos de la—denominada por algunos autores—“maldición Tezuka”.

    Fuente: Tezuka Productions

    Era 1962. El anime y su industria—como los conocemos ahora—aún no habían nacido, así que era complicado encontrar inversionistas. Según Jonathan Clemments, con mucha dificultad, Tezuka-sensei consiguió el apoyo de la compañía de publicidad Mannen-sha, la empresa de confitería Meiji Seika, Fuji TV y NBC Enterpraises, que se suman, según Antonio Loriguillo a las jugueteras que compraron la licencia de la imagen de Atom. No obstante, Clemments revela que el capital de producción era insuficiente, pues, por ejemplo, Mannen-sha asumía que una serie anime debía costar la mitad de una serie live-action, así que sólo estaban dispuestos a aportar 300 000 yenes por episodio, lo que desanimó a Tezuka.

    Loriguillo afirma que cada capítulo terminó costando 550 000 yenes que Tezuka manejó reduciendo los costos en varios sectores generando un escenario con el que ya estamos familiarizados. En primer lugar, apostó por la animación limitada para usar menos celuloide y para acelerar el proceso de producción con el objetivo de transmitir un capítulo semanal. En segundo lugar, Clemments señala que Tezuka optó por tercerizar el trabajo de animación con intensas sesiones para los animadores. Loriguillo precisa que a pesar de estos puntos, los episodios se vendían por menos de lo que costaban, así que la ganancias en realidad provenían del media-mix, es decir de la estrategia de explotación de la franquicia en distintos medios como merchandising.

    Fuente: Tezuka Productions

    El esquema de producción y negocio del dios del manga presionó a la competencia a seguir el mismo camino y esto configuró lo que Roland Kelts llamó la maldición Tezuka o la maldición Osamu. Para Loriguillo, «la limitación presupuestaria deficitaria inherente a la producción del anime» aún tiene un impacto actual y se refleja, según Mōri, en la gran diferencia de costos de realización del anime en comparación con series norteamericanas, así como en las ya mencionadas precarias condiciones de trabajo de los animadores. El autor explica una situación que no es ajena: los puestos de trabajo fijos son reemplazados por freelance o subcontratación a estudios de animación del sudeste asiático como Corea del Sur. Asimismo, los apretados deadlines afectan tanto la vida de los animadores (algunos renuncian también) como la calidad del producto final.

    Otro punto importante que destaca el autor es la tendencia a la uniformización de las producciones debido a la intervención de las varias empresas que comparten los costos y conforman los comités de producción, que pugnan por un producto con el menor riesgo, lo que lleva—en muchos casos—a que se siga la fórmula que ha demostrado funcionar y que es la razón también detrás del kūru o temporadas de 12 o 13 episodios que son la tendencia en la actualidad. Además de estas circunstancias y la dependencia del media-mix, la maldición Tezuka también ha polarizado a muchos sobre los motivos del dios del manga detrás de su modelo y ha llevado a un intenso debate al respecto.

    Fuente: tezukaosamu.net

    De acuerdo con Roland Kelts, algunos señalan que Tezuka provenía de un sector privilegiado y una vez que se estableció como artista líder de la industria del manga y el anime no cambió su modelo en producciones posteriores, lo que presionó a la competencia a seguirlo. Según, Michael Rose, otros señalan que el ímpetu de Tezuka por aprovechar el momentum y difundir su trabajo por todo Japón y el resto del mundo lo llevó a seguir este modelo y que a través del mismo solidificó la posición del anime y abrió las puertas a jóvenes artistas a quienes introdujo además a publicistas y editores para que se labraran sus propias carreras.

    Es discutible cargar la responsabilidad del mantenimiento de un modelo de industria a una sola persona sin considerar el resto de productoras que lo aplican, pero el dios del manga marcó un hito al respecto que es difícil ignorar. Sin duda, el debate sobre la maldición Tezuka continuará y quizás se transforme al mismo ritmo que lo haga la industria del anime y el manga que cambió para siempre con Tetsuwan Atom.

    Fuentes

    Les dejamos una lista de material que pueden revisar sobre la maldición Tezuka y la historia del anime.

  • El hombre deshumanizado según Tezuka: Reseña de Oda a Kirihito

    El hombre deshumanizado según Tezuka: Reseña de Oda a Kirihito

    Hablar de Tezuka Osamu es referirse a una larga lista de títulos que han marcado la historia del manga y han influido a muchísimas historias posteriores. Como artista, la imprescindible obra de Tezuka evolucionó y se transformó a lo largo de los años y es particularmente interesante revisar sus trabajos correspondientes al periodo entre finales de los años 60 e inicios de los 70. Conocidos como los años oscuros del dios del manga, fue una época donde se publicaron varios de sus relatos más maduros e interesantes en los cuales el mangaka reflexiona sobre la naturaleza humana desde una perspectiva más adulta. Aquí se inserta Oda a Kirihito (1970), protagonista de esta reseña.

    El viaje de Kirihito

    Osanai Kirihito es un doctor con un promisorio futuro que trabaja en el Departamento de Medicina Interna del Hospital Universitario M de Tokio, donde un paciente ha sido aislado en la habitación 66. La razón es que este último sufre de un extraño mal conocido como “la enfermedad de Monmo” que provoca que la persona adquiera una apariencia semejante a un perro o a un tanuki (mapache japonés) y sienta una gran necesidad de consumir carne cruda. Tras un tiempo y ante la ausencia de cura, el paciente fallece irremediablemente.

    En medio de la investigación sobre las causas y el debate médico sobre si se trata de un virus o un mal endémico, Kirihito es enviado por su superior, el doctor Tatsugaura, a investigar esta enfermedad en el pueblo de Inugamisawa, donde se pueden hallar otros casos y se espera encontrar la respuesta al enigma. No obstante, el Dr. Osanai ignora que al tratar de descubrir el misterio y viajar a distintos lugares de Asia, su vida cambiará para siempre. Este es el primer acto de un drama médico con un muy buen ritmo narrativo en el que Tezuka-sensei lleva al lector hacia un mundo que conoce bien.

    Dr. Tezuka

    A pesar de que nunca ejerció, el dios del manga estudió medicina y obtuvo su licencia como doctor. De este modo, la obra expone los conocimientos de Tezuka quien construye la enfermedad de Monmo como si se tratase de un mal real con síntomas bien explicados y similitudes con otras afecciones. Si algunos temen que eso podría hacer que el manga sea difícil de disfrutar, encontrará todas las respuestas a sus preguntas en la misma historia que brinda los detalles necesarios para aquellos no tan familiarizados con la medicina y deja la puerta abierta para aquellos que gustan investigar sobre las referencias reales que encuentran en los títulos que leen.

    Asimismo, el autor presenta la complejidad de la labor médica en la que se interceptan el deseo por ayudar a los pacientes con la ambición personal por alcanzar renombre en medio de un Japón en el que las jerarquías de poder pueden beneficiar a la injusticia y perjudicar a la integridad. Se percibe un antagonismo entre los doctores de mayor trayectoria y los jóvenes que pareciese un eco de las protestas de los estudiantes de medicina de la Universidad de Tokio contra el sistema de practicantes en 1968-1969 e, incluso se hace referencia a dichas protestas a través del pasado de Kirihito. En este contexto, Tezuka reflexiona sobre el ser humano.

    “No soy un perro, soy un ser humano”

    Uno de los aspectos más destacables de Oda a Kirihito es la manera como la afección de Monmo sirve a Tezuka-sensei para comentar sobre el prejuicio de las enfermedades como motivo de vergüenza y deshumanización, de ahí la razón de que este mal se manifieste en la apariencia física, así el paciente ya no se ve como un ser humano y se convierte en un animal. El enfermo sufre el dolor propio de su dolencia, pero también la humillación y ostracismo social así como la desatención de sus derechos humanos por parte de algunos doctores.

    En ese sentido, el autor incluso se vale de interesantes referencias católicas para hacer una analogía entre el via crucis de Cristo y la prueba que debe enfrentar el enfermo en el particular contexto japonés que se retrata. Junto a la afección misma, el dios del manga explora otras formas de deshumanización como el racismo, el clasismo o la violencia de género que cuestionan la supuesta creencia del hombre como ser civilizado y racional superior a los animales cuando mantiene prejuicios absurdos y comete actos abominables. Estas reflexiones van acompañadas de una atractiva propuesta desde la narrativa y el código visual del manga.

    El dios del manga experimentando

    El estilo de dibujo característico del icónico mangaka también se puede encontrar en esta obra así como la influencia del lenguaje y edición cinematográficos que el autor convirtió en una constante del cómic japonés. Sin embargo, además de ello, Tezuka-sensei decide experimentar en Oda a Kirihito con el simbolismo y el surrealismo que se puede reconocer en momentos clave en los que opta por sugerir y transmitir a la audiencia tanto las emociones como los estados mentales de sus personajes antes que exponer de manera explícita sus acciones. El resultado es una narrativa audaz que impacta al lector sin alejarlo de la historia.

    Acorde con el tono, Tezuka-sensei apuesta por una iluminación dramática con gran cantidad de sombras al igual que la construcción de secuencias en las que no abusa del diálogo, sino que deja que las viñetas hablen por sí mismas aportando al desarrollo de sus personajes y al ritmo de la acción. Cabe destacar la calidad que consigue al retratar la arquitectura y paisajes de los lugares que recorren Kirihito y su compañero Urabe mientras tratan de responder a la interrogante sobre la enfermedad de Monmo.

    Veredicto final

    Recomendado para los seguidores del dios del manga y aquellos interesados en pasar una tarde reflexionando sobre la condición humana o disfrutando un buen drama en el que el protagonista enfrenta una prueba tras otra. En el primer volumen de Oda a Kirihito, Tezuka-sensei consigue con éxito interpelar al lector con un relato atractivo y complejo mientras experimenta con nuevas formas de expresión. Además, siembra la intriga que hace inevitable codiciar el volumen 2 de la obra.

    Puedes encontrar Oda a Kirihito de Tezuka Osamu en Ibero Librerías, donde si eres seguidor de Proyecto Sugoi puedes adquirir tus mangas con descuento.

    Ficha Técnica

    Editorial: ECC COMICS

    Año de edición: 2016

    Páginas: 392

    Presentación: Tapa Blanda

    Peso: 0.48kg

    Ancho: 18cm

    Alto: 13cm

  • Tokiwa-so: el mítico edificio del manga

    Tokiwa-so: el mítico edificio del manga

    Cada uno de nosotros tiene un manga o un anime, que le hizo pensar—aunque sea por un segundo—en convertirse en mangaka o animador ¿Se imaginan lo que fue para miles de niños y jóvenes en 1947, la primera vez que leyeron La nueva isla del tesoro (Shin Takarajima) de Tezuka Osamu, obra clave para el manga moderno? Oriol Estrada señala que, a mediados de los 50, no habían muchas publicaciones y si bien algunos maestros como Tezuka tenían una fama ganada, los mangakas principiantes tenían que pasar muchas penurias. A pesar de ello, muchos sintieron el llamado de la obra de Tezuka-sensei y se arriesgaron a mudarse—casi sin dinero—a Tokio, donde se encuentran las editoriales, para probar suerte y seguir al dios del manga que se albergó en esa ciudad en 1953, específicamente en un edificio de departamentos, Tokiwa-so, que se volvería leyenda por sus ilustres inquilinos.

    Tezuka estuvo poco tiempo, pero antes de mudarse cedió su mítica habitación 14 para Fujiko Fujio (A), uno de los dos creadores de Doraemon e, incluso, como cuenta Fujio (A) apoyó a este y a su compañero creativo, Fujiko F. Fujio, a pagar la renta cediendo su depósito de un año, ya que los aún novatos no podían costearse ese dinero. Entre 1953 y 1961, se alojarían figuras como Ishinomori Shotaro (llamado el rey del manga y autor de Cyborg 009, Kamen Rider y Super Sentai Series), Suzuki Shinichi (que tiene créditos en animes como Akira, Naruto, Astro Boy, One Piece o Lupin III) o Akatsuka Fujio (creador de Osomatsu-kun y Tensai bakabon), los cuales formaron una estrecha comunidad de soñadores que trataban de ganarse la vida mientras buscaban alcanzar el éxito.

    Fujiko Fujio (A) relata en una entrevista cómo a veces se levantaba en la madrugada y caminaba por el pasillo, entonces, veía las luces encendidas de las habitaciones de sus colegas, quienes habían conseguido empleo en alguna revista y seguían trabajando, lo que le producía envidia, pero a la vez gusto y ganas de seguir esforzándose como mangaka. Muchos de ellos se asociaron para presentar trabajos conjuntos, se hacían préstamos para subsistir (Terada Hiroo era llamado Tera-Bank) o se apoyaban como asistentes (Fujiko Fujio (A) fue asistente de Tezuka).

    En ello radica la importancia de este grupo de mangakas y su historia, en ese ímpetu y perseverancia que sirvió de inspiración para que todos ellos pudieran conseguir y completar un trabajo más que los acercó en algunos casos al ansiado éxito o a apoyar a otros en el mismo. De acuerdo con Nanbara Jun, el edificio fue demolido en 1982 y el teléfono desde el cual Ishinomori y otros más llamaban a sus editores fue removido en el 2015, pero aún se mantiene el restaurante de ramen donde se reunían a comer estos precursores del manga después de sus deadlines y que le mandaba delivery personalizado a Tezuka-sensei. Además, se colocó un pequeño monumento conmemorativo y este mes se ha abierto las puertas del museo Tokiwa-so que recrea el edificio y los antiguos espacios de trabajo de sus habitantes de antaño.

    La historia del Tokiwa-so es contada en distintas obras como la película Tokiwa-so no seishun (The manga apartments) de 1996, el especial animado para televisión Bokura Manga-ka Tokiwa-so Monogatari (We are Manga-ka: The Tokiwa-so Story) de 1981 o en el manga Manga Michi de Fujiko Fujio (A) que tiene una secuela.

    Les dejamos los links a los artículos citados y a otros que pueden ser de interés:

  • Kami no Toride: Tezuka Osamu en la Segunda Guerra Mundial

    Kami no Toride: Tezuka Osamu en la Segunda Guerra Mundial

    Tezuka Osamu es alguien que no necesita presentación, pero ¿habías escuchado hablar de su obra Kami no Toride o de sus experiencias durante la Segunda Guerra Mundial, las cuales moldearon en gran medida sus historias?

    Fuente: Tezuka Productions

    Tanaka Yuki señala que era finales de 1944, la Segunda Guerra Mundial aún no llegaba a su fin y las fuerzas norteamericanas empezaron una serie de intensos bombardeos contra las ciudades más grandes de Japón como Osaka, donde se llegaron a contar cerca de 10 000 civiles muertos. Tezuka tenía 16 años y si bien había nacido allí, llevaba viviendo en Takarazuka desde que tenía 5, pero después de que las clases escolares se habían cancelado a causa del conflicto armado, él junto a sus compañeros fueron movilizados a Osaka para trabajar en un arsenal del ejército japonés.

    En esos años, el dios del manga era constantemente reprendido por sus superiores, pues se la pasaba dibujando cómics en lugar de hacer su trabajo y un día su castigo consistió en subir a la torre de vigilancia para avisar si veía a los bombarderos B-29 de los Estados Unidos. No obstante, cuando empezó la alarma del ataque aéreo, no tuvo tiempo de bajar quedando expuesto en una de las edificaciones más altas de la fábrica. Entonces, una bomba cayó en el techo a dos metros de él y Tezuka cayó gritando de lo alto de la torre, pero milagrosamente logró sobrevivir. El futuro mangaka describe que el suelo y las casas de los alrededores estaban en llamas y del cielo caía una lluvia de hollín. En medio del caos, el chico decidió subir a la ribera del río Yodogawa y pudo apreciar los enormes cráteres donde habían caído las bombas y los cuerpos calcinados que se podían distinguir unos encima de los otros.

    Esta terrible experiencia junto con otras más son recogidas en la obra autobiográfica de Tezuka Osamu, Kami no Toride (Paper Fortess), publicada entre 1970 y 1977, una década clave para el discurso crítico a la guerra en el manga. Por esos años, según Jean Marie Bouissou, muchos autores de la generación del también animador japonés, crearon obras en las que mostraban su decepción ante los adultos qué habían decidido llevar a su país a un estado bélico y albergaban esperanzas en la juventud que podía cambiar el futuro. Tetsuwan Atomu del mismo Tezuka es un ejemplo de esta corriente y de la profunda importancia para el mangaka de los temas de la defensa de la paz y la condena a la guerra.

    Si te interesa saber más sobre la obra de Tezuka y su vinculación con los conflictos armados, puedes revisar los siguientes artículos:
    – “War and Peace in the Art of Tezuka Osamu: The humanism of his epic manga” de Yuki Tanaka https://apjjf.org/-Yuki-Tanaka/3412/article.html

    – “Manga: A historical overview” de Jean Marie Bouissou en Manga. En An anthology of global and cultural perspectives de Toni Johnson-Woods (Ed.)

  • Pluto, del manga al anime

    Pluto, del manga al anime

    La noticia llego desde el Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy, en el que se ha desvelado que el manga Pluto de Naoki Urasawa, basado en el clásico Astro Boy de Osamu Tezuka, pronto recibirá una adaptación animada. En el stand de la compañía japonesa Genco se ha mostrado un cartel que anuncia oficialmente el proyecto.


    Pluto es un spin-off de Astroboy, obra de Osamu Tezuka, en la que seguimos al detective Gesicht mientras intenta descubrir una trama de asesinatos de humanos y robots. Todo se complica cuando las pruebas indican que estos crímenes son obra de otro robot, algo que no ha pasado durante ocho años.